martes, 19 de septiembre de 2017

El sentido del sufrimiento.

El sentido del sufrimiento Santísima Virgen María  

Distintas actitudes ante el dolor humano.
La pregunta acerca del sentido del sufrimiento es la pregunta acerca de la experiencia de la falta de sentido, pues justamente en esa experiencia consiste el verdadero sufrimiento.


¿Qué sentido tiene la experiencia de lo sin-sentido?
¿Tiene esa pregunta algún sentido?

Es seguro que no apunta hacia ningún tipo de instrucciones para conseguir experiencia (lit. praxis): el sufrimiento es el límite de la praxis. El sufrimiento es aquello contra lo cual yo, al menos de momento, nada puedo hacer. La réplica de quien, hablando del sentido del sufrimiento, afirmarse que debe ser combatido allí donde se dé, justifica de hecho el sufrimiento, y no debe ser tenida en cuenta como tal réplica. Porque no se pregunta cómo podemos disminuirlo, sino qué sentido tiene aquella situación en la que todos nuestros esfuerzos para disminuirlo o evitarlo llegan a un límite.

Todos experimentamos alguna vez tales situaciones: los esfuerzos humanos llegan a su fin, y sucede lo que no queremos. El tema «sentido del sufrimiento» es idéntico al tema: «sentido de lo que no queremos, de lo que nadie puede querer para sí mismo».

Miedo ante el sufrimiento 

Si alguien, de quien se pudiera suponer que sufre menos que otros, hablase sobre el sufrimiento, se le podría objetar: «para ti es fácil hablar; deberías antes pasar por una situación de verdadero sufrimiento: se te acabaría entonces el discurso». Pero ésta no es tampoco una réplica razonable, pues si yo sufriera de manera extrema por un instante, me encontraría entonces, de hecho, en una situación en la que nada podría decir sobre el sentido del sufrimiento.


Con todo, cuando hablamos del sufrimiento no lo hacemos necesariamente como un ciego pudiera hablar del color. Es decir, no hay límites exactos entre sufrir y no sufrir; y no los hay, porque al hombre –como dijo Thomas Hobbes– el hambre futura ya le convierte hoy en un hambriento. Tenemos miedo del sufrimiento, y ya ese mismo miedo es sufrimiento.

Si yo estuviese hablando de un dolor físico que en este momento no tengo, o que quizá no he tenido nunca, entonces hablaría como un ciego habla del color. Pero el sufrimiento es algo distinto del dolor físico. El temor ante el dolor físico es, con frecuencia, peor que el propio dolor. Y siendo esto así, el miedo ante el sufrimiento es con frecuencia miedo del miedo. El temor ante la muerte no es en realidad miedo a estar muerto, sino miedo ante la situación en la que «mi corazón se llenará del máximo temor».



Sufrir es un fenómeno complejo. El dolor físico, el malestar, la sensación de desagrado no son desde el principio idénticos al sufrimiento. Hay un grado moderado de dolor físico que de ningún modo podemos denominar sufrimiento, pues tiene, en la coherencia total de la vida, un sentido claramente conocido, una función biológica, y lo aceptamos sin objeción. El hambre, por ejemplo, tiene el sentido de mover a un ser vivo a que se preocupe por la comida. Una sensación aguda de hambre no supone ningún sufrimiento para el que sabe que, dentro de cinco minutos, se sentará ante una mesa bien provista. Sin embargo, la misma hambre es un sufrimiento para otra persona que sabe que, en un tiempo razonable, no va a tener nada que comer. Al hambre se le junta el miedo de un hambre mayor. El hambre pierde su sentido funcional allí donde ella es el mejor cocinero (es decir, cuando es muy grande): se convierte entonces en sufrimiento.


A partir de un cierto grado de intensidad, el dolor corporal como tal es ya sufrimiento, es decir, cuando devora todas las perspectivas positivas o negativas de futuro. Si ese dolor se va, se va de una manera notablemente perfecta. Los dolores ya desaparecidos gustan en cuanto tales, nada se tiene ya contra ellos; sólo queda la alegría de que han pasado. El mal (moral) pasado, por el contrario, sigue siendo mal, y es objeto de pesar.

Decía más arriba que el mecanismo del dolor tiene ante todo un sentido biológico: precisamente el de estimular una actividad. Si consideramos el dolor en un puro plano fisiológico, como mecanismo fisiológico, y no dentro de la vida orgánica, es claro que sólo dura y actúa durante el tiempo y con la intensidad que exige su función biológica. Si sólo cupiera considerarlo de ese modo, un enfermo incurable no debería sentir ya ningún dolor, porque el dolor no desempeñaría en él, en la práctica, ninguna función. Sin embargo, el dolor continúa actuando, despliega una vida propia, llega a ser un cuerpo extraño en el ser. En lugar de estimularnos a una actividad, nos condena a la pasividad. En este sentido hablamos aquí del sufrimiento.

Allí donde no se acierta a integrar una determinada situación dentro de un contexto de sentido, allí comienza el sufrimiento. El término alemán «sufrimiento» tiene, de manera análoga a sus términos correspondientes en otras lenguas, un doble sentido. Significa tristeza (infelicidad, desagrado, ...), y también sencillamente pasividad (en el sentido de passibilitas), o, por decirlo a la moda, frustración. La pregunta acerca del sentido del sufrimiento es, ante todo, una pregunta paradójica. Ella misma es expresión de sufrimiento, de ausencia indudable del sentido del actuar. Y se atraviesa en el camino de su propia respuesta (la obstaculiza). Apenas es posible darle una respuesta teorética, pues tal pregunta quedaría resuelta si desapareciera, pero no desaparece porque se resuelva. Los amigos de Job, con sus respuestas teoréticas, sólo consiguen irritarle. Dios no responde a sus preguntas, sino que le hace callar.

El sufrimiento en la sociedad moderna y en la sociedad primitiva
La sociedad moderna, tanto en Occidente como en el Este, también silencia la pregunta sobre el sufrimiento, pero de una manera distinta, es decir, suprimiendo. La sociedad moderna concentra sus esfuerzos en la evitación y en la disminución del sufrimiento, y, por cierto, tratando de evitarlo no sólo de una manera indirecta, sino directa, como es eludiendo su interpretación. Los métodos y técnicas para evitar el sufrimiento tienen, sin embargo, por desgracia, efectos paradójicos. Tomados en su conjunto no aumentan la felicidad, ya que transforman el horizonte de las expectativas, y no eliminan con ello la discrepancia entre lo que creíamos poder esperar y lo que realmente sucede. Incluso se ha ensanchado esa discrepancia en algunas sociedades fundamentadas en el aumento de las necesidades. Pero, aunque bajemos el nivel de tolerancia para soportar las frustraciones, al final siempre obtenemos la misma suma, o incluso un aumento del sufrimiento.



