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miércoles, 4 de julio de 2018

Siete Pasos para ser Humildes


La Virtud de la Humildad una de las más difíciles de Conseguir.

De todas las virtudes, la humildad puede considerarse una de las más difíciles de conseguir. Toda la literatura sobre el tema nos lo repite. Siempre recordamos frases de grandes hombres como Ruskin («estoy convencido que la primera prueba de un gran hombre consiste en la humildad») Cicerón («cuanto más alto estemos situados, más humildes debemos ser») y, por supuesto, de santos como el Cura de Ars («si no tienes humildad, puedes decir que no tienes nada»), San Agustín («sólo a pasos de humildad se sube a lo alto de los cielos») o Santa Teresa («aquélla que le parece que es tenida en menos entre todas se tenga por más dichosa»).



Es experiencia de todos sentir el aguijón de ese “yo” que nos impulsa a hacer lo que muchas veces no queremos realizar. ¡Cuántas veces nos arrepentimos de nuestras acciones y deseamos vivir con más sencillez y menos altanería! ¿Cómo ser humilde? Dentro de las muchas presentaciones que me llegan, esta semana hubo una que me llamó particularmente la atención y que daba, justamente, siete pasos para conseguir la humildad. Me picó la curiosidad. Su lectura me ha ayudado mucho y he querido compartirla con todos ustedes, retocándola un poco (a cada consejo le he añadido un párrafo de algún santo que le dé más peso y contenido). Ciertamente, estas líneas no pretenden ser un manual de “consígalo sin esfuerzo”. No hay rosa sin espinas. Pero tal vez la lectura de este artículo pueda ayudar a alguno a enderezar el camino, como si se tratase de un GPS que pide una reorientación de ruta. Espero, pues, que estos ocho pasos sirvan a más de uno.



1.      Procura descubrir lo mejor de cada uno:

Todo ser humano ha tenido experiencias que tú no has tenido, y en esos aspectos te aventaja. Einstein, reputado como uno de los grandes cerebros de la humanidad, dijo: «Nunca he conocido a una persona tan ignorante que no tuviera algo que enseñarme». «Procuremos siempre mirar las virtudes y cosas buenas que viéremos en los otros, y tapar sus defectos con nuestros grandes pecados. Es una manera de obrar que, aunque luego no se haga con perfección, se viene a ganar una gran virtud, que es tener a todos por mejores que nosotros, y comiénzale a ganar por aquí el favor de Dios» (Santa Teresa de Jesús, Vida, 13, 6).



2. Elogia sinceramente a los demás:

¿Cómo se va a desdeñar a una persona a la que se le está diciendo lo que se admira de ella? Cuanto más se mencionen las buenas cualidades de quienes rodean a uno, más virtudes se descubrirán en ellos, y será más difícil que uno caiga en la trampa del egocentrismo. «La humildad es la virtud que lleva a descubrir que las muestras de respeto por la persona –por su honor, por su buena fe, por su intimidad–, no son convencionalismos exteriores, sino las primeras manifestaciones de la caridad y la justicia» (San José María Escrivá, Es Cristo que pasa, 72).



3. No te demores en admitir tus errores:

Dicen que la frase más difícil de pronunciar en cualquier idioma es: «Me equivoqué». Quienes se rehúsan a hacerlo por orgullo suelen volver a caer en los mismos errores (sólo el hombre cae dos veces en la misma piedra) y, además, terminan marginándose de los demás. «La humildad es una antorcha que presenta a la luz del día nuestras imperfecciones; no consiste, pues, en palabras ni en obras, sino en el conocimiento de sí mismo, gracias al cual descubrimos en nuestro ser un cúmulo de defectos que el orgullo nos ocultaba hasta el presente» (Santo Cura de Ars, Sermón sobre el orgullo).



4. Sé el primero en disculparse después de una discusión:

Si la frase más difícil de pronunciar es: «Me equivoqué», la siguiente más difícil debe de ser: «Perdóname». Ese simple vocablo mata el orgullo (pues te reconoces tan pecador como él) y pone fin al altercado: dos pájaros muertos de un solo tiro. Pero para eso, es necesario reconocer que tanto él como yo podemos equivocarnos…



«Si vieres a alguno pecar públicamente, o cometer cosas graves, no te debes estimar por mejor: porque no sabes cuánto podrás tú perseverar en el bien. Todos somos flacos; mas tú no tengas a alguno por más flaco que a ti» (La Imitación de Cristo, I, 2, 4).

