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lunes, 22 de enero de 2018

Mary Ward, “la jesuita”

Intentó fundar una “Compañía de Jesús” para mujeres. Mary Ward (1585-1645) fundó una congregación femenina de vida apostólica sin clausura, inspirada por el modelo de los jesuitas. Su intuición era demasiado prematura: Ward pasó muchos años en Roma pidiendo al Papa el reconocimiento de su nueva congregación, pero en 1631 su Orden fue suprimida y Mary Ward fue acusada de herejía. Su fe inquebrantable hace de ella una mujer serena, sabia, valiente y fiel.
Santa Teresa de Jesús se lleva la palma de ser la santa andariega, con un coraje extraordinario y con tesón de reformadora. Pero Mary Ward no queda atrás. La fundadora de las “damas inglesas” (conocidas también como “damas irlandesas” es una mujer de vanguardia, nacida en el siglo XVI en Inglaterra, con un claro celo apostólico.
Estuvo bajo la sombra de la Inquisición y su congregación fue disuelta. Sólo en 1877 fue su congregación reconocida por la Iglesia y no fue hasta 1909 que se permitió a Mary Ward recibir el nombre de fundadora.
“Esa mujer incomparable que Inglaterra dio a la Iglesia…” dijo de ella Papa Pío XII, y Juan Pablo II en Mulieres Dignitatem la cita junto a otras mujeres “perfectas” que han participado a la misión de la Iglesia no sin dificultades y discriminaciones.
La Iglesia Católica la vio demasiado audaz y Ward sufrió persecuciones e incomprensiones. Para ella, su iniciativa se fundaba en las Constituciones de San Ignacio de Loyola. Su deseo era crear una rama de contemplativas en acción.
Defendió mucho a la mujer, llegando a afirmar: “Entre hombres y mujeres no hay ninguna diferencia de tal género que estas no puedan hacer nada grande. Y espero que en el futuro se podrá constatar que las mujeres cumplirán cosas grandes”.
Su idea no prosperó e incluso se disolvió su obra, la metieron en la cárcel en Alemania y la sometieron a la Inquisición.
Demasiado moderna para su época, Pío XII la llamó “mujer incomparable”. Mary Ward es la fundadora del Instituto Beata Vergine María (IBVM).
Alfredo López Amat, SJ, en un estudio sobre la figura de Mary Ward llamado “El drama de una pionera”, recuerda que Ward estaba enferma, tenía pocos medios, iba andando y le tocó vivir en medio de la Guerra de los 30 años.
Características de su carácter son la lealtad y la veracidad, y su incapacidad de decir medias verdades. Sus compañeras destacan en ella un “perfecto equilibrio”
Esta mujer pionera cruzó 10 veces el Canal de la Mancha y es la precursora de la vida femenina activa, apostólica.
Nació el 23 de enero de 1585 en el seno de una familia católica noble y rural en el Yorkshire. Cuando tiene dos años ejecutan a María Estuardo, reina escocesa católica.
Es en este contexto de persecución católica por parte de la Iglesia Anglicana que Mary Ward transcurre su infancia. Cambia de casa constantemente, le ofrecen matrimonio, pero ella tiene vocación religiosa.
Cruzó el canal de la Mancha para ir a Francia o a los Países Bajos. Escogió el convento de las clarisas valonas como lega.
No le gustó la experiencia y en menos de un año estaba fuera decidida a fundar un convento para clarisas inglesas. Este convento existe.
Deja la fundación al sentir una voz interior que le dice que este no es su camino. Se dedica a una vida apostólica en Inglaterra. A los padres jesuitas no les gustó, la iniciativa jesuita de Mary Ward. La Compañía de Jesús no admitía mujeres.
Se presenta ante el Papa
En 1621 se presenta en Roma el día de Nochebuena. Presentó la fundadora el programa del nuevo Instituto femenino al Papa Gregorio XV. Empieza una época de reuniones continuas para la posible aprobación de su instituto. Los años transcurridos en la Ciudad Eterna, de 1622 a 1625/26, no fueron provechosos. La ausencia de clausura era un problema mayor del que ella preveía. María Ward aparecía como una mujer sospechosa de rebelión, herejía y desobediencia. Su caso, a través de la Congregación de Propaganda Fide fue a parar a la Inquisición. Murió fracasada, sin ver reconocido el Instituto que había fundado. El Papa Urbano VIII suprimió su Instituto. Pero sus compañeras no dejaron morir su llama.
¿Santa?
La causa para la canonización de Mary Ward fue abierta en 1929. Los teólogos completaron su investigación en mayo de 2009 y recomendaron unánimemente que Mary Ward demostró ‘virtud heroica’ y que su causa debería seguir adelante. La comisión de Cardinales y Obispos confirmó esto en noviembre de 2009 y posteriormente por el Papa. Benedicto XVI promulgó el Decreto de virtudes heroicas de la Venerable Mary Ward.
El Instituto de Mary Ward existe hoy bajo los nombres de Congregatio Jesu y el Instituto de la Bienaventurada Virgen Maria (Loreto) con aproximadamente 3.000 miembros. Las hermanas de Mary Ward están en 44 países.

aleteia.org

viernes, 19 de enero de 2018

¿Qué hacer con una imagen sagrada bendecida que se ha roto?