Por: Robert Spaemann

El Corazón de Dios se estremece ante el sufrimiento.


Reflexiones dolor y la muerte

Demos cabida a Dios en nuestra vida para que él nos consuele, nos ayude, nos de paciencia.

Contemplamos a Cristo siempre en acción, haciendo el bien, de ciudad en ciudad. Un día se dirige a una ciudad llamada Naín, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud. De repente en la puerta de la ciudad se cruza con un cortejo fúnebre. Se llevaba a enterrar a un muerto, hijo único de una madre viuda, tal vez muy conocida en la ciudad, porque la acompañaba mucha gente. Jesús, al ver aquella escena, se conmueve y dijo a la madre: "No llores". Luego se dirigió al féretro, lo tocó, y dijo: "Joven, a ti te digo: Levántate". El milagro fue espectacular: el joven se incorporó y se puso a hablar. Y Jesús, dice curiosamente el Evangelio, "Se lo dio a su madre". Aquel milagro provocó un gran temor y admiración y frases como "Dios ha visitado a su pueblo" empezaron a ir de boca en boca. Aquel hecho traspasó los límites del pueblo y se extendió por toda la comarca.


En la vida de la mujer, madre, esposa, soltera, viuda, joven o mayor siempre se termina dando una realidad estremecedora que es la aparición del dolor y del sufrimiento. Es una forma de participación en la cruz de Cristo. El dolor por los hijos en sus múltiples formas, el abandono de un marido, la ansiedad por un futuro no resuelto, el rechazo a la propia realidad, en anhelo de tantas cosas bellas no conseguidas, las expectativas no realizadas, la soledad que machaca a corazones generosos en afectos, la impotencia ante el mal constituye formas innumerables de sufrimiento. Y ante el sufrimiento y el dolor siempre se experimenta la impotencia y la incapacidad. Nunca se está tan solo como ante el dolor.


El mal, el sufrimiento, el dolor han entrado al mundo por el pecado. Dios no ha querido el mal ni quiere el mal para nadie. Es una triste consecuencia, entre otras muchas, de ese pecado que desbarató el plan original de Dios sobre el hombre y la humanidad. Por ello, no echemos la culpa a Dios del sufrimiento, sino combatamos el mal que hay en el ser humano y que es la raíz de tanto dolor en el mundo. Demos cabida a Dios en nuestra vida para que él nos consuele, nos ayude, nos de paciencia. Saquemos del dolor y del sufrimiento la lección que Cristo nos ha dado en la cruz: el dolor es fuente de salvación y de mérito.


No tratemos de racionalizar el sufrimiento y el dolor. Es ya parte de una realidad que es nuestra condición humana. La razón se estrella contra el dolor. Por ello, hay que buscar otros caminos. En lugar de tratar de explicarlo, démosle sentido; en lugar de querer comprenderlo, háganoslo meritorio; en lugar de exigirle a Dios respuestas, aceptémoslo con humildad. No llena el corazón el conocer por qué una madre ha perdido un hijo o una esposa ha sido abandonada por su marido o una mujer no encuentra quien la quiera. El dolor no se soluciona conociendo las respuestas. El dolor se asume dándole sentido. Eso es lo que el Señor nos enseña desde la Cruz.

Abramos también el corazón a la pedagogía del dolor y del sufrimiento. El dolor es liberador: enseña el desprendimiento de las cosas, educa en el deseo del cielo, proclama la cercanía de Dios, demuestra el sentido de la vida humana, proclama la caducidad de nuestras ilusiones. Además, el dolor es universal: sea el físico o el moral, se hace presente en la vida de todos los seres humanos: niños y jóvenes, adultos o ancianos. Nadie se libra de su presencia. No nos engañemos ante las apariencias, si bien hay sufrimientos más desgarradores y visibles que otros. Y el dolor es salvador: el sufrimiento vivido con amor salva, acerca a Dios, hace comprender que sólo en Dios se puede encontrar consuelo.


Jesús es Perfecto Dios y Hombre Perfecto. Por eso, ante aquella visión de una mujer viuda que acompaña al cementerio a su joven hijo muerto, "tuvo compasión de ella ", como dice el Evangelio. Dios sabe en la Humanidad de Cristo lo que es sufrir. Y, por ello, cualquier sufrimiento, el sufrimiento más grande y pequeño de uno de sus hijos, le duele a Él. Dios no es insensible ante el sufrimiento humano. No es aquél que se carcajea desde las alturas cuando ve a sus hijos retorcerse de dolor y de angustia.


"Sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda". En pocas frases no se puede concentrar tanto dolor y sufrimiento: -muerto, hijo único-, -madre viuda-. Parece que el mal se ha cebado en aquella familia. Una mujer que fue esposa y ahora es viuda, y una mujer que fue madre y ahora se encuentra sola. ¿Qué más podría haber pasado en aquella mujer? ¿Iba a llenar aquel vacío la presencia de aquella multitud que la acompañaba al cementerio? Después, al volver a casa, se encontraría la soledad y esa soledad la carcomerá día tras día. No hay consuelo para tanto dolor.

"Al verla, el Señor tuvo compasión de ella"El Corazón de Dios se estremece ante el sufrimiento, ese sufrimiento que él no ha querido y que ha tenido que terminar aceptando, fruto del pecado querido por el hombre. Y esta historia se repite: en cualquier lugar en donde alguien sufre, allí está Dios doliéndome, consolando, animando. No podemos menos que sentirnos vistos por Dios y amados tiernamente cuando nuestro corazón rezuma cualquier tipo de dolor. Por medio de la humanidad de Cristo, el Corazón de Dios se ha metido en el corazón humano. Nada nuestro le es ajeno. Enseguida por el Corazón de Cristo pasó todo el dolor de aquella madre, lo hizo suyo e hizo lo que pudo para evitarlo.