5. Admite tus limitaciones y necesidades:



Es parte de la naturaleza humana querer dar la impresión de ser fuerte y autosuficiente; eso normalmente no hace más que dificultar las cosas. Si manifiestas humildades pidiendo ayuda a los demás y aceptándola, sales ganando. «Esto de no fiarse del propio parecer nace de la humildad. Por ello, el cap. II de los Proverbios dice que donde hay humildad, hay sabiduría. Los soberbios, en cambio, confían demasiado en sí mismos (Santo Tomás de Aquino, Sobre el Padrenuestro, l.c., 142).



6. Sirve a los demás:

Ofrécete a ayudar a los ancianos, los enfermos y los niños, o a prestar algún otro servicio comunitario. Saldrás beneficiado, pues aparte de adquirir humildad, te ganarás la gratitud y el cariño de muchas personas. «Cuando se te presente la ocasión de prestar algún bajo y abyecto al prójimo, hazlo con alegría y con la humildad con que lo harías si fueras el siervo de todos. De esta práctica sacarás tesoros inmensos de virtud y de gracia» (León XIII, Práctica de la humildad, 32).



7. Reconócele a Dios el mérito de toda cualidad que tengas y de todo lo bueno que te ayude a hacer:

Es importante abrir los ojos del alma y considerar que no se tiene nada nuestro de lo que debamos gloriarnos. Lo único que realmente tenemos es pecado y debilidad. Los dones de la naturaleza y de gracia que hay en nosotros, solamente merecen ser agradecidos a Dios, que nos lo ha dado cuando ha pensado en nosotros al crearnos.

catholic.net


viernes, 17 de noviembre de 2017

10 cosas que quizás no sabías sobre el Purgatorio


Lejos de aquella imagen maligna de un infierno light, el Purgatorio refleja fielmente la belleza de las enseñanzas de la Iglesia. El purgatorio es una de las enseñanzas más incomprendidas de la Iglesia. Lejos de aquella imagen maligna de un Infierno con segunda oportunidad o un infierno light, que los críticos han procurado crear, el Purgatorio refleja fielmente la belleza de las enseñanzas de la Iglesia.

Aquí hay 10 cosas del Purgatorio que seguramente te sorprenderán:

1.- Los padres de la Iglesia nos lo enseñaron.
usualmente el Purgatorio se asocia con el catolicismo de la edad media, pero en la Iglesia se ha creído en él desde los primeros tiempos. Aunque no utilizaban específicamente el termino Purgatorio, está claro que muchos de los padres de la Iglesia creían, sin embargo, en su existencia. En su libro "Ciudad de Dios", San Agustín declara:

"Pero hay penas temporales que unos las padecen solamente en esta vida, otros después de la muerte y otros ahora y después. […] Mas no todos los que han de sufrir tras la muerte penas temporales caerán en las eternas, que tendrán lugar después de juicio. Hará algunos, en efecto, a quienes se perdonará en el siglo futuro lo que no se les había perdonado en el presente; o sea, que no serán castigados con el suplicio eterno del siglo futuro, como hemos hablado más arriba".

También han hablado sobre el purgatorio Orígenes, San Ambrosio, San Jerónimo, San Basilio, Gregorio de Nisa, Gregorio El Grande y San Beda
2.- Las almas en el Purgatorio conocen su destino
Uno se pregunta, si un cristiano fiel muere y se encuentra sufriendo en el más allá, ¿será capaz de entender la diferencia entre el infierno y el Purgatorio? ¿Sabrá que está por llegar al Cielo? Al respecto, la respuesta es un sí rotundo. La Enciclopedia Católica lo define así:

"¿Saben las almas detenidas en el Purgatorio que su felicidad solo ha sido diferida por un tiempo, o tendrán dudas al respecto de su salvación definitiva? La antigua liturgia y las inscripciones en las catacumbas hablan del "sueño de la paz", lo que sería imposible si hubiese alguna duda con respecto a la salvación definitiva".
3.- Las almas del Purgatorio pueden interceder por nosotros
A menudo nos dicen, muy atinadamente, que debemos orar por las almas del Purgatorio. Pero algunos creen que ellas también pueden orar por nosotros. Tiene sentido si lo pensamos: ellas están, después de todo, más cerca de Dios que nosotros, de tal manera que sus peticiones tienen un gran poder de intercesión. Este era de hecho, el argumento básico de teólogos como San Roberto Belarmino.