Una imagen que está rota o dañada no alcanza todo su objetivo Antes de puntualizar lo que se puede hacer con una imagen sagrada que se rompió, es válido destacar la importancia y el valor de las imágenes en la Iglesia. Comienzo recordando que el católico no adora la imagen, sino tiene veneración por ella. San Juan Damasceno decía: “En otro tiempo, Dios, que no tenía cuerpo ni figura no podía de ningún modo ser representado con una imagen. Pero ahora que se ha hecho ver en la carne y que ha vivido con los hombres, puedo hacer una imagen de lo que he visto de Dios. […] Nosotros, sin embargo, revelado su rostro, contemplamos la gloria del Señor” (CIC, n. 1159).
En esta perspectiva, el Catecismo de la Iglesia enseña que “Siguiendo […] la enseñanza divinamente inspirada de nuestros santos Padres y la Tradición de la Iglesia católica (pues reconocemos ser del Espíritu Santo que habita en ella), definimos con toda exactitud y cuidado que la imagen de la preciosa y vivificante cruz, así como también las venerables y santas imágenes […] se exponen en las santas iglesias de Dios, en los vasos sagrados y ornamentos, en las paredes y en cuadros, en las casas y en los caminos: tanto las imágenes de nuestro Señor Dios y Salvador Jesucristo, como las de nuestra Señora inmaculada la santa Madre de Dios, de los santos ángeles y de todos los santos y justos” (CIC, n. 1161). La Iglesia siempre ha dado valor a tales prácticas que conducen al propio Dios.
¿Cómo dispensar con devoción las imágenes sagradas bendecidas que se han roto?
Un primer punto que observar en relación a una imagen sagrada que se ha roto es verificar la posibilidad de restaurarla, si fuera oportuno. Tras una evaluación del estado de la imagen y no habiendo una posibilidad o interés por su restauración, el próximo paso sería usar la forma más coherente de deshacerse del objeto teniendo en cuenta su significado.
La sugerencia es que no hay “necesidad” de llevar las imágenes rotas para depositarlas en las iglesias, cementerios, jugar en ríos o en otros lugares, sino que sean trituradas y enterradas en el jardín o en una maceta de la casa. El sentido es evitar la posibilidad de que las imágenes que fueron bendecidas sean escarnecidas, al ser puestas en la basura indignamente o dejadas en un lugar indebido.
Así, se debe deshacer de las imágenes dañadas de forma que su valor espiritual y significado religioso no sean afectados, evitando cualquier señal de falta de respeto.
Decía san Juan Damasceno que “La belleza y el color de las imágenes estimulan mi oración. Es una fiesta para mis ojos, del mismo modo que el espectáculo del campo estimula mi corazón para dar gloria a Dios” (San Juan Damasceno, De sacris imaginibus oratio 127).

La contemplación de las sagradas imágenes, unida a la meditación de la Palabra de Dios y al canto de los himnos litúrgicos, forma parte de la armonía de los signos de la celebración para que el misterio celebrado se grabe en la memoria del corazón y se exprese luego en la vida nueva de los fieles. (CIC, n. 1162). Por lo tanto, una imagen que está rota o dañada no alcanza todo su objetivo, por eso puede ser dispensada sin ningún problema.

aleteia.org

sábado, 13 de enero de 2018

Teresa de Lisieux: ¿La Pequeña Flor es la santa más peligrosa?

Santa Teresa es la enemiga mortal de la mediocridad espiritual y la tibieza. ¿Qué palabras usaríamos para describir a santa Teresa? Amable. Inocente. Infantil. Confiada. Cariñosa. Apasionada. Oculta. Pequeña. Estas y muchas palabras similares más acuden a la mente. Pero ¿me permiten sugerir otra palabra para describirla? Es una palabra que quizás no se esperen, una palabra que quizás les parezca sorprendente, incluso chocante, quizás perturbadora. Yo describiría a santa Teresa como “peligrosa”.
¿¡Peligrosa!? ¿La Pequeña Flor? ¿Cómo puede ser? ¿Cómo podría ser peligrosa la apóstol de la infancia espiritual? ¿Quién podría encontrarla amenazante? Existe un peligro para aquellos que se han resignado a la mediocridad espiritual. Ella es una amenaza para todas las almas que no se atreven a aspirar a la santidad. Es la enemiga mortal de la tibieza. Teresa derriba todas las excusas, despacha todas las buenas razones que podamos ofrecer para no ser santos, para no intentar al menos esforzarnos por la santidad. Ella es prueba de que una gran santidad es posible para todas las almas y de que nuestra falta de santidad es una cuestión de nuestra propia voluntad, más que de nuestra suerte o circunstancias. En otras palabras, el mensaje de Teresa es el siguiente: Si no somos santos es porque no queremos.
Pero la santidad es difícil hoy día. Los que nos contentamos, incluso con determinación, con nuestra mediocridad, tenemos todas nuestras excusas bien preparadas e impecables: no podemos ser santos porque en realidad es muy duro. Dios no nos ha bendecido con el carácter o la fortaleza necesarios. Nuestras vidas han sido cargadas con demasiadas tareas como para el disfrute pausado de las cosas de Dios. Tenemos familias y negocios a los que atender.
Y nuestras comunidades nunca podrían apoyarnos en una misión para lograr ser santos. Nuestras compañías religiosas son demasiado mundanas y demasiado poco caritativas. Nuestras parroquias están divididas, nuestras liturgias no nos inspiran, nuestros pastores son predicadores pobres. Nunca hemos podido encontrar un buen director espiritual de verdad; no tenemos tiempo para leer la Escritura. Explicaremos que Teresa vivió en tiempos más sencillos en los que la santidad todavía era posible. Nosotros vivimos en la edad del sida y el terrorismo. Las circunstancias no son correctas para la santidad.
Nosotros, los mediocres, explicaremos, con calma, pero con firmeza, que todo en nuestro interior y alrededor no es, básicamente, propicio para la santidad. Teresa era un caso especial. Dios debe aceptar que las personas de hoy en día no son capaces de una gran santidad. Debe aceptarnos como nosotros nos hemos aceptados, tibios, mediocres.
Así ponemos nuestras excusas.  Pero aquí viene Teresa, con una sonrisa que tumbará el laberinto de excusas que hemos construido. Teresa no deja espacio para escondernos de Dios ni de nosotros mismos. Y por eso es peligrosa. Ella nos dirá que, si no somos santos, nadie tiene la culpa salvo nosotros mismos. Así que, ¿qué hacemos ahora? Si no vamos a correr a escondernos, si por fin admitimos que Teresa es prueba de que la vocación a la santidad es universal, ¿qué deberíamos hacer? Es tentador poner todo el peso sobre nuestros hombros: “De acuerdo, voy a apretar los dientes y, con un acto de pura voluntad, imitaré a Teresa de todas las formas posibles. Voy a contar hasta tres y, cuando termine, seré un niño espiritual y seré santo, ¡y entonces tendré que gustarle a Dios!”. Pero no nos hacemos santos por nuestro propio esfuerzo.
Así que, ¿qué se supone que tenemos que hacer? La paradoja es que no se supone que debamos hacer nada: Dios hace todo el trabajo. Vean este ejemplo: Estaba visitando a una familia que tiene un hijo de 3 años. Como premio de después de la cena, al pequeño Jacob le permiten ver un episodio de Thomas y sus amigos. La colección de vídeos está en un estante alto, muy por encima de su cabeza. Nunca podría alcanzarla por sí solo. Se pone frente al estante con sus brazos levantados, para que algún adulto lo agarre por debajo de los brazos y alzarlo hasta donde quiere llegar. Sin ninguna duda, sin siquiera preguntar, simplemente se queda ahí con sus brazos hacia arriba, con la plena confianza de que será alzado.
Creo que santa Teresa diría que debemos hacer como el pequeño Jacob:
Tenemos que ponernos en pie.
Tenemos que alzar nuestros brazos y confiar en ser elevados.
Y tenemos que permitir que Dios haga el trabajo.
Quizás nos digamos: “Es tan sencillo que incluso un niño puede hacerlo”, pero no sería del todo correcto. Es tan sencillo que solamente un niño puede hacerlo. Dejemos de poner excusas.  Dejemos de retorcernos y de luchar. Dejemos de intentar que nuestro ascenso a la santidad sea propulsado por nuestra propia voluntad y sabiduría. Simplemente demos un paso adelante, alcemos los brazos y permitamos que el Padre que nos ama nos eleve.