"Joven, a ti te digo: Levántate". Dios siempre consuela y llena el corazón de paz a pesar del sufrimiento y del dolor. No siempre hace este tipo de milagros que es erradicar el hecho que lo produce. ¿Dónde están, sin embargo, los verdaderos milagros? ¿En quién se cura de una enfermedad o en quien la vive con alegría y paciencia? ¿En quién sale de un problema económico o en quien a través de dicho problema entiende mejor el sentido de la vida? ¿En quién nunca es calumniado o en quien sale robustecido en su humildad? ¿En quién nunca llora o en quien ha convertido sus lágrimas en fuente de fecundidad? Es difícil entender a Dios, ya lo hemos dicho muchas veces. Si recibimos los bienes de las manos de Dios, ¿por qué no recibimos también los males?


Tarde o temprano el sufrimiento llamará a nuestra puerta. Para algunos el dolor y el sufrimiento serán acogidos como algo irremediable, ante lo cual sólo quedará la resignación, y ni siquiera cristiana. Para nosotros, el sufrimiento y el dolor tienen que ser presencia de Cristo Crucificado. Si en mi cruz no está Cristo, todo será inútil y tal vez termine en la desesperación. El sufrimiento para el cristiano tiene que ser escuela, fuente de méritos y camino de salvación.

El sufrimiento en nuestra vida se tiene que convertir en una escuela de vida. Si me asomo al sufrimiento con ojos de fe y humildad empezaré a entender que el sufrimiento me enseña muchas cosas: me enseña a vivir desapegado de las cosas materiales, me enseña a valorar más la otra vida, me enseña a cogerme de Dios que es lo único que no falla, me enseña a aceptar una realidad normal y natural de mi existencia terrestre, me enseña a pensar más en el cielo, me enseña lo caduco de todas las cosas. El sufrimiento es una escuela de vida verdadera. Y va en contra de todas esas propuestas de una vida fácil, cómoda, placentera que la sociedad hoy nos propone.

El sufrimiento se convierte para el cristiano en fuente de méritos. Cada sufrimiento vivido con paciencia, con fe, con amor se transforma en un caudal de bienes espirituales para el alma. El ser humano se acerca a Dios y a las promesas divinas a través de los méritos por sus obras. El sufrimiento y el dolor, vividos con Cristo y por Cristo, adquieren casi un valor infinito. Si Dios llama a tu puerta con el dolor, ve en él una oportunidad de grandes méritos, permitida por un Padre que te ama y que te quiere.

El sufrimiento es camino de salvación. La cruz de Cristo es el árbol de nuestra salvación. El dolor con Cristo tiene ante el Padre un valor casi infinito que nos sirve para purificar nuestra vida en esa gran deuda que tenemos con Dios como consecuencia de las penas debidas por nuestros pecados. Pero además desde el dolor podemos cooperar con Cristo a salvar al mundo, ofreciendo siempre nuestros sufrimientos, nuestras penas, nuestras angustias, nuestras tristezas por la salvación de este mundo o por la salvación de alguna persona en particular. Cuando sufrimos con fe y humildad estamos colaborando a mejorar este mundo y esta sociedad.

Ante la Cruz de Cristo, en la que sufre y se entrega el Hijo de Dios, no hay mejor actitud que la contemplación y el silencio. Ante esa realidad se intuyen muchas cosas que uno tal vez no sepa explicar. Para nosotros la Cruz de Cristo es el lenguaje más fuerte del amor de Dios a cada uno de nosotros.

Para Dios nuestro sufrimiento, sobre todo la muerte, debería ser el gesto más hermoso de nuestra entrega a él, a su Voluntad. Dios quiera que nunca el sufrimiento y el dolor nos descorazonen, nos aparten de él, suscita en nosotros rebeldía, nos hundan en la tristeza, nos hagan odiar la vida. Al revés, que el sufrimiento y el dolor sirvan para hacer más luminoso nuestro corazón y para ayudarnos a comprender más a todos aquellos que sufren.

Por: P Juan J. Ferrán

Si Dios existe, ¿por qué permite el mal en el mundo?


Cabe hacer la distinción entre permitir el mal y querer que el mal suceda

El problema del mal ha sido por mucho tiempo un obstáculo. Sabemos que Dios es bueno y que es todopoderoso. Sin embargo, también sabemos que el mal existe. A un Dios bueno y amoroso no le gustaría que existiera el mal. Un Dios todopoderoso sería capaz de erradicar el mal.

¿Podríamos imaginar un mundo sin el mal? Entonces no estaríamos presentes en él, porque los seres humanos somos imperfectos y pecaminosos. Y aquí entra la cuestión del libre albedrío. Sin el libre albedrío, no seríamos personas sino títeres de Dios. No podríamos amar a Dios en verdad. Debido a que Él desea tener una relación real con nosotros que implica una elección voluntaria, entonces tenía que permitir que existiera el mal.

Cabe hacer la distinción entre permitir el mal y querer que el mal suceda. Dios no desea el mal, pero es necesario permitirlo para que el hombre pueda desarrollarse en la virtud. Por supuesto que Dios pudo crear un mundo sin que existiera lo malo, pero Dios sabía que un mundo limitado en su libertad sería un mundo inferior porque las virtudes son definidas por lo opuesto a ellas. Una persona puede ser humilde solo si el orgullo se antepone. Y ser humilde implica también la posibilidad de ser orgulloso.

En esta lucha de carácter donde peleamos para dejar el orgullo que somos formados. Podemos decir que Dios todavía podría darnos libre albedrío y al mismo tiempo prevenir las consecuencias del mal. Podemos querer que Dios intervenga en el caso de asesinato o violación. Pero ¿queremos que Dios intervenga en el caso de nuestra propia idolatría? Todo pecado es una ofensa a Dios, y nos separa de Él. Si Dios fuera a intervenir y evitar el mal, Él tendría que eliminarnos a nosotros. Además, si Dios fuera a eliminar todas las consecuencias negativas de nuestros actos, ¿tendríamos realmente libre albedrío?

En esencia, Dios no quiere el mal, pero lo permite, porque Él desea una relación con nosotros. Somos pecadores. Con los pecadores vienen cosas malas. Pero ¡gracias al Señor que nos ha redimido! No es necesario vivir en la esclavitud de nuestras inclinaciones pecaminosas, aunque todavía luchamos contra nuestros malos deseos. Sí, vivimos en un mundo de pecado sobre el que Satanás tiene dominio. Los creyentes no son inmunes a las consecuencias del mal ¡Pero Jesús ha vencido! Dios es fiel para redimir el mal que sucede en nuestras vidas.