4.- Los antiguos paganos también lo creían
Así como otras culturas tienen creencias muy enraizadas sobre la vida después de la muerte, parecidas a nuestras a nuestro Cielo e Infierno, así tenían una creencia extendida de que existía algo como el Purgatorio, según nos indica la Enciclopedia Católica. Por ejemplo, el gran poema Romano épico La Eneida, describe almas que habían tenido "sus manchas de maldad… consumidas por el fuego" antes de llegar a los "gozosos campos de Elíseo". Claro que la doctrina cristiana del Purgatorio no es una idea pagana, como tampoco lo son el Cielo o el infierno.

5.- Las almas del Purgatorio estarán con otros creyentes
Tendemos a olvidarnos que las almas que están en el Purgatorio no están sufriendo solas – de otra forma el termino Iglesia Sufriente o Purgante, no tendría significado. Solo podemos especular, pero parece razonable suponer que las almas en el Purgatorio pueden consolarse unas a otras como lo hacemos nosotros aquí en la tierra

6.- Las almas están unión con Cristo.
Nuevamente, el Purgatorio es una especie de paso intermedio o “tiempo de espera” en nuestras vidas de fe, entre este mundo y la visión beatífica que añoramos tener en el Cielo. Si las almas en el Purgatorio efectivamente son parte de la Iglesia Sufriente, entonces de alguna forma también son parte del Cuerpo Místico de Cristo y por lo tanto permanecen unidas a Él.

¡Que más cerca podrían estar de Cristo Crucificado que en el sufrimiento del Purgatorio! Escuchamos mucho acerca de la unión de Cristo con aquellos que llevan una vida santa, pero el obvio potencial de una profunda unión en el Purgatorio parece ser subestimado.

7.- El sufrimiento es voluntario.
Santa Catalina de Génova, autora de un tratado sobre el Purgatorio, dice que una vez que el alma ha visto lo que significa el Cielo, inmediatamente acepta gustosa el Purgatorio. Por supuesto, el mismo no es voluntario en el sentido de que alguien pueda escoger no ir a él. Pero es voluntario en el sentido que el alma se somete voluntariamente al mismo, que es lo mismo que propone Santo Tomas de Aquino.

8.- Cristo consuela a quienes están en el Purgatorio
¿Recuerdas la parte del Credo acerca de que Cristo descendió a los infiernos? Tradicionalmente los teólogos consideraban al Purgatorio parte del infierno, entendiendo al infierno como cualquier lugar que no fuese el Cielo. Al descender, todos los que estaban en “alguna parte del infierno” fueron de “alguna forma visitados por Cristo”, como indica Santo Tomas de Aquino en Suma Teológica. También señala que los Santos Padres en el limbo fueron liberados, mientras que las ánimas del Purgatorio fueron consoladas.

9.- Habrá también gozo así como hay sufrimiento
Las historias tradicionales del Purgatorio se centran en el dolor y el castigo. Hay más que eso en el Purgatorio. Santa Catalina de Génova lo describe como un lugar de tremendo gozo:
"Yo creo que no se puede encontrar mayor felicidad comparada con aquella de un alma en el Purgatorio, salvo la de los Santos en el Cielo; y cada día esa felicidad crece a medida que Dios fluye en estas almas y los obstáculos a su presencia se consumen. El pecado enmohece la resistencia a Dios y el fuego quema ese moho para que el alma se pueda abrir a ese influjo divino".

10.- El Purgatorio hace santos.
Esta conclusión, aunque suene tan radical, es inevitable. La doctrina católica básica sobre quien llega al Cielo y quien va al Purgatorio puede ser definida de esta forma: aquellos que han alcanzado tal estado de santidad que no necesiten pasar por los fuegos purificadores del Purgatorio van directo al Cielo. Los llamamos, muy apropiadamente, Santos.

Dicho de otra forma, solo los santos van al Cielo. Eso es lo que el Purgatorio hace: nos transforma a todos los que terminamos ahí en Santos. Esa es la belleza de la enseñanza de la Iglesia sobre el Purgatorio.



Por: Stephen Beale |

Almas del Pulgatorio



Hoy se inicia la Novena por las Almas del Purgatorio

El Catecismo de la Iglesia Católica (1030-1031) señala que “los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo”.

La Iglesia llama purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados”.

Asimismo, San Gregorio Magno, Papa y Doctor de la Iglesia, enseñaba que "si Jesucristo dijo que hay faltas que no serán perdonadas ni en este mundo ni en el otro, es señal de que hay faltas que sí son perdonadas en el otro mundo”. “Para que Dios perdone a los difuntos las faltas veniales que tenían sin perdonar en el momento de su muerte, para eso ofrecemos Misas, oraciones y limosnas por su eterno descanso". Por ello, cercanos al día de los fieles difuntos, que la Iglesia conmemora cada 2 de noviembre, aquí una novena para pedir a Dios por las Almas del Purgatorio








Por: Redacción | Fuente: ACI Prensa 

jueves, 24 de agosto de 2017

Aventajados y desventajados para la santidad.



