jueves, 22 de febrero de 2018

Marca personal, una oportunidad para hacer el bien


Hablar de uno mismo puede ser positivo y no solo “autobombo” Jordi Collell tiene una profesión que hace años no existía: es un personal brander o gestor de la marca personal. Ayuda a personas e instituciones a ser lo que son, a ser conocidas, reconocidas y valoradas. Hablar demasiado de uno mismo tiene sus riesgos. De hecho, el “autobombo” puede ser tachado de orgullo, pero según los “personal branders” o promotores de la marca personal, no es así. Callar lo que uno es es un acto egoísta, porque “callar es negarse a compartir lo bueno que tienes”, advierte Collell, que es profesor de la Facultad de Comunicación y Relaciones Institucionales Blanquerna, de la Universidad Ramon Llull. “Yo soy mi marca”, dice usted. ¿Soy algo más, ¿no?
Una marca es un símbolo, un signo, una promesa de valor. Mi marca, la suya la de todos es la huella que deja en el corazón de los demás. ¿Le parece poco? No, dicho así me parece mucho.                                                                                                
Si dejo huella, si soy marca es porque los demás existen, sin ellos no tendría sentido lo que le estoy contando por lo tanto soy un ser social.
También soy una persona que está en el mundo y que está persuadida de que puede cambiarlo a mejor y que, como ser social que es, no puede hacerlo solo y necesita comprometerse con los demás para hacer que las cosas cambien. Soy una huella en el mundo.
Busco la felicidad, la plenitud, el sentido de mi vida. Siempre lo he hecho y creo que mi huella no se acaba con mi vida, ni la mía ni la de los demás, claro. Creo que la plenitud se trabaja en diversos planos y solo uno de ellos se ubica en el momento en que vivimos, pero hay más y la búsqueda de la plenitud continuará después de mi vida. Soy una huella trascendente.
¿Somos huellas trascendentes?
Usted, yo y todos somos así, complejos, transversales y trascendentes. Y, por cierto, todo esto forma parte de su marca.
El Evangelio pide proclamar el mensaje, pero no hacerse autobombo. ¿Como lo conjuga, en su vida profesional?
Todos dejamos huella desde que nacemos, aunque no nos demos cuenta. Los demás los que nos rodean nos leen y nos interpretan como buenamente pueden y al final su lectura puede acabar muy sesgada.
Yo tengo una máxima: “Si no te explicas te inventan” y explicarse no va de autobombo, esto una falsa creencia que posiblemente quiere excusar la dificultad que todos tenemos para elaborar una comunicación personal potente. Pasa como la zorra y las uvas, si no sé cómo comunicar lo que soy digo que es malo y esto es un contrasentido.
Si yo me considero una persona válida, que puede aportar a los demás a través de su experiencia, o de su conocimiento o de lo que sea ¿por qué me lo voy a callar? Callar no es un acto de humildad, es un acto de egoísmo, el que no te vean no sea que te estigmaticen es falta de compromiso. Callar es negarse a compartir lo bueno que tienes.
Usted me dirá que en las redes hay mucho humo y pocas nueces y le tengo que reconocer que es cierto, pero también hay mucho valor compartido.
En lo que se refiere al mensaje observo por parte de muchas personas que son creyentes la paradoja de olvidar el Mensaje dentro de su mensaje. Se comparte conocimiento, se comunican situaciones y eventos, se discute, se protesta, pero encuentro a faltar elementos diferenciales.
Hemos de hacer un esfuerzo colectivo para incluir en nuestro mensaje elementos relevantes de nuestra fe sin caer en la ñoñería ni en el buenísimo, hemos de salir del armario bien pertrechados para poder dar testimonio de manera eficaz.
Leí un libro del benedictino Lluís Duch que me hizo reflexionar mucho porque habla del exilio de Dios, de su ausencia en la vida cotidiana y es algo que nos debe de hacer no solo reflexionar si no actuar y poner al día los mensajes personales.
En mi vida profesional nunca me ha gustado el autobombo, más bien comparto material que nos permite reflexionar sobre nuestra vida y sobre la huella que dejamos.
Al final estoy convencido que solo llegamos a las personas si les solucionamos problemas y yo les ofrezco la posibilidad de que con mi ayuda encuentren su lugar en el mundo alcancen sus objetivos, tengan una mirada optimista y esperanzada y sean más felices y todo esto tiene mucho que ver con el Mensaje.
Mucha gente tiene un potencial enorme, pero no se sabe sacar partido. ¿Qué falla?
Hay un pseudoaxioma de la publicidad que dice que si no te ven no existes y es precisamente esto lo que falla. El potencial por si solo si no se comparte se marchita como las flores en un jarrón. La clave para sacar partido de uno mismo es compartiendo de manera profesional y organizada conocimientos y experiencias que sean realmente útiles para los demás.
Para comunicar bien es necesario conocerse en profundidad, saber lo que queremos ser y lo que podemos aportar, hacer un plan y compartirlo, así de simple y así de complejo. Por esto el personal branding tiene tanto sentido porque ayuda a las personas a conocerse y a ser conocidas, reconocidas, memorables y elegidas.
Comunicar puede significar vender humo. ¿Cómo conseguir que la comunicación sea auténtica y verdadera?
Cuando comunicar significa vender humo la llama de la comunicación se extingue. Comunicar es aportar valor a tu interlocutor, demostrarlo y hablar poco de ti.
Articular un mensaje potente no es una tarea evidente tampoco es difícil, pero es complejo, pensar bien nuestros mensajes, buscar ayuda profesional para que sean más potentes y sobre todo llenarlos de contenido real es la única receta para que la comunicación sea auténtica verdadera y eficaz.
El personal branding, pasará de moda. Y luego, ¿qué?
Si desde que nacemos dejamos huella, si nos vemos en la necesidad de explicarnos para que no nos inventen, si tenemos que dar a conocer nuestra propuesta de valor nos vemos en la necesidad de gestionar esta huella de por vida y por lo tanto el personal branding no es una moda si no algo que ha venido para quedarse.
De hecho, siempre las personas que han podido han gestionado su marca, su huella, pero la eclosión de las redes sociales favoreció la democratización de esta gestión y lo que antes era privativo para unos pocos ahora está en manos de todos.
Lo que si es cierto que la manera de comunicar evolucionará al ritmo que marquen los artefactos de comunicación y quizás lo interesante sería preguntarse cómo lo haremos cuando las redes sociales sean sustituidas por otras cosas.
Qué le decimos a la Iglesia, un consejo de “marca” que le vaya bien:
La Iglesia son personas y es en ellas dónde encontrará a sus mejores embajadores. Cuidar a las personas, favorecer que la comunidad de creyentes pueda expresarse a través de los medos que utiliza normalmente, aportar soluciones y no trabas a los problemas que tienen las personas y sobre todo ser luz y signo de esperanza en un momento en que la liquidez inunda todas las esferas porque el mensaje creyente es y será de una solidez a toda prueba.


Miriam Díez Bosch

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