Por: Monseñor Jorge De los Santos 


¿Ha visto usted a Dios alguna vez?





Si Dios no existe, todo está permitido

¿Usted cree en Dios? ¿Lo ha visto alguna vez? -Claro que sí, yo he visto a Dios; no en sí mismo, sino en sus obras. El catedrático e investigador francés, Michel Eugéne Chevreul, fue un hombre que gozó de gran prestigio en Francia y en otros países europeos por sus descubrimientos científicos y eruditos conocimientos. Cuando contaba con más de noventa años, al concluir una conferencia ante un grupo de universitarios en la que había hecho mención de la existencia de Dios, tuvo que escuchar una pregunta que le dirigió -con cierta sorna- un joven incrédulo:

- ¿Usted cree en Dios? ¿Lo ha visto alguna vez?

-Claro que sí, yo he visto a Dios; no en sí mismo, porque es puro espíritu, sino en sus obras. En efecto, yo he visto su omnipotencia en la magnitud de los astros y en su rápido movimiento. He visto su inteligencia y sabiduría en el orden admirable que reina en el universo. He visto su bondad infinita en los innumerables beneficios de que me ha colmado. ¿Usted no ha visto todo eso? ¿No ve al pintor divino en el magnífico cuadro de la Creación? ¿No ve al artista en su obra?

Parecida respuesta le daba un sabio árabe del desierto a un misionero:
-Creo en Dios. Cuando percibo las huellas de unos pasos en la arena, me digo: alguien ha pasado por aquí. De la misma manera, cuando veo las maravillas de la naturaleza, me digo: una gran inteligencia ha pasado por aquí, y esa inteligencia infinita es Dios”.

El Cardenal Albino Luciani, futuro Papa Juan Pablo I, en su ameno libro Ilustrísimos Señores, cuestionaba sobre si se suprimiera a Dios de la civilización, ¿qué es lo que quedaba? ¿en qué se convierten los hombres? Y recordaba aquel pensamiento del filósofo y jurista, el Barón de Montesquieu, quien tenía la convicción de que sin una sólida fe difícilmente se sostiene una norma moral: “El hombre sin religión es un animal salvaje, que no siente su fuerza sino cuando muerde y devora”. Todavía resulta más fuerte, la frase atribuida a Napoleón: “Sin religión, los hombres se degollaran por cualquier insignificancia”.

Algo semejante expresa uno de los personajes de la célebre novela del escritor ruso Fiódor M. Dostoievski, Los Hermanos Karamazov, cuando se planteaba: “Si Dios no existe, todo está permitido”. En efecto, si falta el apoyo de un sentido profundo de la existencia humana, se pierde el Norte, se desarticula toda norma moral; y ya nadie se preocupa de tener que dar cuenta de nada a nadie. Es “el lobo estepario” de Herman Hesse.

A lo largo de los siglos, el ser humano ha experimentado un hondo anhelo de encontrarse con la Trascendencia y, con frecuencia, en el ocaso de su vida, percibe interiormente una creciente sed de Dios. Esto lo expresa magistralmente el poeta de Castilla, Antonio Machado, con sus versos: “Yo voy soñando caminos / de la tarde. ¡Las colinas / doradas, los verdes pinos, / las polvorientas encinas!... / ¿Adónde el camino irá? / Yo voy cantando, viajero, / a lo largo del sendero… / -la tarde cayendo está-. “En forma más dramática lo expresa en los últimos versos de este poema: “Así voy yo, borracho melancólico, / guitarrista lunático, poeta, / y pobre hombre en sueños, / siempre buscando a Dios entre la niebla” (“En una tarde cenicienta y mustia”).

Lo cierto es que si observamos con detenimiento el universo entero tanto en su macrocosmos como en su microcosmos; la naturaleza misma con sus variadisimas plantas y animales marinos y terrestres; ya sean pequeños o grandes, desde el bello y majestuoso vuelo de un águila sobre las altas cumbres de las montañas hasta el ágil y gracioso colibrí en un florido jardín, concluimos que todo es producto de una Inteligencia creadora, de un Ser Supremo que puso orden y concierto en todo lo que miramos y palpamos. Llegamos entonces a considerar que la Creación no es sino una admirable y maravillosa manifestación del poder y la bondad de Dios hacia los hombres.



Por: Raul Espinoza Aguilera


jueves, 14 de septiembre de 2017

¿Sabes qué es ser escrupuloso?

5 tips para saber si lo eres

Es un sano ejercicio hacer examen de conciencia con frecuencia para ir ordenando la vida. En este ejercicio no es poco frecuente mirar todo aquello que hacemos (y qué hacen los demás) como si fuera pecado y que Dios seguro está muy molesto con nosotros

En nuestra vida espiritual es bueno ser cuidadosos, piadosos y esforzados, pero siempre es bueno tener cuidado y pensar si en mi modo de actuar hay un fariseísmo un poco escondido. Ese que se da golpes de pecho y se cree mejor que los demás, o peor aún, ese que cree que por mil prácticas externas que cumple ya ha convertido completamente su corazón y está listo para ganarse el Cielo. 

Para comprender un poco más qué significa ser escrupuloso y cómo afecta esta actitud a nuestra vida espiritual, te dejo estos 5 puntos que te pueden ser muy útiles 1.  Algo bueno puede resultar…malo Yo soy también de ese club, el de los escrupulosos. Les cuento una anécdota. Soy profesor de Educación Física y deportes. Ahora no ejerzo la docencia, pero en aquellos años, intentaba ir al trabajo en bicicleta cada vez que podía. Para ello, obviamente procuraba usar una buena dosis de desodorante y perfume, pues el trayecto lo hacía pedaleando a toda velocidad (pues frecuentemente iba atrasado) y siempre he sido escrupuloso con el asunto del olor corporal. Siempre siento que sudo más de la cuenta y me avergüenzo de ello. Un buen día, llegando de mi viaje en bici, entré a la sala de profesores y una colega que se acerca a saludarme, arruga la nariz y me dice con mucho desagrado: «uff, estás pasado de perfume». Sinceramente me sentí muy abrumado. Se me cruzaron los cables, usé más perfume de lo adecuado, en vez de estar agradablemente fragante, estaba incómodamente hediondo, pero no era olor a sudor, sino que a perfume; el olor bueno se volvió malo y la experiencia me produjo una crisis en la que descubrí lo escrupuloso que soy respecto a los olores y eso me llevó a darme cuenta de que también lo era con mi fe. 
¿Cómo es posible que algo que utilizo para serle agradable a los demás y que me hace bien a mí, se vuelva desagradable y haga sentir a los demás incómodo?