¿Se aplica esto a la santidad?

En la vida algunos nacen con "ventaja" y otros con "desventaja". ¿Se aplica esto a la santidad?

Un niño nace en una familia sana, con medios económicos adecuados, con acceso a buena educación. Arranca con ventaja.

Otro niño nace en una familia difícil, con tensiones, con carencias económicas e higiénicas, sin buena educación. Arranca con desventaja.

En la vida espiritual, uno empieza en un hogar con fe, recibe una catequesis excelente, aprende desde pequeño a rezar, a confesarse y comulgar con frecuencia. Inicia con ventaja.

Otro empieza a vivir desde experiencias difíciles, con vicios adictivos contraídos durante la infancia, con graves pecados en la adolescencia. Inicia con desventaja.

Se puede suponer que el aventajado tiene mucho más fácil su vida espiritual. No tiene que erradicar vicios limitantes. No está atado a dependencias negativas En cambio, el desventajado apenas conoce la existencia de un Dios bueno, y si le enseñan los mandamientos los mira como si fueran metas inalcanzables.

Las ventajas y las desventajas son reales: cada ser humano camina desde la situación en la que ha nacido y según las experiencias que le han marcado a lo largo del tiempo.

Pero en la vida espiritual entra en juego Alguien que abre horizontes insospechados: Dios, con todo su Poder, con todo su Amor, con su misericordia inagotable.

Por eso, el corazón que se deja tocar por la acción de la gracia, que adquiere una nueva visión desde la fe, que queda curado por el perdón, recibe una fuerza insospechada.


Así, un perseguidor como Saulo puede llegar a ser un apóstol entusiasta. Un amante de la gloria humana como Ignacio funda la Compañía de Jesús. Y un niño con una infancia destrozada como Tim Guénard se convierte en un esposo católico lleno de esperanza.

Ventajas y desventajas en el camino de la santidad existen y tienen su papel en la pedagogía divina. En ella el pecado no tiene la última palabra, porque "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rm 5,20).

Todos tenemos abiertas las puertas del Amor divino. Desde la propia situación personal, cada uno tiene ante sí una mano tendida y una Sangre que salva. Nadie está excluido de la misericordia.

El Padre espera y llama a todos sus hijos con ternura y paciencia sin límites. Desde la libertad, podemos acoger su invitación. Y entonces se produce el milagro: la fuerza se manifiesta en la debilidad (cf. 2Co 12,9), la santidad es posible para todos.












Por: P.Fernando Pascual, L.C

martes, 22 de agosto de 2017

La fiesta de Primera Comunión.



Significado religioso del festejo en una Primera Comunión.

Después de la celebración eucarística en la que el niño recibió a Jesús por primera vez, se acostumbra tener una fiesta a la que están invitados todos los asistentes a la misa.

La fiesta simboliza la gran alegría que experimenta la Iglesia entera porque un alma limpia se unió a todos los cristianos mediante la comunión.

No importa la elegancia o la magnitud de la fiesta. Lo importante es celebrar demostrando nuestra alegría.
Las costumbres y tradiciones para la realización de la fiesta varían en cada país y han variado de acuerdo con las formas de vida moderna. Sin embargo, la tradición es que se celebre con un desayuno y al final de la fiesta se entreguen a los invitados unos bolos como recuerdo del evento.


El desayuno tradicional de Primera Comunión en México está formado por tamales y atole champurrado. Esta costumbre data de los tiempos de la conquista, en la cual los misioneros españoles trataron de aprovechar al máximo las tradiciones y la religiosidad popular para hacer entender a los indios los significados más profundos de la religión católica.

Los tamales, elaborados con maíz y manteca, rellenos de diferentes guisos y envueltos en hojas de maíz o plátano, eran un alimento de los indígenas. Los misioneros encontraron en ellos un simbolismo de la Eucaristía: al quitar la hoja que envuelve al tamal sólo se ve el pan, pero al probarlo, se descubren dentro cosas deliciosas: carne de cerdo o pollo, salsas de variados sabores o bien pasas, acitrón y canela en el caso de los tamales dulces.


