lunes, 28 de agosto de 2017

¿Cómo deben ser los esposos?


No hay modelo de esposa o de esposo para imitar. Ser esposa(o) es lo más personal y propio del ser humano. No hay computadora capaz de tabular las condiciones que tienen que adornar a una esposa(o) para que sea el ideal porque no se puede computarizar el amor. El amor -más el de esposos- no acepta reglas ni modelos: es privilegio del ser humano que solo acepta ser demostrado. La intimidad matrimonial es el escenario donde los esposos demuestran, en máxima libertad, su amor conyugal. No parecerse a nadie, no imitar a nadie: el amor conyugal con la felicidad que genera forjará -amalgamado a la formación de cada esposo- la personalidad del matrimonio, que no será igual a ningún otro, que crecerá cada día porque el matrimonio es dinámico, crece, evoluciona, se perfecciona y se arraiga tanto en los esposos que ya no saben ni quieren vivir fuera de él. Esa es su mejor defensa. Por eso el ser humano busca el matrimonio y así más del 90 % de los adultos viven en matrimonio.

El Matrimonio es la única forma de vida del ser humano, esta es la responsabilidad de padres y Autoridades; formar a los jóvenes, para ellos dándoles conocimientos indispensables para llegar a ser esposos felices. Una mujer soltera que ha tenido un hijo muchas veces no acepta el matrimonio con el padre de ese hijo lo que demuestra que el matrimonio es mucho más que un hijo la inversa también vale: cuántas veces un hombre soltero contrae matrimonio con una mujer que tiene un hijo de soltera: el matrimonio supera al hijo. Solo la felicidad del matrimonio es por vida, por eso no se puede cambiar matrimonio por nada: ni por hijos, ni por fortuna ni por amante, etc. Quien así lo hiciera es por inmadurez afectiva que no logró un matrimonio feliz. nadie cambiara más matrimonio por menos (cualquier otra forma de vivir pareja amante) etc. Esto tan simple explica porque no hay esposo o ideal, tipo. El ideal es lo que cada matrimonio tiene porqué unidos por amor todo es agradable, todo es muy bueno y lo peor es perdonable. El matrimonio no es la suma sino la combinación de la personalidad de los esposos (Ver personalidad de los esposos. Como se plasma, etc.). Es otro misterio del amor conyugal.

El hombre es el animal que tiene más autonomía sobre sus instintos pero para ello necesita de la educación, de su formación en su triple enfoque: somático, psicológico y social; privilegio que le pertenece en exclusiva Este distanciamiento de sus instintos -perfeccionarse- que hereda en su faz somática necesita desarrollar su faz psicológica y social para saber vivir el verdadero amor conyugal y en esto- el matrimonio de los padres -mientras falte la enseñanza para el matrimonio en los colegios- es lo más importante. El matrimonio paterno marca al niño para toda su vida y sobre eso la educación podrá seguir modelando a ese niño a que llegue a ser una esposa o  (o) feliz. Lo que el niño vive en el hogar de sus padres jamás será olvidado y tanto que modelará su temperamento -heredado- y su carácter y tarde o temprano hará su matrimonio semejante al de sus padres con los cambios que hará el aporte de lo que trae la esposa, de su propio hogar.

Esta es otra responsabilidad de los padres: no basta ser buenos padres, cariñosos y generosos con los hijos primero deben ser buenos esposos a los ojos de los hijos  y así lo heredan y copiaran a su debido tiempo. Si los padres supieran el daño que provocan en la formación de los hijos sus disputas matrimoniales, muchos de ellos tendrían otra conducta y harían lo indispensable para lograr felicidad matrimonial; para ellos y los hijos En este contexto tan complejo y personal no puede haber modelo pero sí educación, formación en su máxima amplitud para que sean jóvenes que sepan llegar -cuando se casen- al verdadero amor del matrimonio de donde no querrán salir nunca porque es el mejor y máximo logro humano. Todo lo escrito en páginas anteriores es para contribuir a la formación de los jóvenes; para que sumado a lo que cada uno tiene en su interior sepan buscar, encontrar y cuidar el amor conyugal: así serán el mejor esposo y la mejor esposa. Este es el fin de este libro: contribuir para que los jóvenes adquieran los conocimientos necesarios (que sumado a lo que heredan de sus padres) para ser buena esposa, buen esposo para formar un matrimonio feliz.

el matrimonio suma muy buenas cualidades de ambos esposos pero muy pocas veces resta cualidades negativas.. Vicios, mal carácter, torpeza, etc., etc. el matrimonio no los cambia. No olvidar el matrimonio no es solución para ello y muchos menos si hay falta de amor, el matrimonio no podrá generarlo, al revés se nutre de él, es su alimento, su razón de ser, primero amor después matrimonio. En esa demostración de amor en intimidad matrimonial, el matrimonio perfecciona su amor. Por eso se repite que las relaciones sexuales matrimonial son la máxima expresión máxima demostración de amor que crece perfecciona y se hace joven después de cada encuentro. Si las estadísticas indican que más del 90% de los adultos viven en matrimonio sin que ello sea obligatorio sino por muy personal decisión ¿cómo es posible que en la educación de los jóvenes no se preocupen las autoridades, para su mejor formación, para lograr buen matrimonio?