2. La relación con Dios se trata de amor y no de señalar
La experiencia personal con Jesús y la vida espiritual deberían ser un agradable perfume para nuestras vidas, un aroma que atrae a los demás, que los hace sentirse amados, aceptados, en donde saben que ese aroma podemos compartirlo con ellos. Pero lamentablemente no pocas veces, me he visto a mí y a otros hermanos en la fe, pestilentemente hediondos a fe. Hacen de la fe algo que los esclaviza a sí mismos y a todo aquel que los rodea.

La tentación es caer en los escrúpulos, en mirar la realidad, la propia vida y la de los demás desde el palco del pecado. Evaluar todas las situaciones desde la óptica de si “es o no es pecado”, pudiendo mirarla desde el amor preguntándonos “estoy o no estoy amando”. Los escrúpulos pueden llegar a ser una enfermedad espiritual que, más que hacernos vivir la libertad de los hijos de Dios, nos vuelve esclavos del pecado, incluso aunque no pequemos, pues el centro de nuestra vida espiritual no es amar y tener una relación de fidelidad con Dios, sino saber si lo que veo en la tele, lo que como, lo que hablo o lo que sea que haga, es pecado o no lo es.

3. ¿Qué significa ser escrupuloso?
Quizás no es una palabra muy conocida para todos esto de los escrúpulos, pero en estoy seguro de que al menos en la práctica, estás familiarizado con lo que ella significa: «…el escrúpulo es la duda irrazonable sobre la moralidad de un acto hecho o por hacer. La persona escrupulosa vive preocupada viendo pecado donde no lo hay» (corazones.org). Un escrupuloso, aunque quizás vive muy consciente de su pecado, no vive muy consciente del amor y misericordia de Dios, y junto con ello, encuentra formas rebuscadas para decirse a sí mismo que, aún aquellas cosas que hizo bien y que resultaron bien, tienen algo de malo.

4. ¿Estás siendo escrupuloso?
Un ejemplo típico es la falsa humildad. Alguien escrupuloso, cuando realiza alguna acción digna de ser reconocida en público, se esconde, evita la felicitación de sus pares, pues cree que pecará de vanidoso y orgulloso; al mismo tiempo siente que lo que hizo en realidad no es tan bueno y que felicitarlo no hará más que convertirlo en alguien mediocre.

Un escrupuloso, confiesa el mismo pecado varias veces, no importa si ya no lo comete, pues lo que le ocurre es que nunca se siente perdonado. De hecho, confiesan aquellas cosas de las cuales ni siquiera están seguros si son pecados o no, simplemente las confiesan por si las moscas. Creen que todo lo que hacen ellos y los demás es pecado y los lleva al infierno.

5. Algunos consejos para dejar de serlo
Vivir en medio de los escrúpulos, hace que cada paso sea realizado con temor; que cada acción sea vivida con la angustia de estar haciendo algo malo y que ofende a Dios. Los escrúpulos atentan contra la libertad que el mismo Jesús ganó para nosotros.

Si bien es materia importante (no solo de estudio, sino que de reflexión y sobre todo de oración) mantenernos alejados del pecado, lo importante es que recordemos a diario que nuestro Dios, es un Dios que ama a los pecadores, que siendo así, como somos, nos trata como sus predilectos y que no mira aquellas faltas que hemos cometido, sino que nos recibe con los brazos abiertos cada vez que deseamos volver a casa arrepentidos de nuestras faltas.

Por: Sebastián Campos


¿Podemos tener imágenes?


Los textos bíblicos son muy claros en su prohibición de hacer imágenes o estatuas de falsos dioses. Pero otra cosa muy distinta es aplicar estos textos a las imágenes como adornos o signos religiosos Cuántas veces hemos escuchado esta acusación de parte de nuestros hermanos evangélicos: «Los católicos hacen imágenes para adorarlas, mientras que la Biblia lo tiene estrictamente prohibido». Muchos hermanos nuestros católicos no saben qué contestar, otros se dejan influenciar fácilmente por estas verdades a medias y algunos sienten la tentación de botar las imágenes de las capillas. Les quiero aclarar este tema acerca de las imágenes, pero con la Biblia en la mano. Antes que nada, debemos hacer una clara distinción entre una imagen, un cuadro, un adorno religioso y un ídolo, que es «la imagen de un falso dios». La Biblia sí que rechaza enérgicamente el culto de adoración a los ídolos (falsos dioses), pero la Biblia nunca ha rechazado las imágenes como signos religiosos.

¿Qué es un ídolo según la Biblia?
Muchos años antes de Jesús, en tiempo de Moisés, Dios comenzó a formar a su pueblo elegido, el pueblo de Israel. Era gente muy primitiva que Dios había sacado del politeísmo para llevarla al monoteísmo. Todos estos pueblos antiguos tenían infinidad de dioses, los que adoraban y representaban a través de imágenes de baales, que tenían la forma de un toro, de un león o de otros animales. A esas imágenes, el pueblo de Moisés las llamaba «ídolos» o falsos dioses. La gente de aquel tiempo pensaba que estas imágenes tenían un poder mágico o una fuerza milagrosa. En el fondo estos ídolos eran representaciones de poderes o vicios del hombre mismo. Por ejemplo, la imagen del becerro de oro que aparece en Éxodo 32, era la expresión de la fuerza bruta de la naturaleza. También podía representar la encarnación del poder sexual desorientado y vicioso. Y el oro del becerro significaba el poder de la riqueza que explota y aplasta al hombre, es decir, el hombre con sus vicios, representados en el becerro de oro, quiere ser dios y no quiere dejar lugar al único y verdadero Dios.


