sábado, 15 de diciembre de 2018

Enfrentarse a lo desconocido




El Papa propone crear una red de fraternidad con los refugiados y migrantes. El Papa propone crear una red de fraternidad con los refugiados y migrantes El Papa Francisco propuso formar una red de fraternidad encabezada por la Iglesia que permita acoger y ayudar a los que huyen de la guerra, de la pobreza y del hambre y buscan refugio lejos de su patria. El Santo Padre realizó esta petición este viernes 14 de diciembre durante la audiencia que concedió en el Vaticano a los promotores, organizadores y artistas del concierto “Navidad en el Vaticano” que se celebrará el sábado 15 de diciembre en el Aula Pablo VI. Durante su discurso, Francisco destacó que la Navidad “este año en particular, nos llama a reflexionar sobre la situación de muchos hombres, mujeres y niños de nuestro tiempo, –migrantes, prófugos y refugiados–, en marcha para escapar de las guerras, de las miserias causadas por las injusticias sociales y del cambio climático”. Indicó que es gente que lo ha dejado todo, hogar, parientes, patria, para “enfrentarse a lo desconocido”. E invitó a reflexionar sobre ello, porque, para tomar una decisión así “se debe haber padecido una situación muy grave”. Además, recordó que también la Sagrada Familia tuvo que huir de la violencia de Herodes.

“Cuando la violenta ira de Herodes se abatió sobre el territorio de Belén, la Sagrada Familia de Nazaret experimentó la angustia de la persecución y, guiada por Dios, se refugió en Egipto. El pequeño Jesús nos recuerda que la mitad de los refugiados de hoy en el mundo son niños, víctimas inocentes de la injusticia humana”. En concreto, sobre la propuesta de red de fraternidad, explicó que debe formarse con la educación “en primer lugar, para educar a los más pequeños entre los migrantes, es decir, aquellos que, en lugar de sentarse en las sillas de la escuela como tantos de sus coetáneos, pasan los días haciendo largas marchas a pie o en vehículos improvisados. y peligrosos”. “También ellos necesitan formación para poder trabajar el día de mañana y participar como ciudadanos conscientes en el bien común. Y, al mismo tiempo, se trata de educarnos a todos en la acogida y la solidaridad, para evitar que los migrantes y los prófugos encuentren indiferencia o, peor aún, rechazo en su camino”. En segundo lugar, formar esa red con la educación “significa hacer que las personas se levanten, que puedan volver a ponerse en camino con plena dignidad, ¿con la fuerza y ?el coraje de enfrentar la vida, valorizando sus talentos y su trabajo”. Por último, implica, asimismo, “una solución válida para abrir de par en par las puertas de los campos de refugiados, hacer que los jóvenes migrantes se incorporen en las sociedades nuevas encontrando solidaridad y generosidad y promoviéndolas a su vez”.

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Dar y recibir consejos




Aconsejar es una de las actividades humanas más hermosas Damos un consejo cuando creemos que podemos ayudar a otro. Pedimos y recibimos un consejo cuando notamos la necesidad de más luz antes de tomar ciertas decisiones. Aconsejar es una de las actividades humanas más hermosas. Muestra que vivimos en mutua dependencia, y da cauce a ese deseo tan rico que tenemos de compartir lo que pensamos pueda servir a los demás. No siempre es fácil dar con un buen consejero. A veces nos fiamos de alguien que parece un conocedor y luego desvela su poca competencia a la hora de responder a nuestras preguntas. Tampoco es fácil dar consejos. Quizá porque no nos sentimos preparados, o porque tenemos miedo a equivocarnos, o porque el otro no nos interpela, o simplemente para no meternos en problemas. A pesar de las dificultades, millones de seres humanos piden y reciben consejos, mientras otros millones los ofrecen. De ese modo, se muestra una rica solidaridad en la búsqueda del saber que nos permita caminar juntos hacia la verdad.



Después de los consejos dados y recibidos, ciertamente, cada uno asume sus propias responsabilidades. Nunca un consejo puede convertirse en excusa para una acción peligrosa, como si todo fuera imputable al consejero. Pero con los riesgos propios de toda actividad humana, la historia de cada uno, la de ciudades e incluso la de las naciones enteras, sigue adelante con consejeros. Consejeros que, esperamos, ofrezcan luz y ayuda antes de tomar decisiones que pueden ser claves para la vida presente y para nuestro caminar hacia el encuentro eterno y definitivo con Dios.




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jueves, 6 de diciembre de 2018

Los hijos berrinchudos serán adultos infelices.


¿Consentir en todo a nuestros hijos? La vida se va rápidamente, sin embargo, los años que nos toquen vivir deben ser aprovechados al máximo, porque el ser humano ha sido creado para trascender, es cierto que algunos han dejado huella a nivel mundial por sus notables acciones, como los santos o los héroes o hasta por sus escándalos, como algunos artistas que han tenido la desgracia de fallecer jóvenes debido a su adicción a las drogas; pero hay otros que lo hecho de forma discreta y silenciosa, pienso en la gente que se dedica diariamente a trabajar y cumplir puntualmente con sus responsabilidades para con su familia, su patria, su comunidad y su Señor Dios. Así pues, todos de algún modo tenemos la oportunidad de marcar la diferencia en el sitio en el que nos desenvolvemos y con la gente con la que nos relacionamos a diario.