aleteia.org

jueves, 14 de septiembre de 2017

¿Podemos tener imágenes?


Los textos bíblicos son muy claros en su prohibición de hacer imágenes o estatuas de falsos dioses. Pero otra cosa muy distinta es aplicar estos textos a las imágenes como adornos o signos religiosos Cuántas veces hemos escuchado esta acusación de parte de nuestros hermanos evangélicos: «Los católicos hacen imágenes para adorarlas, mientras que la Biblia lo tiene estrictamente prohibido». Muchos hermanos nuestros católicos no saben qué contestar, otros se dejan influenciar fácilmente por estas verdades a medias y algunos sienten la tentación de botar las imágenes de las capillas. Les quiero aclarar este tema acerca de las imágenes, pero con la Biblia en la mano. Antes que nada, debemos hacer una clara distinción entre una imagen, un cuadro, un adorno religioso y un ídolo, que es «la imagen de un falso dios». La Biblia sí que rechaza enérgicamente el culto de adoración a los ídolos (falsos dioses), pero la Biblia nunca ha rechazado las imágenes como signos religiosos.

¿Qué es un ídolo según la Biblia?
Muchos años antes de Jesús, en tiempo de Moisés, Dios comenzó a formar a su pueblo elegido, el pueblo de Israel. Era gente muy primitiva que Dios había sacado del politeísmo para llevarla al monoteísmo. Todos estos pueblos antiguos tenían infinidad de dioses, los que adoraban y representaban a través de imágenes de baales, que tenían la forma de un toro, de un león o de otros animales. A esas imágenes, el pueblo de Moisés las llamaba «ídolos» o falsos dioses. La gente de aquel tiempo pensaba que estas imágenes tenían un poder mágico o una fuerza milagrosa. En el fondo estos ídolos eran representaciones de poderes o vicios del hombre mismo. Por ejemplo, la imagen del becerro de oro que aparece en Éxodo 32, era la expresión de la fuerza bruta de la naturaleza. También podía representar la encarnación del poder sexual desorientado y vicioso. Y el oro del becerro significaba el poder de la riqueza que explota y aplasta al hombre, es decir, el hombre con sus vicios, representados en el becerro de oro, quiere ser dios y no quiere dejar lugar al único y verdadero Dios.


Dios llamó al pueblo hebreo a avanzar por la senda del monoteísmo, dejando atrás los ídolos y dando adoración al verdadero Dios. Pero los israelitas de aquel tiempo atraídos por las prácticas de los pueblos paganos querían, a veces, volver al politeísmo y a la adoración de ídolos. Entonces Moisés, inspirado por Yahvé-Dios les prohibió estrictamente hacer estos ídolos: «No tengas otros dioses fuera de mí, no te hagas estatua, ni imagen alguna de lo que hay en el cielo ni en la tierra ni te postres ante esos «ídolos», no les des culto». Queridos hermanos, estos textos bíblicos son muy claros en su prohibición de hacer imágenes o estatuas de falsos dioses. Pero otra cosa muy distinta es aplicar estos textos a las imágenes como adornos o signos religiosos. Estos signos (imágenes) nunca han sido prohibidos por Dios ni por la Biblia.