Dios llamó al pueblo hebreo a avanzar por la senda del monoteísmo, dejando atrás los ídolos y dando adoración al verdadero Dios. Pero los israelitas de aquel tiempo atraídos por las prácticas de los pueblos paganos querían, a veces, volver al politeísmo y a la adoración de ídolos. Entonces Moisés, inspirado por Yahvé-Dios les prohibió estrictamente hacer estos ídolos: «No tengas otros dioses fuera de mí, no te hagas estatua, ni imagen alguna de lo que hay en el cielo ni en la tierra ni te postres ante esos «ídolos», no les des culto». Queridos hermanos, estos textos bíblicos son muy claros en su prohibición de hacer imágenes o estatuas de falsos dioses. Pero otra cosa muy distinta es aplicar estos textos a las imágenes como adornos o signos religiosos. Estos signos (imágenes) nunca han sido prohibidos por Dios ni por la Biblia.

Textos aclaratorios:
La Sagrada Escritura siempre hace la distinción entre imágenes como «ídolos» e imágenes como «adornos o signos religiosos». Leamos algunos textos en los cuales Dios mismo manda a Moisés hacer imágenes como símbolos religiosos: «Harán dos querubines de oro macizo, labrados a martillo y los pondrán en las extremidades del lugar del perdón, uno a cada lado... Allí me encontraré contigo y te hablaré desde el lugar del perdón, desde en medio de los querubines puestos sobre el arca del Testimonio...» (Ex. 25,18-22). Estos dos querubines parecidos a imágenes de ángeles eran adornos religiosos para el lugar más sagrado del templo. Pues bien, estas imágenes, hechas por manos de hombres, estaban en el templo, en el lugar más sagrado y nunca fueron consideradas como ídolos, sino todo lo contrario, el mismo Dios ordenó construirlos. Leamos otro texto del A. T.: Números 21, 8-9. Ahí se nos narra cómo en aquel tiempo los israelitas murmuraban contra Dios y contra Moisés. Entonces Dios mandó contra el pueblo serpientes venenosas que los mordían, de modo que murió mucha gente. Moisés intercedió por el pueblo y Dios le respondió: «Haz una serpiente de bronce, ponla en un palo y todo el que la mire se salvará». Nos damos cuenta otra vez de que esta serpiente de bronce era una imagen hecha por manos de hombre, pero no para adorar, sino que era un «signo religioso» para invocar a Dios con fe. Hay otros textos en la Biblia que nos hacen ver que en el templo de Jerusalén había varias imágenes o esculturas que no fueron prohibidas, menos aún consideradas como ídolos. Dice el Salmo 74, 4-5: «Tus enemigos rugieron dentro de tu santuario como leñadores en el bosque, derribaron con hacha las columnas y esculturas en el templo». Eso significa que en el templo de Jerusalén había también esculturas o imágenes. Queridos hermanos católicos, esas indicaciones de la Biblia son suficientes para decir que la Biblia, sí, prohíbe la fabricación de imágenes como dioses falsos, (ídolos) pero nunca ha prohibido las imágenes o esculturas como adornos religiosos. Que nadie entonces los venga a molestar por tener una imagen o adorno en su templo o en su casa. Es por falta de conocimientos bíblicos, o por mala voluntad, que los hermanos evangélicos les meten estas cosas en la cabeza.


Las imágenes en nuestra vida diaria. 
Ahora bien, hermanos, en nuestros tiempos vemos por todos lados imágenes y estatuas. Cada país tiene sus propios símbolos patrios y estatuas a sus héroes. En nuestras casas tenemos cuadros que representan la imagen de alguna persona. Tengo en mi velador, por ejemplo, una foto de mi madre que ya está en el cielo; y contemplando esta foto me acuerdo de ella. Incluso puedo colocar esta foto en un lugar bien bonito y adornarlo con una flor y una velita... Y si alguien viene a mi casa a visitarme y me dice, refiriéndose a la foto: «Qué mono más feo», por supuesto que me siento muy ofendido. Así también tenemos cuadros e imágenes en nuestras capillas que representan algunas personas religiosas, como la Virgen María, la Madre de Jesús, algún santo patrono de nuestros pueblos. Y ningún católico va a pensar que estas imágenes son ídolos o falsos dioses. Estas imágenes simplemente nos hacen pensar en el mismo Jesús o en tal o cual santo que está en la presencia de Dios y nos ayudan a pensar en la belleza de Dios.


La Iglesia Católica acepta el respeto y la veneración a estas imágenes en nuestros templos, pero nunca ha enseñado la adoración a una imagen. A veces, dicen los hermanos de otra religión que nosotros adoramos a las imágenes. Están muy, pero muy equivocados y debemos, eso sí, perdonarles sus expresiones. La Iglesia Católica acepta que guardemos imágenes o cuadros en nuestros templos siempre que no sea en forma exagerada. ¿Qué quiero decir con ello? Quiero decir que a veces nuestras iglesias parecen una exposición de santos y en algún caso están tan mal colocados, que no hay espacio ni para la imagen de Cristo. Ahí sí que exageramos. Por eso el Concilio Vaticano pidió que no se repitiera más de una imagen por cada santo y que el lugar central de la Iglesia, a ser posible, esté reservado siempre para la imagen de Cristo. Está claro, entonces, que nunca podemos dar culto de adoración a una imagen, nunca podemos ponernos de rodillas delante de una imagen para adorarla, pero sí podemos ponernos de rodillas ante una imagen para pedir perdón por nuestros pecados y para suplicar que el santo interceda ante Dios por nosotros.
En todas estas discusiones, hermanos míos, guardemos el amor. ¿Quién eres tú para juzgar a tú hermano? (Stgo. 4, 12). Cada uno puede arrodillarse en cualquier parte para invocar a Dios, en el patio de su casa, en el campo. En la noche antes de acostarse uno puede arrodillarse delante de un crucifijo para así hablar con Dios. A veces hay gente que piensa que tal imagen es milagrosa y le atribuyen un poder mágico. Debemos corregir estas actitudes y explicarles que sólo Dios hace milagros. Por supuesto aceptamos que Dios puede actuar por intercesión de los santos. Hermanos: no aplastemos la fe de nuestros hermanos que tal vez tienen poca formación cristiana, no critiquemos y no hablemos mal de otros. Ofender al hermano es un pecado muy grave. Es triste constatar el lenguaje ofensivo de nuestros hermanos evangélicos hacia los católicos. Tratemos de devolver bien por mal.