Esto me lleva a pensar en una de las maneras más bellas y aparentemente sencillas de permanecer: tener un hijo.  Los pueblos antiguos así lo creían y sin ir tan lejos, todavía en el siglo pasado, las familias numerosas se consideraban una bendición, no como ahora, que quien se atreve a tener tres o hasta cuatro hijos es visto como bicho raro.  Basta recordar cómo eran las fiestas, sobre todo las de la época navideña: posadas multitudinarias y cenas de Nochebuena en la que se reunían los hijos con sus respectivas familias, llenando la casa de los abuelos para pasar momentos memorables. Poco a poco la mentalidad se ha modificado y ahora son pocas las familias que tienen la fortuna de reunir a muchos miembros, y menos porque los jóvenes ya no quieren comprometerse en matrimonio. Prefieren vivir juntos y comprarse una mascota.   
Lo cierto es que estamos frente a un fenómeno cada vez más común que tiene raíces en la infancia.  Los especialistas en el tema aseguran que los primeros años son vitales en el aprendizaje de los pequeños. Ahí aprenden a distinguir su sexo, entendiendo que niños y niñas son distintos.  Es en esa etapa en la que también son más vulnerables y requieren de disciplina y amor, cada uno en la misma medida.  Porque es necesario recordar que el menor no tiene aún la capacidad de discernimiento, se da cuenta perfectamente de sus actitudes o la de sus padres, pero no vislumbra si son buenas, malas o si tendrán alguna consecuencia de gravedad. 
Dependen absolutamente de lo que papá o mamá les enseñen.  Lo que rige en su conducta es el instinto y el sentimiento, por eso hay que ponerles límites.  De otra manera, crecerán confundidos y se convertirán en tiranos, porque de pequeños se les permitió hacer lo que les vino en gana. Basta con echar un ojo a los videos que cunden en las redes sociales en donde aparecen padres y madres golpeados por sus hijos, que, no sabiendo controlar su carácter, desquitan su frustración con objetos y personas, un comportamiento que se ha salido de las manos de los progenitores porque en su momento no aplicaron un correctivo. Y no me refiero a golpearlos, aunque la gente de mi generación creció con algunas nalgadas cuando cometíamos una travesura y no estamos traumados, sino a llamarles la atención con firmeza y dejarles en claro que responder con agresividad no es correcto, tomarlos de los brazos y calmarlos, no seguirles el juego ni ceder ante sus caprichos y exigencias, porque es seguro que cuando sean jóvenes y quieran actuar de la misma manera, comenzarán las frustraciones e injusticias.

Un hijo que no recibe corrección crece suponiendo que toda la gente tiene la obligación de ceder a sus deseos y cuando eso no sucede, reacciona con enojo, grita y ofende, actitudes que lo alejan del resto de las personas y que con el tiempo terminarán dejándolo solo para no lidiar con él. Porque es obvio que la paciencia, la cordura, la comprensión, el manejo de las emociones, el aprendizaje ante los fracasos, el perdón, la humildad y demás valores, deben cultivarse en el seno familiar.  Esa es la tarea de los padres de familia, y por supuesto, debe predicarse con el ejemplo. Por eso, antes de consentir el mal comportamiento de los hijos, pensemos en que quizá les haremos un daño permanente, no permitamos que eso ocurra, es mejor que lloren un poco por no conseguir lo que desean pero que aprendan que las cosas se obtienen con esfuerzo, empeño y dedicación.  Sólo así les aseguraremos un futuro feliz.



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Nuestra historia personal deja una huella en nuestros hijos.


5 Tips para educar a nuestros hijos a actuar para ayudar a los demás. A veces pensamos que lo que hacemos en la vida sólo nos afecta a nosotros, sin darnos cuenta de que todos nuestros actos van creando una historia, tanto personal como familiar y le van imprimiendo un estilo a nuestra familia. Así que debemos hacer conciencia y buscar que actuemos siempre conforme a lo que Dios nos manda y la moral permite. Así también debemos darles testimonio a nuestros hijos a actuar para ayudar a los demás, por eso aquí te dejo mis 5Tips para educar a nuestros hijos en este estilo de vida.

1)      Actúa como si todo dependiera de ti.
Es necesario poner todo de nuestra parte para que nuestros actos sean buenos y conforme a lo que los mandamientos nos van marcando. Es necesario también que demos testimonio con nuestras acciones de que Dios es el centro de nuestras vidas y por lo mismo hacemos las cosas para agradarle a Él, aunque al mundo no le agraden tanto. Debemos ser valientes. Debemos actuar bien para dar siempre frutos buenos, mucho más cuando los beneficiados son nuestros familiares. Seamos generoso y humildes para que nuestros hijos lo sean también.

2)      Reza como si todo dependiera de Dios.
La oración es parte importante para que nuestras acciones den frutos buenos en nuestra familia.
Es necesario sobrenaturalizar lo cotidiano y la mejor forma de hacerlo es con nuestras oraciones y ofrecimientos diarios.
Es importante tener claro que la acción sin oración se vuelve infecunda. Si nuestros hijos ven que nosotros oramos a Dios en todo momento y con todo nuestro corazón, seguro que ellos lo harán de forma cotidiana y constante, logrando sobrenaturalizar lo cotidiano.