De la misma manera sucede con el Pan Eucarístico: bajo la apariencia del pan se encuentran frutos exquisitos para el alma. Con respecto a la bebida, los aztecas tomaban el chocolate, cacao mezclado con agua, cuando terminaba el tiempo de la siega, momento en el que ellos creían que llegaba el Dios Quetzalcóatl. Por esta razón, ellos veían el chocolate como un regalo de su dios. Los misioneros españoles mezclaron el chocolate con azúcar y harina de maíz, obteniendo así el atole champurrado, una bebida más espesa y rica que el chocolate con agua y, ofreciéndole después de las primeras comuniones, les hicieron entender a los indígenas que creyendo en Jesucristo recibirán regalos aún más deliciosos de los que les daba su Dios.


Actualmente, ya sólo algunos siguen esta tradición y los tamales han sido sustituidos por otros platillos más internacionales y sofisticados: coctel de frutas, crepas rellenas o soufflés de diversos sabores y pastel, acompañados de jugo de naranja, café y chocolate caliente.

Los bolos que se regalan a los invitados al terminar la fiesta simbolizan las gracias que reciben todos los miembros de la Iglesia por la primera comunión del niño.


Tradicionalmente, los bolos eran estampas con imágenes alusivas a la Eucaristía, en las que se imprimían por el reverso el nombre del niño, de sus padres y padrinos y la fecha en la que realizó la primera comunión y a los niños invitados se les solía regalar recortes de obleas y uvas cristalizadas. Sin embargo, esto también ha ido evolucionando y en la actualidad se regalan infinidad de objetos diferentes: cuadros, iconos, rosarios, libros, dulces o chocolates con figuras diversas, etcétera.








Por: Lucrecia Rego de Planas

lunes, 21 de agosto de 2017

¿Qué piensan los jóvenes de la Iglesia?




 Tenemos ante nosotros una serie de testimonios riquísimos, de comentarios de todo tipo,de lo más variados, ya sea de críticas agudas, ya de confesiones dolorosas, ya de anhelos… ya de todo.

Y esto es invalorable, porque escuchar a tantas personas de situaciones así de diferentes respondiendo a las preguntas fundamentales del hombre y de la vida, no es algo que se ve todos los días. Vale la pena escucharlos. Sí, escucharlos a todos y con hondura, sin prejuicios, buscando escudriñar hasta el fondo del misterio del corazón del hombre (como hacía Jesús). 

Tanto a aquellos que tienen una visión de fe como la nuestra, como -y especialmente- a aquellos que no entienden, aquellos que critican, aquellos que sufren por estar lejos del Señor. De hecho, Él nos ha enseñado, y nos ha enviado a buscar, a evangelizar, justamente a aquellos que no lo conocen, y a aquellos que habiéndolo conocido andan ahora como la oveja perdida o el hijo pródigo, alejados, todavía confundidos entre ese mundo que fascina, pero que desilusiona dejando una huella de “vacío”. Esos como dice Carlos, que aún esperan la respuesta de parte de Dios. Esa respuesta también podemos ser nosotros.

Pero antes de ponernos a escucharlos, y sobre todo antes de buscar responder a sus preguntas o comentarios, tenemos que escucharnos a nosotros mismos y confrontarnos, ¿estamos nosotros -primero que todo- cerca del Señor, o no? Es algo que denota muy bien el video y me parece fundamental.  Pues, es necesario que vivamos lo que predicamos. Tenemos que creer, amar, y vivir a- y en- Jesús, porque el verdadero apostolado no puede ser sino una sobreabundancia de amor, de un amor recibido. … ¡Nadie da lo que no tiene! Por tanto, es necesario que nuestro corazón arda auténticamente en el amor al Señor Jesús.

Finalmente me parecen impresionantes los últimos comentarios, lo cual nos puede ayudar mucho para una reflexión sobre el horizonte de nuestro apostolado, pues manifiestan como detrás de todo ese dolor, en el fondo de sus corazones todavía está esa chispa, esa luz, esa pequeña grieta (como decía Péguy) por la que aún puede entrar el amor de Dios como el agua que penetra toda superficie resquebrajada.

 Es decir, no son personas impermeables, todo lo contrario, anhelan el amor y dejan entrever con mucha sinceridad esa nostalgia de infinito y de reconciliación.

Cómo no experimentarnos interpelados a llevarles el amor del Señor. Quien tiene a Cristo dentro de sí, debería experimentarse como Él, que al desembarcar vio mucha gente y sintió compasión de ellos, pues estaban como ovejas que no tienen pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas. (Marcos 6,33). Amémoslo más, amemos más al Señor y llevémoslo como dice el Papa, “sin guardárnoslo para para nosotros mismos “… pues, el mundo necesita el testimonio de nuestra fe, el mundo necesita a Dios.