Martín Lutero, el fundador del protestantismo y de las iglesias evangélicas, nunca rechazó las imágenes, todo lo contrario, él dijo que las imágenes eran «el Evangelio de los pobres». ¿A quién de nosotros no le gusta contemplar un lindo cuadro o una hermosa imagen? Muchas veces mirando un cuadro o una imagen podemos más fácilmente entrar en oración y en un profundo contacto con Dios. ¿Quién puede negar por ejemplo la belleza de la Piedad de Miguel Ángel? Pues bien, según los evangélicos habría que destruirla porque va contra la Biblia ¡Qué disparate tan grande! Ello es hacer decir a la Biblia lo que nunca la Biblia ha dicho. Ello es una distorsión de lo que Dios nos quiere decir en la Biblia. Una regla de oro para interpretar la Biblia es mirar siempre el contexto de una frase y no aferrarse a la letra, porque en este caso, sin el contexto, hasta se puede hacer decir a la Biblia que «Dios no existe» porque la Biblia pone esta frase en labios del tonto (Sal. 10, 4).


Los falsos dioses o ídolos de este mundo moderno. 
Hermanos, los ídolos o falsos dioses de este mundo moderno no están en los templos, sino que son poderes que dominan al hombre moderno por dentro. Son poderes falsos que destruyen las buenas relaciones con el prójimo y con Dios. Estos ídolos modernos están a veces en nuestras calles, en nuestras instituciones, en nuestras comunidades y familias. Esta es la idolatría que hemos de desterrar. Pienso, por ejemplo, en el falso dios del poder y de la dominación que quiere aplastar tu libertad y engañar pueblos enteros; en el falso dios «poder» que provoca guerras y matanzas de gente inocente. Este es el «ídolo» moderno que se pasea por el mundo. Pienso en el falso dios «dinero» que domina tu corazón, que comienza con mentiras, engaños, robos, tráfico de drogas etc. y que pareciera que en nombre de este dios dinero todo está permitido. Pienso en el falso dios del sexo desorientado, en el dios que destruye la unión familiar, en el dios de la pasión que engaña al hombre y a la mujer, es el falso dios que deja los niños desamparados, en el falso dios que destruye el verdadero amor y que se resiste a servir a una comunidad.

El lugar desde donde estos falsos dioses comienzan a brotar está en nuestro corazón. Es el demonio mismo que quiere destruir nuestro corazón como templo de Dios. Y mucha gente entre nosotros, sin darse cuenta, está bajo el poder de estos falsos dioses y no dan lugar en su corazón al único y verdadero Dios del amor. Hermanos, no debemos buscar ídolos o falsos dioses en cosas de madera o de yeso, en imágenes o cuadros, sino en nuestro corazón. Si volviera ahora Moisés a nosotros, no se referiría a las imágenes ya que hoy no está el peligro de la idolatría, sino que gritaría: «No te hagas falsos dioses dentro de tu corazón, destruye los vicios fuente de toda idolatría». Esto es lo que ya hicieron los profetas que vinieron después de Moisés. Los primeros misioneros que evangelizaron América Latina trajeron de España y del Perú numerosas imágenes del Señor, de la Virgen y de los santos. Son imágenes religiosas cargadas de historia que penetraron hondamente en el alma de nuestro pueblo y que aparte de su valor escultórico tienen el mérito de que ante ellas oraron nuestros antepasados. Y cada capilla tiene las imágenes de sus patronos. Todas ellas nos recuerdan los misterios centrales de la encarnación e ilustran de alguna manera la Historia de la Salvación realizada por Dios a favor nuestro. Así que cuando lleguen los evangélicos a las puertas de sus casas y les digan que los católicos somos unos idólatras porque adoramos las imágenes ya saben qué contestarles. Díganles que no es correcto sacar frases de la Biblia fuera de su contexto para hacer decir a la Biblia lo que nunca dijo. Y que la Biblia nunca ha prohibido las imágenes como adornos religiosos. 


Finalmente hay que tener presente que en el A. T. no podía representarse a Dios porque el Verbo no había tomado cuerpo ni forma humana. Pero en el N. T. es distinto. Con la Encarnación, el Verbo Dios tomó forma humana y si El mismo se hizo hombre hace dos mil años y nos mandó guardar su memoria es que quiere que nosotros lo representemos así, como hombre, para recordar que «el Verbo se encarnó y habitó entre nosotros». Y si representarlo en una pintura o en una imagen ayuda a recordar su memoria ¿qué de malo hay en ello? Pero por sobre todo hay que entender la evolución gradual que hay entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Algunas sectas dan la impresión de que quedaron petrificadas en el Antiguo Testamento y sólo por ignorancia o mala voluntad pueden decir lo que dicen. Es decir, se aferran de textos aislados, los sacan de su verdadero contexto, y confunden a los no iniciados en la Biblia. Y aquí le viene recordar que el mismo Jesús confirmó esta progresiva evolución entre el Antiguo y el Nuevo Testamento cuando dijo: «Antes se les dijo... ahora les digo».


 Cuestionario
¿Qué es lo que prohíbe la Biblia referente a las imágenes? ¿Prohíbe las imágenes de falsos dioses? ¿Prohíbe las imágenes como objetos de adorno o de veneración? ¿Qué mandó construir Dios a  Moisés? ¿Había esculturas en el templo de Jerusalén? ¿Qué habría que hacer, según los evangélicos,  con todas las imágenes, incluida la famosa Piedad de Miguel Ángel? ¿Cuáles son los ídolos de hoy? ¿Cómo fustigaría hoy Moisés a los ídolos modernos?


Por: P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá

Un minuto con María.


María es de gran ayuda para la Evangelización.

“La manera más fácil de evangelizar es a través de María”. Con estas palabras, Jerome Stevenson explica el crecimiento y el éxito del apostolado por correo electrónico, Un minuto con María. Stevenson, un experto en mercadeo y comunicación para la Iglesia, habló con nosotros desde su casa en Francia para decirnos más sobre esta iniciativa que está creciendo muy rápidamente y que lleva a María a las casas y las bandejas de entrada de casi 150,000 personas todos los días.

En primer lugar, Jerome, ¿podrías decirnos un poco más sobre usted?
 Jerome Stevenson: ¡Claro que sí! Tengo 64 años, estoy casado y tengo cinco hijos preciosos. He estado haciendo mercadotecnia y comunicaciones para la Iglesia desde 1990, y soy consultor para varias organizaciones seglares y religiosas; busco ayudarles a potenciar su carisma a través de los medios modernos de comunicación para la Nueva Evangelización (encontrando apoyo económico y difundiendo su carisma).