3)      Ofrece todas tus acciones.
Otra forma muy buena de que nuestras acciones vayan dejando huella en la historia de nuestros hijos es que las ofrezcamos a Dios para que sea El quien las haga fructificar en nuestros hijos.
Además, así, estaremos dándole un sentido trascendente a nuestro vivir y por lo mismo haremos todo para que nuestros hijos se sientan orgullosos de formar parte de nuestra familia. Las acciones ofrecidas a Dios se vuelven capital de gracia para nuestra familia.

4)      Plática con tus hijos para que lo comprendan.
También es necesario explicarles a nuestros hijos el estilo de vida que llevamos como personas y como familia para que ellos también puedan participar.
Es importante que comprendan todo lo que hacemos para que después lo hagan suyo y lo vivan por gusto y no por obligación.

5)       Busca hacer siempre el mayor Bien posible.
Si ya comprendimos que todo lo que hacemos les beneficia o perjudicas nuestros hijos, entonces debemos buscar hacer el mayor Bien posible. Así, siempre escogeremos entre dos vienes el mayor y con este testimonio nuestros hijos estarán capacitados para siempre actuar confirme al bien, la moral y lo que Dios nos manda.


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Bendito el que viene en nombre del Señor


San Nicolás, Obispo

Isaías 26, 1-6: “El pueblo justo se mantiene fiel al Señor”

Salmo 117: “Bendito el que viene en nombre del Señor”

San Mateo 7, 21. 24-27: “El que cumple la voluntad de mi Padre entrará en el reino de los cielos”
¿Dónde pones tus seguridades? ¿Qué es lo más importante para ti? Serían algunas de las preguntas que hoy nos hacen estos textos de Adviento. Isaías busca convencer al pueblo de Israel de que su única roca segura es el Señor, presentándole la soberbia Babilonia reducida a cenizas, anunciando una nueva Jerusalén, reconstruida y fortalecida.
Todo esto se logrará si se mantiene fiel al Señor, si vive en justicia y pone su confianza en su Libertador. Igualmente, Jesús nos cuestiona en el pasaje del evangelio de San Mateo sobre el cimiento de nuestras seguridades. El hombre moderno se siente seguro y confiado en tantos “ídolos”, tantas protecciones y comodidades, que fácilmente se olvida de Dios. Ansioso por ganar cada día, por vivir mejor, se pierde en el torbellino de las actividades, de la ansiedad por poseer más, de disfrutar más… y se olvida de Dios, de los hermanos y de su misma persona. ¿Toda esta actividad frenética tiene un fundamento sólido? ¿No es basura y hojarasca que se lleva el viento?  
Es difícil convencer a quien tiene atado su corazón a las riquezas y placeres que esto no es lo más importante. No logró convencer Isaías a los israelitas a pesar de presentar una nueva ciudad viviendo en la justicia y en el derecho; no parecen convencernos ahora las palabras de Jesús quien afirma que sólo tendrá seguridad quien vive de su Palabra. Sin embargo, las consecuencias las estamos viviendo cada día: al olvidarnos que somos hijos de Dios, que vivimos para Él, que todos somos hermanos, hemos construido un mundo de salvaje competencia e injusticia donde cada quien se hace justicia por su propia mano y cada quien pone las leyes y principios a su gusto. Así hemos construido un mundo que se desbarata y nos lanza a la oscuridad y a la inseguridad.

Todo cae, cuando la única ley es el dinero y el poder. Escuchar las palabras de Jesús es construir sobre seguro, es fincar sobre piedra, es buscar el reino. El adviento nos debe llevar a mirar que no sólo digamos palabras de súplica y oraciones vacías, sino que realmente construyamos sobre las bases sólidas de la palabra del Señor. Busquemos en este tiempo silencio y espacios para escuchar la Palabra amorosa de Jesús. Y después busquemos la ocasión propicia, que siempre llegará, para ponerla en práctica. Ven, Señor, Jesús.


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martes, 13 de noviembre de 2018

¿Tienes un hijo con autismo?



Hay que centrarse en lo que se puede y no en lo que no se puede hacer con autismo.

El Vaticano organizó uno de los mayores congresos mundiales que se han realizado sobre el autismo. Bajo el lema "Animar la esperanza”, el encuentro se centró en los desafíos para las familias de personas con autismo. Pero también fue un congreso para hablar de la riqueza que estas personas aportan a la vida familiar.

"Estamos aquí principalmente para mostrar nuestra esperanza. Creemos que hay que centrarse en lo que se puede y no en lo que no se puede hacer con autismo. Dependiendo del tipo de autismo hay diferentes capacidades. Desde habilidades artísticas, musicales, matemáticas... Sólo hace falta ayudarles a descubrir qué capacidad especial tienen”. Karen es la madre de Leland, que fue diagnosticado cuando tenía 18 meses. Hoy en día es un reconocido pintor a nivel internacional.

