viernes, 25 de agosto de 2017

10 enseñanzas de Santa Rita de Casia.


"Ser santo en la actualidad".

“El verdadero perdón, no pide nada a cambio.” Santa Rita de Casia En la actualidad, nos parece difícil, lejano, imposible… ser santos. Vivimos en una sociedad que sólo nos incita a buscar nuestros propios bienes y nos aleja del verdadero amor, el amor de Dios.

Santa Rita de Casia es un modelo de vida y santidad en la vida diaria. Una mujer santa en su época, mujer, madre, esposa, hija y entregada a servir a su comunidad.

Si llegáramos a comprender que sólo Dios conoce verdaderamente el plan que tiene para nosotros y que, aunque en ocasiones no lo entendamos ni lo sintamos cerca, Dios jamás se aleja de nosotros.

Su historia pudiese resumirse así: Ella, vivió en un tiempo en que había guerras, rebeliones y corrupción. Se casó con un hombre que vivía la violencia en carne viva, que luchaba todo el tiempo junto a su familia y eso representaba la hombría y dignidad. Ella sufría que no existiera la paz y que los demás estuvieran en pecado. No soportaba la idea de que su esposo pudiera perder su alma. Hoy quisiera compartirles varias enseñanzas que me deja el testimonio de Santa Rita, para poder aplicarlas en nuestra vida diaria:

1.- Con Dios: Abandonarse a él todas las cosas.
Santa Rita, nos enseñó cada momento de su vida a abandonarse a Dios las cosas. Cuando conoció a Paolo antes de ser su esposo, y sus familias eran sumamente distintas, ella le pidió a Dios que si Paolo era para ella permitiera que todo se diera, ella le decía a Dios que sus sentimientos hacia él eran puros de corazón.

2.- En el Matrimonio: Amar con pureza de corazón y rezar por el alma del esposo.
Pidámosle a Dios amar con esa pureza de corazón a nuestra pareja. Ella también nos enseñó a rezar por su esposo y por su conversión. Jamás se cansó, sino buscó entender y comprender que el tenía una formación diferente.

3.- Con los Hijos: Pedirle a Dios todos los días que no caigan en pecado, antes que su alma se salve. Cuando Santa Rita se convirtió en madre de unos gemelos, jamás imaginó que se vería inmersa en la misma cruz que la Virgen María, entregarle a Dios a sus hijos. Cuando Paolo su esposo fue asesinado, sus hijos debían vengar la muerte de su padre. Ella, con temor de que sus hijos se convirtieran en asesinos, le pidió a Dios que antes de que sus hijos cayeran en pecado mortal y perdieran su alma, se los llevara con él. Dios le concedió llevarse a sus hijos arrepentidos de desear la muerte del asesino de su padre.

4.- Aceptar con amor las contrariedades de cada día y de ser juzgado por su misma familia.
Santa Rita siempre fue juzgada por tratar de cambiar a Paolo y acercarlo a la fe, por luchar para que el dejara de matar y viviera acorde a su fe. Ella vivió grandes juicios y rechazos por parte de la familia de Paolo, de los cuales ella siempre respondió en silencio, con amor y sin juzgar, todo ofreciéndole a Dios.

5.- Encontrar una causa en la cual servir y amar a Dios. 
Rita encontraba a Dios curando enfermos. Ella visitaba constantemente los hospitales y ayudaba a las hermanas de su comunidad a curar personas que llegaban heridas. Ella decía que sólo sirviendo se encontraba a Dios.

6.- Implorar y buscar el perdón.
Cuando Paolo murió, ella perdonó a sus asesinos en el funeral. Y la constante de su vida fue buscar perdonar. Decía que sólo perdonando de corazón se podía amar a Dios.

7.- Buscar la paz de su comunidad.
Santa Rita no descansó hasta que las dos familias poderosas de Casia, que se contrariaban constantemente, extendieron su perdón. Buscó por todos los medios hablar con ellos y no descansó, junto a la oración, hasta que ambos se reconciliaron.

8.- Ser dócil al plan de Dios.
El deseo más grande de Santa Rita después de haber perdido a sus seres queridos, era vivir en el convento y dedicar su vida a Dios. La madre superiora no le permitía y ella supo esperar con paciencia y amor, aún en soledad, buscando a Dios en la oración y sirviendo a los enfermos. Un día, mientras le decía a Dios que lo sentía tan cerca, se quedó dormida. Al día siguiente, amaneció dormida en el convento. La historia cuenta que Dios, y San Nicolás, San Agustín y San Juan Bautista la llevaron dormida.

9.- Obedecer con amor.
Ella fue puesta a prueba, la madre superiora le ordenó regar cada día una planta muerta. Rita obedeció día con día, y una mañana, la planta se convirtió en una vid que floreció y dio uvas que se usaron para el vino sacramental.

 10.- Amar la cruz y la pasión de Cristo.
Sus últimos años, los pasó enferma. Dios le concedió los estigmas. Ella vivía de cara a Dios y aceptó con amor cómo su cuerpo se consumía, con confianza y paz. Para vivir de cara a Dios, hay que buscar amar, trabajar en nuestras virtudes, buscar vencer nuestros vicios, y arrancarle a Dios la gracia de aprender a amarlo, de ser puros de corazón, de tener un corazón cómo el suyo.

Santa Rita, concédenos un corazón puro como el tuyo, un amor servicial y entregado a nuestro esposo e hijos, un fervor y una capacidad de entregarle a Dios lo que somos cómo tú lo hacías en la oración. Concédenos ser dócil y aceptar el plan que Dios nos tiene. Te pedimos le lleves a Jesús nuestras intenciones y nos ayudes a ser cómo tu para un día merecer el cielo. Amén.



Por: María José César de Espinoza

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