Textos aclaratorios:
La Sagrada Escritura siempre hace la distinción entre imágenes como «ídolos» e imágenes como «adornos o signos religiosos». Leamos algunos textos en los cuales Dios mismo manda a Moisés hacer imágenes como símbolos religiosos: «Harán dos querubines de oro macizo, labrados a martillo y los pondrán en las extremidades del lugar del perdón, uno a cada lado... Allí me encontraré contigo y te hablaré desde el lugar del perdón, desde en medio de los querubines puestos sobre el arca del Testimonio...» (Ex. 25,18-22). Estos dos querubines parecidos a imágenes de ángeles eran adornos religiosos para el lugar más sagrado del templo. Pues bien, estas imágenes, hechas por manos de hombres, estaban en el templo, en el lugar más sagrado y nunca fueron consideradas como ídolos, sino todo lo contrario, el mismo Dios ordenó construirlos. Leamos otro texto del A. T.: Números 21, 8-9. Ahí se nos narra cómo en aquel tiempo los israelitas murmuraban contra Dios y contra Moisés. Entonces Dios mandó contra el pueblo serpientes venenosas que los mordían, de modo que murió mucha gente. Moisés intercedió por el pueblo y Dios le respondió: «Haz una serpiente de bronce, ponla en un palo y todo el que la mire se salvará». Nos damos cuenta otra vez de que esta serpiente de bronce era una imagen hecha por manos de hombre, pero no para adorar, sino que era un «signo religioso» para invocar a Dios con fe. Hay otros textos en la Biblia que nos hacen ver que en el templo de Jerusalén había varias imágenes o esculturas que no fueron prohibidas, menos aún consideradas como ídolos. Dice el Salmo 74, 4-5: «Tus enemigos rugieron dentro de tu santuario como leñadores en el bosque, derribaron con hacha las columnas y esculturas en el templo». Eso significa que en el templo de Jerusalén había también esculturas o imágenes. Queridos hermanos católicos, esas indicaciones de la Biblia son suficientes para decir que la Biblia, sí, prohíbe la fabricación de imágenes como dioses falsos, (ídolos) pero nunca ha prohibido las imágenes o esculturas como adornos religiosos. Que nadie entonces los venga a molestar por tener una imagen o adorno en su templo o en su casa. Es por falta de conocimientos bíblicos, o por mala voluntad, que los hermanos evangélicos les meten estas cosas en la cabeza.


Las imágenes en nuestra vida diaria. 
Ahora bien, hermanos, en nuestros tiempos vemos por todos lados imágenes y estatuas. Cada país tiene sus propios símbolos patrios y estatuas a sus héroes. En nuestras casas tenemos cuadros que representan la imagen de alguna persona. Tengo en mi velador, por ejemplo, una foto de mi madre que ya está en el cielo; y contemplando esta foto me acuerdo de ella. Incluso puedo colocar esta foto en un lugar bien bonito y adornarlo con una flor y una velita... Y si alguien viene a mi casa a visitarme y me dice, refiriéndose a la foto: «Qué mono más feo», por supuesto que me siento muy ofendido. Así también tenemos cuadros e imágenes en nuestras capillas que representan algunas personas religiosas, como la Virgen María, la Madre de Jesús, algún santo patrono de nuestros pueblos. Y ningún católico va a pensar que estas imágenes son ídolos o falsos dioses. Estas imágenes simplemente nos hacen pensar en el mismo Jesús o en tal o cual santo que está en la presencia de Dios y nos ayudan a pensar en la belleza de Dios.


La Iglesia Católica acepta el respeto y la veneración a estas imágenes en nuestros templos, pero nunca ha enseñado la adoración a una imagen. A veces, dicen los hermanos de otra religión que nosotros adoramos a las imágenes. Están muy, pero muy equivocados y debemos, eso sí, perdonarles sus expresiones. La Iglesia Católica acepta que guardemos imágenes o cuadros en nuestros templos siempre que no sea en forma exagerada. ¿Qué quiero decir con ello? Quiero decir que a veces nuestras iglesias parecen una exposición de santos y en algún caso están tan mal colocados, que no hay espacio ni para la imagen de Cristo. Ahí sí que exageramos. Por eso el Concilio Vaticano pidió que no se repitiera más de una imagen por cada santo y que el lugar central de la Iglesia, a ser posible, esté reservado siempre para la imagen de Cristo. Está claro, entonces, que nunca podemos dar culto de adoración a una imagen, nunca podemos ponernos de rodillas delante de una imagen para adorarla, pero sí podemos ponernos de rodillas ante una imagen para pedir perdón por nuestros pecados y para suplicar que el santo interceda ante Dios por nosotros.
En todas estas discusiones, hermanos míos, guardemos el amor. ¿Quién eres tú para juzgar a tú hermano? (Stgo. 4, 12). Cada uno puede arrodillarse en cualquier parte para invocar a Dios, en el patio de su casa, en el campo. En la noche antes de acostarse uno puede arrodillarse delante de un crucifijo para así hablar con Dios. A veces hay gente que piensa que tal imagen es milagrosa y le atribuyen un poder mágico. Debemos corregir estas actitudes y explicarles que sólo Dios hace milagros. Por supuesto aceptamos que Dios puede actuar por intercesión de los santos. Hermanos: no aplastemos la fe de nuestros hermanos que tal vez tienen poca formación cristiana, no critiquemos y no hablemos mal de otros. Ofender al hermano es un pecado muy grave. Es triste constatar el lenguaje ofensivo de nuestros hermanos evangélicos hacia los católicos. Tratemos de devolver bien por mal.

Martín Lutero, el fundador del protestantismo y de las iglesias evangélicas, nunca rechazó las imágenes, todo lo contrario, él dijo que las imágenes eran «el Evangelio de los pobres». ¿A quién de nosotros no le gusta contemplar un lindo cuadro o una hermosa imagen? Muchas veces mirando un cuadro o una imagen podemos más fácilmente entrar en oración y en un profundo contacto con Dios. ¿Quién puede negar por ejemplo la belleza de la Piedad de Miguel Ángel? Pues bien, según los evangélicos habría que destruirla porque va contra la Biblia ¡Qué disparate tan grande! Ello es hacer decir a la Biblia lo que nunca la Biblia ha dicho. Ello es una distorsión de lo que Dios nos quiere decir en la Biblia. Una regla de oro para interpretar la Biblia es mirar siempre el contexto de una frase y no aferrarse a la letra, porque en este caso, sin el contexto, hasta se puede hacer decir a la Biblia que «Dios no existe» porque la Biblia pone esta frase en labios del tonto (Sal. 10, 4).