"A lo largo de los años ha habido muchas dificultades. Cuando fue diagnosticado, su médico dijo que hablaría o tendría una vida normal. Él es la prueba de que lo imposible es posible. No sólo habla chino, también inglés. Y el chino es uno de los idiomas más difíciles del mundo”. Leland comenzó a pintar a los dos años como una forma de comunicarse a través de los colores y las formas. Obtuvo el reconocimiento internacional a los 16 años. Con ocasión del congreso, algunos de sus cuadros se han exhibido en el Vaticano.

Leland
Artista

"En Dios, todo es posible.
Gracias”.


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El 13 ¿es de mala suerte?



Hay quienes se aprovechan de esa falsa credibilidad y logran embaucar a otros basándose en sus supersticiones. 
¿Has visto alguna vez la cara de felicidad de los que se sacan la lotería? ¿O cuando alguien recibe una casa o un coche en uno de esos sorteos que se anuncian por televisión y radio? Sin ir más lejos, ¿cómo te has sentido cuando en la tómbola de tu parroquia sales premiado con aquel regalo que tanto deseabas? ¿Suerte, superstición, magia, coincidencia, carambolas?

Asignarle buena o mala suerte a un número, concretamente al número 13, es estar hablando de una superstición y si comenzamos a hablar de supersticiones, hay muchas: En día 13, ni te cases ni te embarques. Pensar en un viernes 13 para muchas personas es sinónimo de desgracias seguras. Romper un espejo trae consigo la mala suerte durante siete años. Pasar debajo de una escalera trae mala suerte.

Una superstición no es otra cosa que “asignarles presuntas fuerzas o poderes contenidos implícitamente a ciertos objetos y que con un gesto o una actitud pueden hacerse activos para alcanzar la felicidad o la desgracia”.
(Diccionario del cristianismo. A. Morian).
Todas las cosas, los números incluso, han sido creadas por Dios y Dios le ha fijado a cada una de ellas una función muy determinada, por eso se llaman criaturas. Nosotros debemos respetar y alegrarnos con todas esas criaturas y, cómo dice San Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales “usar de ellas tanto en cuanto nos ayuden para alcanzar a Dios” (Sn. Ignacio de Loyola. “Libro de los Ejercicios Espirituales”).
Lo que hacemos cuando le damos a las cosas un valor que no tienen en sí o esperamos de ellas una función para la cual no fueron creadas, estamos cayendo en una superstición, es decir, estamos usando las cosas en una forma equivocada, en una forma que no es la que Dios ha dispuesto. La suerte, o más bien dicho, la casualidad, puede existir: “me tropecé con el escalón y me fracturé un hueso”, o bien, “estaba caminando por la calle y me encontré una moneda”. Eso es una casualidad. Pero decir que me fracturé un hueso porque era día 13 y ese número es un número de mala suerte, eso sí que es una superstición, pues le estás atribuyendo al número 13 una función que no le corresponde. Muchos hombres llegan a perder poco a poco su fe por atribuirle propiedades a cosas que no las tienen. Hay quienes, además, se aprovechan de esa falsa credibilidad y logran embaucar a otros, basándose en sus supersticiones: son aquellos que piensan adivinar el futuro leyendo las cartas, los horóscopos o el agua.
Yo te recomiendo estar tranquilo. Confiar en Dios, pues como dice el salmo:
“En su mano están las honduras de la tierra,
y suyas son las cumbres de los montes; suyo el mar, pues Él mismo lo hizo
y la tierra firme que sus manos formaron” (Ps. 94, 4-5).

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Quiero ser santo, pero no sé cómo.


Jacques Philippe, Sacerdote y autor de múltiples libros, mencionó que «la santidad del siglo XXI va a ser la santidad de los laicos y de las familias». Este año, el mismo Papa Francisco llamó a la santidad, en su exhortación apostólica: Gaudete et exsultate, a través de la cual buscó impulsar y encarnar el concepto de «santidad» en un contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Necesitamos santos, sacerdotes y consagrados. Es un hecho, pero todo indica que el Espíritu Santo también quiere impulsar la santidad de los laicos, porque es lo que el mundo necesita en estos tiempos. Para la nueva evangelización, la tarea de los seglares es fundamental. Dios, a cada uno, nos eligió para que fuésemos santos e irreprochables ante Él, por el amor. (Ef. 1, 3-4). Cristo mismo nos ha hecho un llamado claro: «Sed santos como vuestro Padre celestial es santo» (Mt 5,48). La voluntad de Dios es nuestra santificación (1Tes 4,3). Incluso, el Catecismo de la Iglesia Católica nos lo recalca: «Todos los fieles son llamados a la plenitud de la vida cristiana (CIC 2028). Todos los cristianos, de cualquier estado o condición están llamados, cada uno por su propio camino, a la perfección de la santidad». (CIC 825).



Todos podemos ser santos, pero ¿cómo?

Lo esencial a reconocer es que Dios te ama con un amor personal, a ti, con tus virtudes y tus defectos. No has venido al mundo por casualidad. Él te conoce por tu nombre y apellido. Él te quiere a ti, por el simple hecho de ser tú. No te compares con los demás, levanta la cabeza y mira el cielo, llegar ahí debe ser tu aspiración.