Por: Daniel Prieto



sábado, 19 de agosto de 2017

Las 7 características de un Evangelizador


Para llevar a Cristo a los demás es necesario una experiencia con Él.

El pintor, pinta, el escritor, escribe, el médico, medica. Siguiendo esta lógica podemos decir que el evangelizador, evangeliza. ¿Esto es verdadero? ¿Realmente el que evangeliza es un evangelizador? Para llevar a Cristo a los demás es necesario una experiencia con Él, ya que nadie da lo que no tiene y nadie ama lo que no conoce. Ser un auténtico evangelizador no llega de la nada, se va “cocinando” con el tiempo. Es un constante aprendizaje del discípulo hacia el maestro. Es el fruto de una relación cercana, de una amistad. Esa relación se ve reflejada en las obras de los evangelizadores. ¿Cómo puedo ser un auténtico evangelizador? ¿Cómo puedo dar testimonio al mundo de lo que creo y de lo que soy? Primero acrecienta tu relación con el Maestro; segundo, haz un examen personal y ve si estas 7 características están reflejadas en tu vida, vas por buen camino.

Características de un auténtico evangelizador:


1.      Una sólida fe

 Fundamental. Sin fe no podemos evangelizar. No hablo solo de la fe en Cristo, en el Padre y en el Espíritu Santo; sino también de la fe en la Iglesia y su Magisterio. He escuchado a algunos que dicen: «Yo evangelizo, llevó a Cristo a los demás… pero eso del papa, como que no estoy muy de acuerdo…». ¿Cómo que no estás muy de acuerdo? ¿Eres católico o no? Yo no debo creer solo en lo que me conviene, en lo que me gusta; debo creer aquello que Dios me ha revelado y ha dispuesto para mi salvación. Nuestra fe es íntegra, no puede ser una fe de supermercado donde tomó sólo aquello que me gusta y lo demás lo dejo. Por eso el auténtico evangelizador debe decirle al Señor: «¡Creo Señor, pero aumenta mi fe!» (Marcos 9, 24) y día a día renovar su opción por Cristo conociéndole y amándole más.

«La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. Por ella fueron alabados nuestros mayores. Por la fe, sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve resultase de lo que no aparece… fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe…» (Hebreos 11,1-3.12,2).


2.      La coherencia de vida

El Padre Pío de Pietrelcina decía: «Haz el bien, en todas partes, para que todos puedan decir: “Este es un hijo de Cristo”». Pregúntate: ¿mis obras reflejan a Jesús? Quienes me ven, ¿pueden decir que soy un auténtico cristiano? (Piensa…) No pensemos que la coherencia de vida es una carga pesada, insoportable. Al contrario, es lo que nos da la felicidad y nos anima a continuar el buen camino que llevamos. La clave está en la humildad. En reconocer que soy un necesitado de Dios y que él quiere necesitarme. Yo no puedo evangelizar, no soy la luz verdadera; sino que mi misión es ser reflejo de la Luz de Dios. Es Cristo quien vive y evangeliza en mí. La humildad hay que pedirla a Dios, sólo así podremos ser un testimonio viviente de Jesús.

«Vino un hombre, enviado por Dios que se llamaba Juan. Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz. No era él la luz, sino testigo de la luz» (Juan 1:6-8).


3.      Mucha humildad

Desarrollo aquí la característica ya vista en el punto anterior. ¿Qué significa ser humilde? «La humildad es andar en verdad», decía Santa Teresa de Jesús. Y es muy cierto. No podemos ser lo que no somos. Humildad es ser un verdadero hijo de Dios. Humildad es reconocerme pecador. Humildad es saber que sin Dios nada, ¡nada puedo! Humildad es no valorarme por encima de los demás, creyendo que soy mejor. La humildad tiene un efecto práctico en la vida de todo cristiano. Se es humilde siendo humilde, en gerundio. Y es esfuerzo también. Para mantenerme siempre humilde es necesario que practique la humildad. Es muy importante este punto en la Evangelización. Soy humilde cuando sé que la obra no es mía, sino de Dios. Cuando no me apropio de nada ajeno. ¿De quién es el Reino de Dios? ¿La Iglesia? Todo es de Dios, yo solo colaboro, pongo mi grano de arena. Humildad siempre, esa es la actitud cristiana. 