¿Qué es Un minuto con María?
Jerome Stevenson: El apostolado Un minuto con María envía un correo diario a sus suscriptores con un texto inspirador de media página, dedicado a la Virgen María.  El texto puede ser las palabras de un santo, un pasaje de un documento del Magisterio, la historia de una aparición mariana… El texto es verdaderamente diferente todos los días, y siempre bastante corto como para ser leído en alrededor de un minuto o menos. El correo puede incluir también una invitación a la oración. Te ayuda cada día a pausar, apartarse por un momento del ajetreo, y pasar un poco de tiempo con María para aprender sobre ella y hablar con ella.

¿Quién está detrás de este apostolado?

Jerome Stevenson: Un minuto con María fue creado por la Asociación Marie de Nazareth. Esta asociación, que fue fundada por Jacques Martin de La Bastide y Olivier Bonnassies, había construido un centro multimedia en Nazaret, frente a la Basílica de la Anunciación: el Centro Internacional María de Nazaret. Vinieron a verme a mediados de los años 90 para preguntarme cómo podrían crear una comunidad de personas que tendrían interés en su apostolado. Yo sugerí la iniciativa Un Minuto con María. Se entusiasmaron con la idea. Ellos mismos lo armaron, y 5 años más tarde el CEO de la Asociación Marie de Nazareth me pidió unirme a ellos para ser su consultor de mercadotecnia y comunicaciones. Entonces, comencé a trabajar por Un Minuto con María. En ese momento, teníamos 40,000 suscriptores y ahora tenemos casi 150,000 suscriptores en cinco idiomas: francés, inglés, español, italiano, alemán y portugués brasileño.

Además del crecimiento en números, ¿qué le dice que Un minuto con María está logrando sus objetivos? Jerome Stevenson: Una cosa que sabemos respecto a nuestros lectores es que cada día uno de cada tres abre el mensaje. Es un número muy bueno por los estándares de la mercadotecnia. También sabemos que cada vez que les pedimos su ayuda, responden muy positivamente. Cada vez que les damos ideas como la campaña de oración de avemarías en octubre que hicimos recientemente, la respuesta es excelente.  No hemos pedido testimonios, pero unas 3 ó 4 decenas de personas nos han escrito espontáneamente para decirnos cómo este pequeño mensaje diario ha afectado sus vidas. No son muchas personas, considerando el número de suscriptores, pero francamente, creo que sea muy bueno así, porque no hacemos esto para que nos agradezcan. De hecho, yo no creo que Dios, o Jesús, o la Virgen María, nos llama a un apostolado como este para que recibamos agradecimientos o alabanzas. ¡Somos llamados a hacer un apostolado porque nos hace bien! Y no estoy tan seguro de que los agradecimientos y felicitaciones nos hacen tanto bien. Entonces, en la luz de lo que ha dicho, ¿cómo ve que Un minuto con María haya tocado o cambiado su vida o la vida de otras personas que trabajan en este apostolado?

¿Cómo le ha ayudado?
Jerome Stevenson: Bueno, esta es una pregunta bastante personal; me limito a decir que me estoy acercando al final de mi vida; a través de este apostolado, creo estar preparando mi entrada al Reino, la cual de otra forma podría ser difícil.

¿Ha visto la mano de María trabajando en el apostolado de alguna forma particular? ¿Ha habido, quizá, oportunidades o gracias, cosas que hayan acontecido por la intercesión de María? Jerome Stevenson: Por mil motivos, este apostolado debería haber fracasado docenas de veces, siguiendo cualquier estándar racional. La Virgen María tiene una manera muy sutil de ayudarnos. Pero al final del día cuando miramos hacia atrás, realmente nos preguntamos cómo hemos tenido éxito y cómo continuamos haciéndolo. El dinero viene en la medida que necesitamos; nada más de lo que necesitamos, pero realmente nada menos, gracias a nuestros bienhechores. La cosa que es muy sorprendente es que, no sólo encontramos un texto para cada día, sino aún más sorprendentemente y algunos lectores lo han comentado recientemente nuestros textos han ido mejorando con el paso del tiempo. Así, Genevieve, quien escribe o selecciona los textos diarios, nos decía el otro día que a veces comienza el trabajo para una semana y piensa, “¿Dónde voy a encontrar estos textos?” Y al final de su día, ha encontrado lo que necesitaba, y aquí estamos… Así que, esa es ciertamente un área donde la Virgen María pide sutilmente a sus ángeles que nos ayuden.


Fuente: Zenit 

El Cristo roto de Bojayá.


Su historia conmovió al Papa Francisco en Colombia.

El Cristo Roto o Cristo Negro de Bojayá, signo emblemático de la peor masacre ocurrida en Colombia, estuvo presente en el Encuentro de Reconciliación Nacional que presidió el Papa Francisco en el parque de Las Malocas en Villavicencio, Colombia.

El 2 de mayo de 2002 miembros del bloque 58 de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) lanzaron al interior del templo de Bojayá, departamento de Chocó, un balón de gas que al explotar causó la muerte de más de 100 personas y dejó la imagen del Cristo Crucificado sin brazos ni piernas.

El hecho se dio en el marco de los enfrentamientos armados entre las FARC y los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), por el control de la zona.

Los habitantes del lugar quedaron en medio del fuego cruzado y corrieron a refugiarse al templo, fue entonces cuando ocurrió la masacre.

Los lugareños y sacerdotes rescataron la imagen del Cristo y la guardaron hasta que fue restaurada e instalada en Bellavista, cabecera municipal de Bojayá.

En septiembre de 2016 la guerrilla de las FARC pidió perdón a las víctimas de la masacre y obsequió el Cristo Negro de Bojayá, construido por el escultor cubano Enrique Angulo.

El Cristo mutilado salió en peregrinación el pasado 4 de septiembre desde la Parroquia San Pablo Apóstol de Bellavista, Bojayá, pasó por Quibdó y Bogotá y llegó este 8 de septiembre a Villavicencio.

El Cristo de Bojayá representa “el dolor y el sufrimiento del pueblo, simboliza los proyectos de vida fracturados de las personas y las comunidades y también refleja el dolor de la sociedad colombiana”, señala Cáritas Colombiana en su boletín de prensa.



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