1. Busca que la santidad sea un anhelo en tu corazón

El primer paso para ser santo es simple. Cree y confía en que puedes alcanzar ese anhelo, porque Dios así lo dispuso. Recuerda esta cita: Y Moisés dijo: «Y quién soy yo para semejante tarea?» y Dios respondió: «Yo estaré contigo». (Éx 3,11-15) No es quién tú seas, es con quién vas, y ten por seguro que Dios va contigo en este caminar.



2. Recibe y acepta todo el amor de Dios

Considera que la santidad no consiste en la perfección absoluta, ni en adquirir competencias que nos hagan «superiores» a los demás. La santidad es la capacidad de recibir y aceptar todo el amor de Dios y compartirlo. Es decir, ser capaces de amar como Dios ama: con fidelidad, pureza y generosidad. El instrumento para alcanzarla es aceptar con alegría la Voluntad de Dios y el secreto para lograrlo es: dejar que la gracia de Dios actúe en nuestra vida (Santa Teresa del Niño Jesús). Simple: ama, acepta y confía.



3. Espíritu firme frente al maligno

En la actualidad, el combate con el maligno es muy fuerte, un reto para todos. Mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para ofrecernos «placeres» que, a final de cuentas, nos desviarán del camino hacia la dicha divina. El Papa Francisco asegura que, para dicho combate, los cristianos debemos mantenernos firmes en la fe, y sostenernos de las armas que el Señor mismo nos ha dado: la oración, la Palabra, la celebración de la Misa, la adoración Eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria y la misión. En un mundo donde cada vez más cristianos son perseguidos por su fe, la vida cristiana se convierte en una lucha permanente, en la que se requiere de mucha valentía para permanecer firmes en el Evangelio y anunciarlo, siendo testigos y apóstoles de la Palabra.


4. Créetelo, cree que la santidad es un objetivo alcanzable

«Para ser santos no es necesario ser Obispos, Sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra». (Papa Francisco, Gaudete et Exsultate, 1) ¿Quieres ser santo? Sé un buen cristiano. Esto no significa solo creer en Dios, sino «creerle» a Él y Su mensaje de Salvación. Habrá de evitarse todo aquello que nos aleje de Dios, todo aquello que lo ofenda a Él y a los demás. Debemos buscar amar a Dios por sobre todas las cosas. Pensar en amar y en hacerlo todo con amor y por amor, convertir nuestras acciones en obras agradables a Dios. En este proceso, la oración es un elemento sumamente importante. Reconocemos que la santidad no se improvisa, ni se consigue de un día para el otro, es un camino, con sus batallas y tropiezos, que requiere de un sumo esfuerzo personal, de la mano de Dios y la oración. Otra cosa, acepta la ayuda que Dios te quiere dar por medio de María. Ella es el ejemplo perfecto de la Santidad. Invítala a tu vida, a vivir el proceso contigo y sentirás palpablemente su guía.



Por último, recuerda que ser santo es sinónimo de ir contracorriente, la Biblia lo recalca: «Si te has decidido a servir al Señor, prepárate para la prueba» (Eclo 2,1). Pero recuerda que la plenitud solo se logra alcanzando tu verdadero propósito y tú fuiste creado, sin lugar a duda, para ser santo. Así que, ¡aférrate, porque la dicha última está en Dios!




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sábado, 10 de noviembre de 2018

Los siete pecados de padres de adolescentes


Educar no es fácil, se necesita un plan claro de virtudes y valores. Sencillo y claro, errores de los padres de adolescentes. Los comparto porque son palabras llenas de sentido común… Seguramente usted es de quienes escuchó infinidad de veces “porque soy su papá y punto”, “¿es que sus amigos le dan de comer?”, “no, mientras viva en esta casa” … Frases con las que sus padres afirmaban su autoridad y ocultaban, muchas veces, que carecían de los argumentos necesarios para mantener una conversación. Y como todo lo aprendemos de ellos, parecería normal que también nosotros repitiéramos las famosas frasecillas que en ese entonces nos llenaron de un ansia subnormal por ser adultos con rapidez. Así que antes de continuar con la educación de ese ser mitad niño mitad joven, pregúntese si está exigiendo de su hijo o hija en la misma proporción de lo que le brinda.  De nuestra propia historia se podría deducir que ser demasiado autoritario o, por el contrario, muy permisivo, son los errores más comunes que cometen los padres de adolescentes. Sin embargo, según la experiencia en consulta del doctor René Solano, psicólogo de familia y magister en Educación y Desarrollo Humano, existen siete puntos de los cuales los padres deberían reflexionar al educar a sus hijos.

1) No tener un plan claro en la crianza
Es indispensable que los dos padres tengan una idea unificada de lo que quieren formar en sus hijos. Esos son temas que los matrimonios no suelen sentarse a hablar, no planean cuál es la dirección que quieren tomar, qué valores desean inculcar en sus hijos, y esto es un error porque establecer los objetivos de formación facilita pensar en los distintos ámbitos de la vida del adolescente: académica, afectiva, social, etc. Después de hablar sobre esos temas, conviene que los dos unifiquen lo que quieren. Los padres tienden a tener puntos de vista diferentes: generalmente, uno es más rígido y el otro más flexible, así que deben negociar y ponerse de acuerdo en los medios para ejecutar esos planes.