«No hagan nada por rivalidad o vanagloria; sean, por el contrario, humildes y consideren a los demás superiores a ustedes mismos. Que no busque cada uno su propio interés, sino el de los demás. Tengan, pues, los sentimientos que corresponden a quienes están unidos a Cristo Jesús» (Filipenses 2, 3-5).

4.      La fidelidad en lo pequeño

San José María Escrivá decía: «Convenceos de que ordinariamente no encontraréis lugar para hazañas deslumbrantes, entre otras razones, porque no suelen presentarse. En cambio, no os faltan ocasiones de demostrar a través de lo pequeño, de lo normal, el amor que tenéis a Jesucristo» (Amigos de Dios, 8). Así es. No podría haberlo dicho mejor. Lo normal, lo que es pequeño a nuestros ojos puede ser una gran ocasión para ser fiel a mi amor por el Señor. Por ejemplo: cuando estamos en el autobús podemos ceder el asiento, cuando estamos en la fila del banco poder ceder nuestro lugar a alguien mayor o más necesitado, cuando devolvemos el dinero de más que nos dan al pagar las compras… todo esto son “las cosas pequeñas de la vida” que, con amor, ¡se hacen grandes!

«El que es de fiar en lo poco, lo es también en lo mucho. Y el que es injusto en lo poco, lo es también en lo mucho. Pues si no fueron de fiar en los bienes de este mundo, ¿quién les confiará el verdadero bien?» (Lucas 16, 10-11).

5.      Una sólida vida interior

¿Vida interior? Se trata sencillamente de la íntima unión con Cristo. Una unión real, natural, personal y constante. ¿Unión con Cristo? Sí, en el lenguaje espiritual estar unido a Cristo significa que Él esté presente siempre en mi vida. Lo está, efectivamente, pero yo puedo acrecentar esa unión a través de constantes diálogos con Él (oración), a través de las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y a través de la participación activa de los sacramentos. En fin, es buscar que Dios sea parte de mi vida y hacer lo posible para que esta relación crezca cada día más. ¡Ojo que la vida interior se puede perder con facilidad! Sí, cuando preferimos otras cosas, cuando dejamos de ir a misa por comodidad, cuando ya no rezamos. La vida interior no nos garantiza que todo vaya bien, a veces es al revés, se nos dan más ocasiones para que crezca ese amor a Dios a través de tribulaciones y pesares. Lo importante es caminar siempre de la mano de Dios, unido a Él.

«Amen al Señor su Dios, sigan sus caminos, cumplan sus mandamientos y permanezcan unidos a Él, sirviéndole con todo su corazón y con toda su alma» (Josué 22, 5).


6.      ¡Mucha alegría (un santo triste es un triste santo)

La alegría es de esas cosas que se contagian fácilmente. A veces cuando estamos tristes nos basta solo la sonrisa de otro para alegrarnos. La alegría va más allá del momento. San Francisco de Asís nos dice: «por encima de todas las gracias y de todos los dones del Espíritu Santo que Cristo concede a sus amigos, está el de vencerse a sí mismo y de sobrellevar gustosamente, por amor de Cristo Jesús, penas, injurias, oprobios e incomodidades», en esto precisamente está la verdadera alegría. No somos alegres cuando no tenemos problemas ni tristezas, sino cuando somos capaces de ver a Dios con nosotros, que carga con nuestra cruz y nos anima a seguir. La alegría es, en síntesis, el sabernos amados por Dios Padre Misericordioso. ¿Alguien puede aspirar a algo mejor? No. El amor de Dios es lo más grande, por eso vivo alegre.

«Estén siempre alegres en el Señor; les repito, estén alegres. Que todo el mundo los conozca por su bondad. El Señor está cerca. Que nada los angustie; al contrario, en cualquier situación presenten sus deseos a Dios orando, suplicando y dando gracias» (Filipenses 4, 4-6).


7.      Formación continua (Leer mucho, escribir)

La escuela, la universidad, el instituto, etc. son instituciones que nos ayudan a saber. La Iglesia como Madre y maestra también nos ofrece este espacio de formación en el ámbito cristiano, sí, le llamamos catequesis. Todo católico por lo menos ha pasado 3 años de catequesis. ¡3 años! Y, ¿qué he aprendido? Mmmm. A veces no sabemos cómo responder a las preguntas de nuestros hermanos separados (evangélicos). El problema es que no conocemos bien nuestra fe. Para esto existe la formación continua. No basta con saber “algo” sobre la fe, hay que escudriñar cada vez más hondo. Conocer la Biblia principalmente, los sacramentos, la gracia, el perdón, el amor, etc. etc. Leer, escribir, compartir la fe, hablar de ella con otros y crear círculos de estudio son buenas instancias para aprender siempre sobre Cristo y sus enseñanzas.