Los falsos dioses o ídolos de este mundo moderno. 
Hermanos, los ídolos o falsos dioses de este mundo moderno no están en los templos, sino que son poderes que dominan al hombre moderno por dentro. Son poderes falsos que destruyen las buenas relaciones con el prójimo y con Dios. Estos ídolos modernos están a veces en nuestras calles, en nuestras instituciones, en nuestras comunidades y familias. Esta es la idolatría que hemos de desterrar. Pienso, por ejemplo, en el falso dios del poder y de la dominación que quiere aplastar tu libertad y engañar pueblos enteros; en el falso dios «poder» que provoca guerras y matanzas de gente inocente. Este es el «ídolo» moderno que se pasea por el mundo. Pienso en el falso dios «dinero» que domina tu corazón, que comienza con mentiras, engaños, robos, tráfico de drogas etc. y que pareciera que en nombre de este dios dinero todo está permitido. Pienso en el falso dios del sexo desorientado, en el dios que destruye la unión familiar, en el dios de la pasión que engaña al hombre y a la mujer, es el falso dios que deja los niños desamparados, en el falso dios que destruye el verdadero amor y que se resiste a servir a una comunidad.

El lugar desde donde estos falsos dioses comienzan a brotar está en nuestro corazón. Es el demonio mismo que quiere destruir nuestro corazón como templo de Dios. Y mucha gente entre nosotros, sin darse cuenta, está bajo el poder de estos falsos dioses y no dan lugar en su corazón al único y verdadero Dios del amor. Hermanos, no debemos buscar ídolos o falsos dioses en cosas de madera o de yeso, en imágenes o cuadros, sino en nuestro corazón. Si volviera ahora Moisés a nosotros, no se referiría a las imágenes ya que hoy no está el peligro de la idolatría, sino que gritaría: «No te hagas falsos dioses dentro de tu corazón, destruye los vicios fuente de toda idolatría». Esto es lo que ya hicieron los profetas que vinieron después de Moisés. Los primeros misioneros que evangelizaron América Latina trajeron de España y del Perú numerosas imágenes del Señor, de la Virgen y de los santos. Son imágenes religiosas cargadas de historia que penetraron hondamente en el alma de nuestro pueblo y que aparte de su valor escultórico tienen el mérito de que ante ellas oraron nuestros antepasados. Y cada capilla tiene las imágenes de sus patronos. Todas ellas nos recuerdan los misterios centrales de la encarnación e ilustran de alguna manera la Historia de la Salvación realizada por Dios a favor nuestro. Así que cuando lleguen los evangélicos a las puertas de sus casas y les digan que los católicos somos unos idólatras porque adoramos las imágenes ya saben qué contestarles. Díganles que no es correcto sacar frases de la Biblia fuera de su contexto para hacer decir a la Biblia lo que nunca dijo. Y que la Biblia nunca ha prohibido las imágenes como adornos religiosos. 


Finalmente hay que tener presente que en el A. T. no podía representarse a Dios porque el Verbo no había tomado cuerpo ni forma humana. Pero en el N. T. es distinto. Con la Encarnación, el Verbo Dios tomó forma humana y si El mismo se hizo hombre hace dos mil años y nos mandó guardar su memoria es que quiere que nosotros lo representemos así, como hombre, para recordar que «el Verbo se encarnó y habitó entre nosotros». Y si representarlo en una pintura o en una imagen ayuda a recordar su memoria ¿qué de malo hay en ello? Pero por sobre todo hay que entender la evolución gradual que hay entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Algunas sectas dan la impresión de que quedaron petrificadas en el Antiguo Testamento y sólo por ignorancia o mala voluntad pueden decir lo que dicen. Es decir, se aferran de textos aislados, los sacan de su verdadero contexto, y confunden a los no iniciados en la Biblia. Y aquí le viene recordar que el mismo Jesús confirmó esta progresiva evolución entre el Antiguo y el Nuevo Testamento cuando dijo: «Antes se les dijo... ahora les digo».


 Cuestionario
¿Qué es lo que prohíbe la Biblia referente a las imágenes? ¿Prohíbe las imágenes de falsos dioses? ¿Prohíbe las imágenes como objetos de adorno o de veneración? ¿Qué mandó construir Dios a  Moisés? ¿Había esculturas en el templo de Jerusalén? ¿Qué habría que hacer, según los evangélicos,  con todas las imágenes, incluida la famosa Piedad de Miguel Ángel? ¿Cuáles son los ídolos de hoy? ¿Cómo fustigaría hoy Moisés a los ídolos modernos?


Por: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá

viernes, 8 de septiembre de 2017

Las 7 Gracias que te concede la Virgen de los Dolores.


Meditar los siete Dolores de Nuestra Madre Santísima es una manera de compartir los sufrimientos más hondos de la vida de María en la tierra. 

Cada 15 de septiembre (desde la restauración litúrgica del Papa San Pío X en 1914), la Liturgia de la Iglesia nos invita a recordar los dolores de la Virgen María, Madre de Nuestro Salvador.

Siempre los cristianos han aprendido de la Virgen a mejor amar a Jesucristo. La devoción a los Siete Dolores de la Virgen María se desarrolló por diversas revelaciones privadas.
La Virgen comunicó a Santa Brígida de Suecia (1303-1373):

"Miro a todos los que viven en el mundo para ver si hay quien se compadezca de Mí y medite mi dolor, más hallo poquísimos que piensen en mi tribulación y padecimientos. Por eso tú, hija mía, no te olvides de Mí que soy olvidada y menospreciada por muchos. Mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y mis lágrimas y duélete de que sean tan pocos los amigos de Dios."

