San Nicolás, Obispo
Isaías 26, 1-6: “El pueblo justo se mantiene fiel al
Señor”
Salmo 117: “Bendito el que viene en nombre del Señor”
San Mateo 7, 21. 24-27: “El que cumple la voluntad de
mi Padre entrará en el reino de los cielos”
¿Dónde pones tus seguridades? ¿Qué es lo más importante para ti? Serían algunas
de las preguntas que hoy nos hacen estos textos de Adviento. Isaías busca
convencer al pueblo de Israel de que su única roca segura es el Señor,
presentándole la soberbia Babilonia reducida a cenizas, anunciando una nueva
Jerusalén, reconstruida y fortalecida.
Todo esto se logrará si se mantiene fiel al Señor, si vive en justicia y
pone su confianza en su Libertador. Igualmente, Jesús nos cuestiona en el
pasaje del evangelio de San Mateo sobre el cimiento de nuestras seguridades. El
hombre moderno se siente seguro y confiado en tantos “ídolos”, tantas
protecciones y comodidades, que fácilmente se olvida de Dios.
Ansioso por ganar cada día, por vivir mejor, se pierde en el torbellino de las
actividades, de la ansiedad por poseer más, de disfrutar más… y se olvida de
Dios, de los hermanos y de su misma persona. ¿Toda esta actividad frenética
tiene un fundamento sólido? ¿No es basura y hojarasca que se lleva el viento?
Es difícil convencer a quien tiene atado su corazón a las riquezas y
placeres que esto no es lo más importante. No logró convencer Isaías a los
israelitas a pesar de presentar una nueva ciudad viviendo en la justicia y en
el derecho; no parecen convencernos ahora las palabras de Jesús quien afirma
que sólo tendrá seguridad quien vive de su Palabra. Sin embargo, las
consecuencias las estamos viviendo cada día: al olvidarnos que somos hijos de
Dios, que vivimos para Él, que todos somos hermanos, hemos construido un mundo
de salvaje competencia e injusticia donde cada quien se hace justicia por su
propia mano y cada quien pone las leyes y principios a su gusto. Así hemos
construido un mundo que se desbarata y nos lanza a la oscuridad y a la
inseguridad.
Todo cae, cuando la
única ley es el dinero y el poder.
Escuchar las palabras de Jesús es construir sobre seguro, es fincar sobre
piedra, es buscar el reino. El adviento nos debe llevar a mirar
que no sólo digamos palabras de súplica y oraciones vacías, sino que realmente
construyamos sobre las bases sólidas de la palabra del Señor. Busquemos en este
tiempo silencio y espacios para escuchar la Palabra amorosa de Jesús. Y después
busquemos la ocasión propicia, que siempre llegará, para ponerla en práctica. Ven, Señor, Jesús.
catholic.net
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