«Así dice el Señor: Que el sabio no presuma de su sabiduría, que el soldado no presuma de su fuerza, que el rico no presuma de su riqueza; el que quiera presumir que presuma de esto: de conocerme y comprender que yo soy el Señor; el que ejerce en la tierra la fidelidad, el derecho y la justicia; y me complazco en ellas» (Jeremías 9, 22-23).

Luego de haber leído estos 7 puntos y habert e examinado, te invito a que hagas un compromiso al Señor. Siempre es bueno, como fruto, comprometernos a algo. Trabajar por mejorar algún defecto en mí, ser más constante en mi apostolado, ir todos los domingos a misa prestando mucha atención, orar todos los días media hora por la mañana o la tarde, etc. Así sabremos que lo reflexionado tiene un impacto real en mi vida. La vida cristiana es un constante trabajo. «El que no avanza en la vida espiritual, retrocede», porque la vida está en constante movimiento y nosotros vamos a contracorriente. Así que ponte en marcha y no dejes de caminar con Cristo, ayudando a tus hermanos con tu ejemplo de vida alegre y coherente, intercediendo siempre en la oración por quienes se encuentran más débiles en la fe y dejando que Jesús día a día vaya transformado tu vida.


Por: H. Edgar Henriquez Carrasco

lunes, 7 de agosto de 2017

El coordinador de catequesis


El Coordinador del grupo de Catequesis.

Su trabajo será articular todas las tareas, reconocer y potenciar los talentos de catequistas
así como en artículos anteriores, hablamos de la importancia de tener una planificación, ésta debe estar sustentada por un buen grupo de catequesis, que a su vez cuente con un coordinador que sea ejemplo en todo sentido. Que dé testimonio de vida y testimonio de servicio a los demás. Su trabajo será articular todas las tareas, reconocer y potenciar los talentos de cada uno de los integrantes del grupo y tener la capacidad de organizar un trabajo que redunde en una buena tarea de crecimiento de la fe de los catequizando.

Su importancia dentro del grupo, es clara y contundente, por eso la elección del mismo también requiere una buena revisión por parte del párroco que debe nombrarlo. Así como una acertada designación puede redundar en un buen grupo que realice bien la tarea encomendada, una elección equivocada, puede generar dentro del grupo un ambiente de trabajo no propicio para tan importante misión, como es la de hacer crecer en la fe a chicos, adolescentes y adultos de cada comunidad.

Un Guía bajo la luz de Cristo

La responsabilidad que exige coordinar un grupo de catequistas es también la compromiso de hacer crecer la Iglesia de Cristo, pero sobre todo es crecer como personas llevando la Buena Nueva a los catequizando. Estar en constante oración y vínculo con la Virgen María, madre de la salvación y protectora permanente nuestra, son herramientas necesarias para cumplir con tan importante misión. Además, obviamente, de tener como guía y modelo a Jesús, el cual nos brinda su luz para enseñarnos el camino correcto.


Siguiendo las enseñanzas de Jesucristo, se puede hacer una mejor coordinación del grupo que se tiene a cargo. El Coordinador Parroquial de Catequistas debe tener el ejemplo de Jesús en su Corazón, pues no es aquel que se cree más que los otros, sino que está dispuesto a servir, guiar y a dar su amor a la catequesis y a los catequistas que está coordinando. Este tema es fundamental y muchas veces nos pasa exactamente lo contrario. El Coordinador está para servir, y no para "mandar", porque ordenar, o establecer pautas de trabajo, no necesariamente significan dar permanentemente órdenes.


Decir que la tarea de coordinar no es fácil, es reiterar un concepto que sirve para todo lo que tenga que ver con servir a la Iglesia. Nada es sencillo, pero con empeño, bajo la luz de nuestro Señor Jesús y con la intersección de María, modelo de catequista, se puede realizar una labor eficaz. La motivación de los coordinadores debe radicar en los ejemplos y vivencias de Jesús y así colocarlas en práctica en cada una de las reuniones, para que los catequistas también se motiven.  En términos de tareas propiamente dichas, es fundamental que el coordinador se actualice permanentemente en puntos que tienen que ver con la catequesis, pues así se estará construyendo una Iglesia viva y actual que sigue la luz de Jesús a través de su conocimiento, testimonio y servicio en su comunidad parroquial.



Por: Rogelio López