Nuestra Señora prometió que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:

"Yo concederé la paz a sus familias."
"Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios."

"Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos.»

"Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino    Hijo o     a la salvación de sus almas."
"Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada        instante de sus vidas."
 "Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre.

"He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno."


Según San Alfonso María Ligorio, Nuestro Señor reveló a Santa Isabel de Hungría que El concedería cuatro gracias especiales a los devotos de los dolores de Su Madre Santísima: 

Aquellos que antes de su muerte invoquen a la Santísima Madre en nombre de sus dolores, obtendrán una contrición perfecta de todos sus pecados.

Jesús protegerá en sus tribulaciones a todos los que recuerden esta devoción y los protegerá muy especialmente a la hora de su muerte.

Imprimirá en sus mentes el recuerdo de Su Pasión y tendrán su recompensa en el cielo.  Encomendará a estas almas devotas en manos de María, a fin de que les obtenga todas las gracias que quiera derramar en ellas.

Meditar los siete Dolores de Nuestra Madre Santísima es una manera de compartir los sufrimientos más hondos de la vida de María en la tierra:


1º Dolor
La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús
2º Dolor2
La huida a Egipto con Jesús y José
3º Dolor
La pérdida de Jesús
4º Dolor
El encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario
5º Dolor
La crucifixión y la agonía de Jesús
6º Dolor
La lanzada y el recibir en brazos a Jesús ya muerto
7º Dolor

El entierro de Jesús y la soledad de María. La fiesta de Nuestra Señora de los Dolores se celebra el 15 de septiembre, al día siguiente de la Exaltación de la Santa Cruz. Al pie de la Cruz, donde una espada de dolor atravesó el corazón de María, Jesús nos entregó a su Madre como Madre nuestra poco antes de morir. En respuesta a esta demostración suprema de su amor por nosotros, digamos cada día de nuestras vidas: "Sí, Ella es mi Madre. Jesús, yo la recibo y te pido que me prestes tu Corazón para amar a María como Tú la amas."






Por: Redacción

martes, 5 de septiembre de 2017

Nuestra Señora de la Guardia.

Ostenta el patronazgo sobre la ciudad de Génova

Historia:
El 29 de agosto de 1490, Benedicto Pareto era un humilde campesino de Livellato, un pequeño pueblo del valle de Polcevera, próximo a Génova, donde vivía con su esposa y sus dos hijos.

Una mañana, como acostumbraba hacerlo, cuidaba sus ovejas en espera del almuerzo cuando, súbitamente, se le apareció una señora de bello aspecto, resplandeciente como el sol, quien le habló dulcemente: “No temas, oh Benedetto. Yo soy María, la Madre de Jesucristo” e, indicándole con la mano al sitio, le dijo: “Yo quiero que tú me hagas fabricar una Capilla”.

“Señora, -replicó Paretto-, yo estoy listo a hacer todo aquello que me encomendares, pero soy tan pobre, y fabricar sobre este monte tan alto y tan desierto, llevará tanta fatiga y tanto gasto que yo espero poder hacerlo”. “Benedetto, -replicó María- no temas; con mi ayuda te será fácil cada cosa”. “Y bien, -concluyó Paretto- en Vos confío, oh, mi Señora, pondré manos a la obra encomendada”.


Milagrosa curación: 
De regreso en su casa, el pastor, presa de viva excitación, narró lo ocurrido a su familia, recibiendo como respuesta que se estaba volviendo loco y que el pueblo entero de mofaría de él. En vista de ello, Benedicto decidió olvidar lo acontecido y seguir su vida normalmente.

Unos días después, se hallaba en lo alto de una higuera cuando la rama sobre la que se hallaba de pie se quebró. Benedicto cayó pesadamente al suelo, fracturándose ambas piernas por lo que debió guardar cama varios días. Mientras convalecía, se le apareció nuevamente a la Virgen que, con tono suave y delicado, le reiteró su pedido.

Pareto comprobó emocionado que sus heridas habían sanado y que ya no padecía dolores, novedad que corrió por todo el, pueblo, despertando el asombro y curiosidad de sus habitantes y la sorpresa de su familia.

La construcción del santuario:
Con la ayuda de sus hijos y el vecindario, Benedicto comenzó a construir la capilla, tarea a la que se sumó la familia Ghersi, aportando una importante suma de dinero y una bella imagen de mármol para el altar, que representaba a Nuestra Señora con el Niño en brazos.

Cuando el templo estuvo terminado, comenzaron a acudir los fieles en gran número. Sin embargo, poco después se pudo comprobar que no era suficiente para tantos, razón por la cual, se decidió levantar una iglesia mayor, capaz de recibir a las grandes multitudes que llegaban permanentemente del norte de Italia y de la misma Francia.

En 1530 comenzó a edificarse un nuevo santuario que sería reemplazado en 1890 por la grandiosa basílica actual.

Devoción y Reconocimientos:
La devoción a Nuestra Señora de la Guardia se difundió por el valle de Polcevera primero, por la Liguria después y finalmente por toda Italia, convirtiéndose en la advocación preferida de los antiguos navegantes genoveses.

En 1915 el Papa Benedicto XV elevó el santuario a basílica menor mandando, además, colocar una imagen de la Virgen de la Guardia en los jardines del Vaticano.

Desde el monte Figogna, la devoción se expandió por el mundo siendo de destacar los santuarios del Piamonte, América y África pertenecientes a la Pequeña Obra de la Divina Providencia, fundada en Tortona.