2) No ofrecer un modelo completo de la vida adulta
Este es un problema muy grave porque los chicos no tienen por qué imaginarse la vida a futuro. Para eso tienen a sus padres. No obstante, usualmente tienen la imagen de que a los papás “les toca esforzarse mucho y divertirse poco” y eso les hace poco gustosa la idea del mundo adulto. Por eso es
una herramienta de crianza muy importante aterrizarlos en cuanto a por qué los padres toman determinadas decisiones, por qué hacen lo que hacen, cómo han planificado sus vidas, qué decisiones tomaron cuando se equivocaron y cuando tuvieron éxito, cómo resuelven su vida afectiva, social, etc. A través de esa conversación se debe hacer un llamado a la realidad para no dejarlos solos gravitando en el mundo del juego y del placer.

3) Solo satisfacer
Y este punto tiene una variable: satisfacer en exceso. Los padres quieren darles gusto a sus hijos y está bien que quieran brindarles una mejor calidad de vida de la que tuvieron. Pero al hacerlo cometen una equivocación y es impedir que sus hijos vivan las frustraciones.
Lo cierto es que todos tenemos límites y queremos muchas cosas. Sin embargo, no siempre se puede, allí hay una tarea importantísima que debe asumir el adolescente, y el adulto le debe ayudar a no desesperarse, a afrontar la dificultad, a no caer en la desesperación, a aceptar la limitación y la historia que le tocó vivir.

4) Darles la idea de que lo valioso es solo lo material
"Ese es un punto delicado y gravísimo, porque lo que hace realmente feliz a las personas son los bienes inmateriales como los valores, la justicia, la alegría y la unidad. Los chicos pueden comprarse la pinta, estar en la rumba, tener lindos zapatos y esos son momentos de felicidad, pero todos quedan fuera del ser. Y cuando se rompe el zapato fino y no puede comprarse otro, eso representa un reto muy tenaz para el muchacho”, asegura el doctor Solano.

5) Desconocer la vida social del adolescente
Un fallo “requetegrave” –de acuerdo con nuestro asesor- es desconocer las amistades del hijo adolescente, los lugares que frecuenta, los intereses verdaderos, los temas que le interesan y los que usa para socializar e identificarse. Desconocer su mundo es permitir que haya oportunidades para que le ofrezcan alternativas dañinas. El problema no es que se meta en problemas, el problema es que esté solo o con unos referentes inadecuados para resolverlos. Todo ser humano confronta situaciones difíciles y dolorosas, pero lo importante es aprender a resolverlas, por eso hay que buscar cómo romper la distancia, los silencios, la frialdad.

6) Solo juzgar y recriminar
Este punto se deriva del anterior. Muchos padres promueven la distancia con los hijos al pararse como adultos, juzgando y recriminando sus gustos, y no reconocen ni entienden el porqué de sus actos. Esto genera una ruptura importante, pues los muchachos sienten que los adultos no los quieren.

7) No conocer sobre la adolescencia
En otras palabras, desconocer qué se vive en ese proceso en cuanto a ideas, relaciones sociales, emociones y cambios. Los padres no deben dejarse llevar por modas, la idea de que el papá o la mamá tiene que ser cómplice, o eso de que “yo soy amigo de mi hijo”, es muy confuso par el chico o la chica, pues sus padres no asumen un rol de orientación y firmeza sino de complicidad con los deseos del hijo… pero de una manera negativa.

No informarse o no pedir ayuda para manejar las situaciones tensas lleva a que los padres acepten distanciamientos o le pongan títulos negativos al muchacho (“¡es un rebelde!”). Incluso si están divorciados deben ponerse de acuerdo. Hay que saber que los adolescentes acaban de ser niños y van hacia la juventud, y es que otro error grave es pensar en ellos como adultos. Los jóvenes de hoy son ‘grandotes’ de cuerpo, pero no son adultos; su poder de reflexión y decisión están limitados y cuando los padres se dejan dominar o imponer ideas están abandonando su papel, dejando que los chicos vivan una cantidad de situaciones que no tendrían por qué vivir si tuvieran al lado a adultos eficaces

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Lo que tu hijo adolescente desea oír de ti


A pesar de su aparente desapego, tu hijo adolescente espera mucho de tí, y necesita que le transmitas una serie de mensajes ¿De qué hablas con tu hijo adolescente? Es posible que la mayor parte de las conversaciones se reduzcan a retarlo y criticarlo por su aspecto descuidado, por la hora de llegar a la casa, por las notas, por estar todo el día colgado del teléfono… Cierto es que tenemos el deber de corregir, pero, si nos descuidamos, nuestra relación puede reducirse a reproches y críticas. A pesar de su aparente desapego, de su afán por ser independiente, tu hijo adolescente espera aún mucho de ti y necesita que le transmitas una serie de mensajes. Un adolescente necesita oír de sus padres que están orgullosos de él, y no sólo cuando saca buenas notas o cuando gana el partido de fútbol, sino también cuando:

