viernes, 17 de noviembre de 2017

1000 contactos... ¿y los amigos?

Nuestros cientos o miles de contactos nos hacen descuidar a amigos y parientes: 5 formas de evitarlo. "Secuestrados por contactos inútiles, por personas que no nos interesan, por constantes wasaps, e-mails y mensajes de todo tipo y estilo, estamos descuidando nuestras verdaderas relaciones". Así empieza el libro "Más amistades y menos likes" de Ferran Ramon-Cortés (Conecta), colaborador académico en ESADE y director del Institut 5 Fars (www.5fars.com) sobre habilidades relacionales y comunicativas. Igual que se extiende la conciencia en Occidente de que hay que tener menos cosas en casa, y menos ocupaciones, y tender a más simplicidad, lo mismo empieza a pasar con las relaciones. 

¿Qué da la felicidad? Las relaciones de buena calidad 
Ramon-Cortés recuerda que el factor más importante a la hora de explicar por qué unas personas son más felices que otras (según "el mayor estudio sobre felicidad realizado en el mundo por la Universidad de Harvard") es uno: la calidad de sus relaciones.

Siempre se ha alabado tanto la amistad profunda como el mantener muchas relaciones cordiales y contactos con mucha gente. El Libro de Proverbios, en la Biblia, recoge muchos sobre el valor de los amigos. Pero nuestra época con iPhone y redes sociales es distinta: "Nunca hasta ahora nos habíamos relacionado con tanta gente. Nunca habíamos tenido los medios para mantener el contacto con tantas personas, estén donde estén. Nunca alguien nos podía encontrar –y contactar- con tanta facilidad. Y esto hace que en muchos momentos estemos dedicando nuestro tiempo y energía a las personas equivocadas". 

Los meros contactos nos distraen de las verdaderas amistades
Perdemos tiempo acudiendo a cenas, reuniones o asociaciones... que en realidad no nos nutren ni ayudan ni hacen felices, simplemente porque les resultó fácil contactar con nosotros. Y perdemos horas en las redes sin tener relaciones significativas de verdad. "Cancelamos encuentros, o bien ni los organizamos, por puro cansancio". Las relaciones poco significativas, incluso molestas, nos dificultan atender a las relaciones valiosas, la que nos harían crecer y mejorar.
 
"Es el momento de tomar el control sobre nuestras relaciones. De ordenarlas. De decidir cuáles queremos y de cuáles nos deshacemos, y de pensar qué hacemos para cuidar y reforzar las que realmente queremos", explica el autor.

Ramón-Cortés insiste en diferenciar entre lo que son solo "contactos" (aunque sean corteses, agradables...) y lo que son "relaciones", es decir, personas relevantes e importantes en nuestra vida. "Los contactos van y vienen, mientras que las relaciones tienen que construirse: y o las cuidas o mueren. Cuando dedicamos demasiado tiempo a los contactos y demasiado poco a las relaciones, comenzamos a tener un problema", advierte. El caso es que siempre tendemos a cancelar los encuentros con amigos, parientes, hijos y cónyuge (que son verdaderas relaciones) para atender las "reuniones urgentes" o "por sorpresa" de contactos laborales, que en realidad no son tan importantes. Los que invitas: a tu cocina, a tu comedor, a un restaurante. Ramón-Cortés establece una regla "no científica pero que funciona": aquellas personas que invitamos a nuestra cocina, a charlar, pierden su nivel de relación si no lo hacemos cada dos semanas. A los que invitamos a cenar en casa, cada dos meses. A los que quedamos en un restaurante, cada 2 años. Al menos, hay que dar señales de vida en este tiempo. Y planificar encuentros: las relaciones requieren una atención consciente, y eso implica dedicarles tiempo. 

El libro da varias ideas para lograr fortalecer relaciones y optimizar el tiempo. Finaliza con 5 reglas básicas:

1- Agradecer

Nos es más fácil criticar que dar gracias y alabar las cosas buenas de los demás. Sin caer en la adulación, es bueno, al quedar con nuestras relaciones, alabar y agradecer sus dones y las cosas que hacen bien y que nos gustan. Pide "un agradecimiento auténtico, que le llegue", más allá de la palmadita en la espalda. Además, el agradecimiento sincero y frecuente en las cosas buenas hará que seamos creíbles cuando, en un caso serio, expresemos una crítica razonada.


2- Adelantarse

"Si me importas, pienso en ti. Y si pienso en ti, se me ocurren cosas que pueden ayudarte. Antes de que me las pidas". Adelantarse es proponer hacer algo juntos, llamar antes que el otro, interesarse por el problema del otro antes de que me lo cuente, presentarse en su casa si intuyo desánimo..." Muchas veces se nos ocurren cosas para hacer, adelantándonos, pero por pereza o falta de disciplina, las dejamos sin hacer. Hay que organizarse y actuar.


3- Abordar los cafés pendientes

"Un café pendiente es una conversación que no hemos tenido pero que está ahí, muy presente. Por algo que ha ocurrido que nos ha sentado mal, o por algo positivo que no hemos agradecido aún". Cada vez que vemos o recordamos a esa persona, pensamos: "Deberíamos quedar, tenemos ese café pendiente..." No se esfuma de la cabeza, aunque pasen años y años. Y requiere café porque "ha de ser una conversación sosegada, tranquila, en la que podamos compartir los sentimientos. Expresando lo que he sentido, en primera persona, sin acusaciones". Pero el café pendiente es sólo con las personas que realmente me importan, relaciones valiosas. "No vale la pena matarse a cafeína con personas que ni nos comprenderán ni con las que no hay nada que podamos regenerar, porque la relación no se aguanta por ningún lado".


4- Estar presentes en la adversidad

El libro de Proverbios ya lo dice en la Biblia: "En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de adversidad". En los momentos duros reconforta realmente verse acompañado de personas, y más de amigos. En nuestra época, ante los momentos de adversidad de los amigos, "nos invade la pereza de estar, porque no sabemos cómo estar". En realidad, lo importante es estar allí, no hablar ni comparar entre adversidades.


5- Las 3 frases mágicas: hay que decirlas mucho

Ramón-Cortés, igual que el Papa Francisco, insiste en que hay que repetir una y otra vez estas palabras que refuerzan las relaciones: "Gracias", "Lo siento" y "No pasa nada". 


(Francisco habla de "gracias", "perdón" y "¿me permites?" o "por favor"). En nuestra época nos cuesta llamar por teléfono o quedar con alguien para dar las gracias, lo aplazamos y se convierte en "café pendiente". También nos cuesta pedir perdón sin acompañarlo de un "pero es que..." Y el "no pasa nada" es importante para superar el rencor. No hace falta siempre decírsela al otro: a menudo basta con que nos la digamos a nosotros mismos. En realidad, es un perdonar. "Podemos, y tenemos, que utilizarlas a diario", insiste el autor. Más amistades y menos likes (Conecta), de Ferran Ramon-Cortes vale 16,9 euros, es un libro de lectura utilísima que puede ayudar a muchos a organizar mejor sus relaciones interpersonales.




Por: Redacción | Fuente: Religión en Libertad 



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