En la Argentina, san Luis Orione en persona atribuyó a un milagro el que Monseñor Francisco Alberti, Obispo de La Plata, le concediese la abandonada iglesia de Victoria, en el partido de San Fernando, para iniciar desde allí su apostolado. “Vine a la Argentina a levantarle una iglesia –exclamó al ver la imagen de la Virgen genovesa sobre una caja de madera, a un costado del altar - pero ella fue mucho más diligente y me la entrega hecha”. En 1990 Monseñor Giovanni Canestri, arzobispo emérito de Génova, puso bajo su auspicio la misión diocesana que dos años después se puso en marcha en el barrio de Guaricano, Santo Domingo, República Dominicana.

Todos los 29 de agosto la Iglesia celebra la fiesta de Nuestra Señora de la Guardia, patrona de Génova, fecha en la que, según la tradición, se produjo su aparición en los alrededores de Livellato.

¿Por qué el Nombre De “La Guardia” ?:
Es preciso saber que era uso antiguo cerca de los griegos y los romanos y otros pueblos colocar sobre los montes, especialmente a lo largo del litoral, puestos de guardia o semáforos, los cuales deberían señalar el avecinarse de los enemigos en tiempo de guerra, o también de naves infectadas en tiempos de epidemia. De estas guardias derivó el nombre de “Guardia” al lugar mismo donde éstos se colocaban, y por lo tanto se designaban aquellos lugares “Cabo de la Guardia”, “Monte de la Guardia”, etc. El cual puede haber sido también el nombre dado al monte Figogna, dada su posición eminentemente estratégica y consiguientemente al Santuario en él erigido. 

En el curso de los siglos Nuestra Señora de La guardia fue defensa, la guardia, el refugio de los genoveses en todos los peligros, en todas las necesidades, como atestiguan los votos y péndulos del Santuario, y la voz unánime de sus devotos.









Por: Cristina Huete García



viernes, 25 de agosto de 2017

10 enseñanzas de Santa Rita de Casia.


"Ser santo en la actualidad".

“El verdadero perdón, no pide nada a cambio.” Santa Rita de Casia En la actualidad, nos parece difícil, lejano, imposible… ser santos. Vivimos en una sociedad que sólo nos incita a buscar nuestros propios bienes y nos aleja del verdadero amor, el amor de Dios.

Santa Rita de Casia es un modelo de vida y santidad en la vida diaria. Una mujer santa en su época, mujer, madre, esposa, hija y entregada a servir a su comunidad.

Si llegáramos a comprender que sólo Dios conoce verdaderamente el plan que tiene para nosotros y que, aunque en ocasiones no lo entendamos ni lo sintamos cerca, Dios jamás se aleja de nosotros.

Su historia pudiese resumirse así: Ella, vivió en un tiempo en que había guerras, rebeliones y corrupción. Se casó con un hombre que vivía la violencia en carne viva, que luchaba todo el tiempo junto a su familia y eso representaba la hombría y dignidad. Ella sufría que no existiera la paz y que los demás estuvieran en pecado. No soportaba la idea de que su esposo pudiera perder su alma. Hoy quisiera compartirles varias enseñanzas que me deja el testimonio de Santa Rita, para poder aplicarlas en nuestra vida diaria:

1.- Con Dios: Abandonarse a él todas las cosas.
Santa Rita, nos enseñó cada momento de su vida a abandonarse a Dios las cosas. Cuando conoció a Paolo antes de ser su esposo, y sus familias eran sumamente distintas, ella le pidió a Dios que si Paolo era para ella permitiera que todo se diera, ella le decía a Dios que sus sentimientos hacia él eran puros de corazón.

2.- En el Matrimonio: Amar con pureza de corazón y rezar por el alma del esposo.
Pidámosle a Dios amar con esa pureza de corazón a nuestra pareja. Ella también nos enseñó a rezar por su esposo y por su conversión. Jamás se cansó, sino buscó entender y comprender que el tenía una formación diferente.

3.- Con los Hijos: Pedirle a Dios todos los días que no caigan en pecado, antes que su alma se salve. Cuando Santa Rita se convirtió en madre de unos gemelos, jamás imaginó que se vería inmersa en la misma cruz que la Virgen María, entregarle a Dios a sus hijos. Cuando Paolo su esposo fue asesinado, sus hijos debían vengar la muerte de su padre. Ella, con temor de que sus hijos se convirtieran en asesinos, le pidió a Dios que antes de que sus hijos cayeran en pecado mortal y perdieran su alma, se los llevara con él. Dios le concedió llevarse a sus hijos arrepentidos de desear la muerte del asesino de su padre.

4.- Aceptar con amor las contrariedades de cada día y de ser juzgado por su misma familia.
Santa Rita siempre fue juzgada por tratar de cambiar a Paolo y acercarlo a la fe, por luchar para que el dejara de matar y viviera acorde a su fe. Ella vivió grandes juicios y rechazos por parte de la familia de Paolo, de los cuales ella siempre respondió en silencio, con amor y sin juzgar, todo ofreciéndole a Dios.

5.- Encontrar una causa en la cual servir y amar a Dios. 
Rita encontraba a Dios curando enfermos. Ella visitaba constantemente los hospitales y ayudaba a las hermanas de su comunidad a curar personas que llegaban heridas. Ella decía que sólo sirviendo se encontraba a Dios.

6.- Implorar y buscar el perdón.
Cuando Paolo murió, ella perdonó a sus asesinos en el funeral. Y la constante de su vida fue buscar perdonar. Decía que sólo perdonando de corazón se podía amar a Dios.

7.- Buscar la paz de su comunidad.
Santa Rita no descansó hasta que las dos familias poderosas de Casia, que se contrariaban constantemente, extendieron su perdón. Buscó por todos los medios hablar con ellos y no descansó, junto a la oración, hasta que ambos se reconciliaron.