1. Se esfuerza por conseguir un objetivo, aunque no lo logre.

2. Toma sus propias decisiones.

3. Lo intenta de nuevo a pesar de haber fallado.

4. Lucha por superarse.

Debes hacer ver a tu hijo que estás orgulloso de él o de ella, a pesar de todo, porque es tu hijo.
Que le aceptas y apruebas como persona, aunque en ocasiones no apruebes su comportamiento.
Muchos adolescentes de hoy en día no tienen la suerte de escuchar con frecuencia este mensaje.
El segundo mensaje tiene que ver con la disponibilidad. Tu hijo necesita saber que estás ahí, disponible para cuando le haga falta, que siempre puede contar contigo. Aunque aparente que no te necesita, en los momentos difíciles necesita saber que cuenta contigo. Si no consigues transmitirle este mensaje buscará consejo y ayuda en otros lugares. Debes estar disponible para cuando te necesite, lo que no es lo mismo que atosigarle con preguntas. La intimidad no se impone, se gana.

Otro mensaje que debe captar tu hijo es tu interés por comprenderle. Es frecuente que los adolescentes acusen a sus padres de no entenderles, de vivir en otra galaxia, de no enterarse de nada. A veces simplemente nuestro hijo está intentando manipularnos: confunde el comprender con el estar de acuerdo. Debes procurar tomarte el tiempo necesario para intentar descubrir los motivos que hay detrás de las afirmaciones de tu hijo, y escucharle poniéndote «en su pellejo» antes de formarte una opinión. Al menos tu hijo debe darse cuenta de que intentas comprenderle, respetando su personalidad, su peculiar forma de ser. Procurando estar al día: películas, canciones, famosos, deportes… Sabiendo ser flexibles en lo que no es sustancial: horarios, vestido, orden... Dando importancia a cada hijo individualmente: exámenes, salidas, amigos, diversiones... Descubriendo al hijo callado, triste enfadado… Sabiendo perdonar, dando una segunda oportunidad. Sabiendo pedir perdón cuando sea necesario: no se pierde autoridad y se gana prestigio.


Para ello es fundamental que hagas ver a tu hijo que confías en él, de esta forma le animarás a querer estar a la altura de esa confianza. No obstante, esta confianza no implica que le permitamos hacer cosas para las que aún no está preparado o que le permitamos enfrentarse a situaciones en las que el grado de riesgo es más elevado que su nivel de madurez. Debemos hacerle ver que esa confianza se irá desarrollando gradualmente a medida que él vaya adquiriendo más experiencia y nos vaya demostrando que es capaz de actuar de forma responsable. El último mensaje, y también el más importante, que los hijos desean oír de sus padres es que lo quieren. Cuando un adolescente no está seguro del cariño de sus padres, los demás mensajes no significan nada. Necesita que le digas que le quieres y que se lo demuestres.

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¿Cómo conocer auténticamente a otra persona?

Citas online, apps para hacer amigos y la ilusión de conocer al amor de tu vida.
No quería dejar escapar la oportunidad de reflexionar sobre un tema que surgió fruto de un reencuentro con mis amigos del colegio en Argentina, hoy lo quiero compartir con ustedes: Todo empezó cuando estábamos comiendo y veo que a uno de ellos le suena el celular, lo mira, y dice con tono de satisfacción: «hice Match». Ante mi ingenuidad, le pregunté en qué consistía la aplicación. Me explicaron y en seguida me compartían que con este tipo de apps «Ya no existe el temor de invitar y el posterior rechazo», «no existe el cara a cara a veces tan duro y que da vergüenza», «es una gratificación instantánea. No es necesario comprometerte en serio con la otra persona». Mientras los escuchaba, habían comenzado a aparecer varias preguntas dentro de mi cabeza: ¿Estará bien pensar así?, ¿qué es lo que buscan?, ¿dónde queda el compromiso con la otra persona?
Ante estas preguntas, las respuestas que escuchaba eran: «Que sonrían, que tengan los ojos claros», otros como «Con barba suman puntos. Que tenga buen cuerpo y que sea creativa la foto», «Me siento en un casting, tu si, tu no, tu no, tu sí», «me gusta su foto de perfil». ¿Nos suenan familiares estas frases en el mundo de hoy? Como en la vida no todo es blanco o negro, bueno o malo, sino que hay matices, tonalidades de grises. No dudo que este tipo de aplicaciones han ayudado a conocer gente, incluso se conocen casos de personas que están casadas y han formado familia gracias a las nuevas tecnologías. Pero solo el 5% de todos los matrimonios en los Estados Unidos que se han conocido online, han podido tener una relación de más de diez años (Pew Research, Online Dating 2013).

¿Qué son las aplicaciones de citas online?
En un mundo globalizado como el nuestro, los cambios se hacen cada vez más rápido, y las aplicaciones no quedan exentas. Hay Apps de todo tipo, por ejemplo, juegos, GPS, para controlar las calorías que tiene cada alimento, redes sociales de todo tipo: Twitter, Facebook, WhatsApp, etc. (ya todos las conocemos). Han cambiado la manera de relacionarnos con los demás, hoy es más fácil y sencillo escribir un mensaje de menos de 500 caracteres, que llamar a alguien. Muchas veces lo hacemos por distintos tipos de dispositivos, celulares y tablets. Han cambiado también la manera de enamorar o de enamorarnos de la otra persona. Las aplicaciones de citas online han crecido tanto, que una de cada diez personas en los Estados Unidos ha encontrado su pareja a través de este medio. Ya son más de 50 millones de descargas en más de 196 países. Hay varios tipos de apps de citas. Las que más se escuchan aquí son Tinder, Happn o Badoo. Creas un perfil, pones tu mejor foto, edad, tendencias, el radio de distancia al que quisieras encontrar a la otra persona… y listo. Pasas las fotos con tu dedo, hasta que el otro usuario te elija y logres el tan anhelado match.

En este afán por ser correspondido, el usuario se ve seleccionando con el dedo a izquierda y derecha imágenes de personas que no conoce y que tampoco lo conocen a él. El movimiento con el que se pasan las fotos se vuelve automático, casi mecánico: te gusta, mensajeas, llegas a un acuerdo y te encuentras con la otra persona. Surge una sensación de libertad, se imagina que se está abriendo puertas a nuevas posibilidades y el sentimiento de ser dueños del destino se apropia de cada uno de los usuarios que han elegido esta app para conocer a alguien nuevo.

Poco a poco hago el esfuerzo por entender este «mundo de las citas online» … y llego a la conclusión de que, en estas aplicaciones, uno de los factores determinantes (no el único) de que elijas (o no) a la otra persona, o que uno sea «el elegido», es la foto de perfil. Los usuarios se sienten tranquilos cuando se «promocionan» con fotos que muestran sus virtudes físicas y tendencias a nivel social. Uno podría imaginarse (y no estaría muy lejos) esos catálogos en donde se mira el producto, el más vendido, el mejor y lo termina comprando, para luego usarlo y terminar descartándolo. Convierto a la otra persona en una «cosa». Tratándola más como producto de consumo, que como un ser humano. Así se hace muy difícil llegar a conocer realmente a la otra persona y llegar a formar una relación estable.

Estamos ante una sociedad en la que se trata de interpretar al ser humano en términos sexuales. Donde se considera que vivir la virginidad, es algo anticuado (para no decir del Medioevo), donde la castidad hace parte de la prehistoria, la continencia se percibe como anormalidad, y la unión de hombre y mujer hasta la muerte, como algo insoportable. Un mundo que dice que un matrimonio solo dura lo que dura un suspiro. Que se puede separar lo que Dios ha unido y quitar el sello de donde Dios lo ha puesto. Un mundo en el que la pureza es anormal y la carnalidad es lo correcto. El riesgo por una búsqueda de placer o gratificación instantánea puede terminar, sin saberlo, en lastimar a ambos usuarios. ¿Cómo conocer auténticamente a otra persona?
Algunos podrían responder, «¿Qué importa eso? solo quiero divertirme, pasarlo bien». «Sé lo que busco, y la otra persona también». Hay quienes se sienten satisfechos con estas respuestas.

Todo hombre está llamado a buscar una relación con otra persona que lo haga feliz, que sea verdadera y auténtica. Estas aplicaciones pueden ser un medio (solo un instrumento), para que realmente se pueda dar la posibilidad de construir algo serio, responsable, una relación sana y comprometida con otra persona. Debemos recordar y tener presente en nuestras vidas, que el dolor y el placer van de la mano y están presentes en las experiencias que vivimos todos, nos guste o no, dolor y placer son inseparables. Tratar de separarlos, es inútil, porque al final, el placer desordenado termina yéndose contra el hombre y se transforma en sufrimiento y soledad, en una verdadera tragedia. Es evidente (y nosotros lo sabemos), que el mundo de hoy va en otro sentido. Busca la cosificación (tratar a los demás como cosas) solo usarlas para el placer mi propio y egoísta. Nosotros como cristianos, venimos a traer la verdadera revolución del amor en Cristo Jesús, amar al prójimo como a uno mismo.


catholic.net


martes, 6 de noviembre de 2018

De muchas maneras satanás entra en tu hogar


La mayoría de las personas le tienen miedo a todo lo que representa Satanás y sus secuaces, también los cristianos le temen y quieren mantener lejos al enemigo que representa, pero lo que no toman en cuenta es que de muchas formas entra satanás a tu casa veamos cuales son:



1)      A través del cine o en la casa cuando vemos una película de misterio.



2)      Revistas pornográficas.



3)      Pornografía a través de internet.



4)      Cuando maldecimos.



5)      Celebramos Halloween.



6)      Leemos el horóscopo.



7)      Celebramos despedida de soltera (pagana).



8)      Las ocasiones en las que rechazamos que nos hablen de Dios.



9)      Rencillas y discordias en la familia.



10)  Espectáculos de stripper



11)   Consultamos las cartas (para que nos lean el futuro).



12)  Tatuajes.



13)  Amuletos de la buena suerte.



14)  Bromas o chistes de doble sentido.





Existen muchas otras más en las que sin darnos cuenta rendimos culto a Satanás, y muchas veces con nuestras actitudes de soberbia y orgullo hacemos el rol de Satanás, debemos estar alerta y buscar a Dios en la oración y pedir al Espíritu Santo que nos de sabiduría para discernir que cosas nos perjudican nuestra vida cristiana.  
Carmen Vázquez