8.- Ser dócil al plan de Dios.
El deseo más grande de Santa Rita después de haber perdido a sus seres queridos, era vivir en el convento y dedicar su vida a Dios. La madre superiora no le permitía y ella supo esperar con paciencia y amor, aún en soledad, buscando a Dios en la oración y sirviendo a los enfermos. Un día, mientras le decía a Dios que lo sentía tan cerca, se quedó dormida. Al día siguiente, amaneció dormida en el convento. La historia cuenta que Dios, y San Nicolás, San Agustín y San Juan Bautista la llevaron dormida.

9.- Obedecer con amor.
Ella fue puesta a prueba, la madre superiora le ordenó regar cada día una planta muerta. Rita obedeció día con día, y una mañana, la planta se convirtió en una vid que floreció y dio uvas que se usaron para el vino sacramental.

 10.- Amar la cruz y la pasión de Cristo.
Sus últimos años, los pasó enferma. Dios le concedió los estigmas. Ella vivía de cara a Dios y aceptó con amor cómo su cuerpo se consumía, con confianza y paz. Para vivir de cara a Dios, hay que buscar amar, trabajar en nuestras virtudes, buscar vencer nuestros vicios, y arrancarle a Dios la gracia de aprender a amarlo, de ser puros de corazón, de tener un corazón cómo el suyo.

Santa Rita, concédenos un corazón puro como el tuyo, un amor servicial y entregado a nuestro esposo e hijos, un fervor y una capacidad de entregarle a Dios lo que somos cómo tú lo hacías en la oración. Concédenos ser dócil y aceptar el plan que Dios nos tiene. Te pedimos le lleves a Jesús nuestras intenciones y nos ayudes a ser cómo tu para un día merecer el cielo. Amén.



Por: María José César de Espinoza

jueves, 24 de agosto de 2017

Dymphna Santa Virgen y Mártir Irlanda.

Dympna (o Difna), Santa 30 de mayo 
Patrona de los epilépticos y de los enfermos mentales
Martirologio Romano: En Gehele, de Brabante, en Austrasia, en territorio de la moderna Bélgica, santa Dympna, virgen y mártir (s.VII)

Etimológicamente: Dimpna = ciervo pequeño, venadito. Viene de la lengua irlandesa.

La devoción a Santa. Dimpna se hizo muy popular a causa de las curaciones de epilépticos y lunáticos con sus reliquias. Desde entonces se le considera patrona de los enfermos mentales. En el siglo XIII se construyó en Gheel una enfermería para enfermos mentales que hoy en día es un moderno hospital psiquiátrico. Allí se veneran las reliquias de la santa.

Dympna es la hija única de un rey pagano irlandés. Era bellísima y muy parecida a su madre. Cuando esta murió el rey viudo quedó desconsolado hasta el punto de quedar mentalmente perturbado. Sus cortesanos le sugirieron que se vuelva a casar. El aceptó, pero buscaba a una mujer que fuera una réplica exacta de su difunta esposa. Al no encontrarse, un consejero le sugirió que se case con su hija que tanto se parecía a su madre. Aunque al principio el rey rechazó la idea, por su estado de obsesión, terminó
aceptando. 

La hija rehusó y se mantuvo firme como una roca. "Definitivamente no. Si tuvieras algo de decencia no me propondrías esta unión. Sabes que soy cristiana. Tú te atas a tus creencias paganas. Al menos permíteme vivir según mis propias convicciones" 
Él trató de convencerla con halagos, peticiones... cuando eso no dio resultado, la amenazó y juró hacerla pagar por su rechazo. Dimpna logró una prórroga de 40 días. En ese tiempo fue a dirigirse con el Padre Gereberto quien le aconsejó guardar su distancia. Después de pensarlo más, el padre le aconsejó que huyera del palacio. 

El Padre Gereberto, Dimpna junto con otros cruzaron el mar y llegaron a Antwerp, en la costa de Bélgica. Se asentaron en el pueblo de Gheel, cerca de un santuario dedicado a San Martín de Tours. Por tres meses vivió entre ellos. Pero el rey por medio de espías logró conocer su paradero y fue en persona Gheel. 
Trató una vez más de atraerla, con promesas, ofreciéndole dinero y prestigio. Dimpna sabía que aquella propuesta ofendía a Dios. Además, con el consentimiento del Padre Gereberto, había hecho un voto de virginidad. 

Para aislarla de su apoyo moral, el rey mandó a matar a Padre Gereberto. Pero Dimpna aún se mantuvo firme: "Nada, nada me inducirá a ofender a Jesucristo". Enfurecido, el rey mandó a sus vasallos a que la maten. Pero ellos, por primera vez, rehusaron obedecerle. Ellos conocían que la princesa era virtuosa y la respetaban. No podían disponerse a matarla. Entonces el rey con su propia arma cortó la cabeza de su hija. Dypna muere mártir a los 15 años de edad. Además de los patronatos ya señalados, también es la patrona de los sonámbulos, de las víctimas de incesto y de las víctimas de violación.



Oración

Señor, 
Dios nuestro, 
Amablemente adoptaste a Santa Dimpna
como patrona de aquéllos afligidos
con desórdenes mentales y nerviosos. 
Ella es fuente de inspiración
y símbolo del amor para todos quienes piden su intercesión. 
Por favor concede, Señor,
a través de las oraciones de esta pura y joven mártir,
alivio y consuelo a todos los que sufren tales pruebas, 
y en especial a aquéllos por los que nosotros oramos. 
(Aquí se mencionan los nombres de aquéllos por los que usted desea orar). 
Nosotros te suplicamos, Señor,
oír las oraciones que Santa Difna presenta en nuestro nombre. 
Concede a todos aquéllos,
por los que nosotros oramos,
paciencia en sus sufrimientos
y resignación ante tu voluntad. 
Por favor llénalos de la esperanza, 
y concédeles el alivio y cura que tanto desean. 
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor
que sufrió la agonía en Getsemaní. 
Amén.