Se debe enseñar lo fundamental, lo básico -según nivel cultural- pero no solo lo sexual porque serán buenos amantes, que no es lo mismo que buenos esposos, que sepan vivir un matrimonio feliz, estable para toda la vida. Matrimonio feliz es la base para criar hijos felices. La llegada de los hijos no mejora ningún mal matrimonio, un buen matrimonio hace hijos felices, así como un mal matrimonio la infelicidad de sus hijos. Las autoridades se preocupan por las familias: educación, salud, seguridad, alimentación, etc. No basta falta el amor, el cariño de esposos el matrimonio, es que debe enseñar como parte de la formación de los jóvenes.



Por: Dr. Alberto Abdala



12 cosas que toda esposa quiere escuchar de su esposo.


Aquí hay 12 cosas que toda esposa quiere escuchar - sin ningún orden particular.


El hecho del cómo nos dirijamos a nuestra pareja diariamente puede construir o destruir nuestro matrimonio. Tal es el poder de nuestras palabras. Mi esposo, Dave, recientemente escribió un artículo llamado “10 cosas que cada esposo quiere escuchar”, y ha ayudado a muchas esposas a abrir los ojos. Pero ¿qué quieren escuchar las esposas de sus esposos? Aquí hay 12 cosas que toda esposa quiere escuchar – sin ningún orden particular:

1.- "Eres mi persona favorita"
Existe una gran relación de amistad en cada gran matrimonio. Tu esposa quiere saber que ella es tu persona favorita para pasar tiempo juntos. Habiendo tantas cosas que compiten por tu atención desde los niños, el trabajo, los pasatiempos, las cuentas por pagar y todo lo demás, es importante que le dejes saber a tu esposa que ella jamás es una carga en tu apretada agenda. Déjale saber que ella es tu parte favorita del día y que tu día es más brillante y mejor porque ella es parte de él.

2.- "Eres tan Hermosa".
Probablemente le decías esto muy a menudo a tu esposa cuando eran novios. Sin embargo, nosotras necesitamos escuchar esto aún más seguido cuando estamos casadas. Esposo: déjale saber que ella aún tiene ese sex-appeal y dile cuánto te encanta su sonrisa. Se específico acerca de lo que te gusta de su belleza – no sólo de su belleza física, sino de todo lo que encuentres bello acerca de ella, desde su sonrisa hasta como te ama a ti y a tus hijos hasta sus hermosos ojos. Ella apreciará mucho lo que tengas que decirle.

3.- "Gracias por..."
Un simple “gracias” puede llegar muy lejos. Sin embargo, mientras más tiempo estemos casados, menos tendemos a agradecer a nuestra pareja por todo lo que es y por todo lo que hace por nosotros. Esposos, piensen acerca de todas las cosas por las que están agradecidos cuando se trata de sus esposas y ofrézcale un “gracias” específico cada día. Agradezcanle por los pequeños actos de amor que ella hace por ustedes y sus familias. Agradezcanlo por ser siempre sus animadoras más grandes. Agradécele por su arduo trabajo haciendo que todo funcione de maravillas en el hogar. Lo que sea. Déjales saber cuánto aprecian quién ella es y lo que hace.

4.- "Amo pasar tiempo contigo".
Como esposas no nos gusta sentir que nuestros esposos pasen tiempo con nosotras porque es una obligación. Queremos que ellos quieran pasar tiempo con nosotras. Y su deseo se demuestra con sus palabras y acciones. Esposos, pueden demostrarles a sus esposas cuánto aman pasar tiempo con ellas llevándolas o enviándoles mensajes de texto a lo largo del día. Aunque estén físicamente lejos, aún pueden pasar tiempo juntos a través de esas conversaciones.

Es también importante priorizar el tener una noche de a solas los dos regularmente. Esto les permite a ambos mirar directamente a los ojos del otro, hacer algo entretenido juntos y realmente conectarse sin todo lo demás que compite por su atención. Aun cuando no preparen una noche romántica o salgan a una cita, una forma sencilla para demostrarle a sus esposas que les encanta pasar tiempo juntos es dándole toda tu atención apagando el teléfono y los demás dispositivos.  Pregúnteles cómo estuvo su día y estén dispuestos a contestar cualquier pregunta que ellas les hagan. Entonces, déjales saber cuánto aman estar con ellas. Ellas verán que ustedes realmente se preocupan por ellas por medio de esas palabras y acciones tan consideradas.

5.- "Estoy tan feliz de que seas mi esposa".
Esto es importante. Como esposas queremos saber que nuestros esposos piensan que el casarse con nosotras fue una de las mejores decisiones de sus vidas. No queremos sentirnos como la vieja “bola de hierro”. Creo que podría escribir todo un artículo acerca de cuánto odio esa expresión. Sé que es una frase antigua, pero aún no puedo oír cuando algunos esposos utilizan esas palabras para describir a sus esposas hoy en día. Y veo a las esposas avergonzadas en el interior mientras se ven forzadas a sonreír. Es simplemente terrible.

Esposos, sus esposas no quieren sentir que ustedes están con ellas porque ellas los atraparon de alguna forma. Ellas no quieren sentir que los detienen de alguna manera. Sus esposas quieren saber que ustedes sienten que se ganaron la lotería cuando se casaron. Y ustedes pueden demostrarles eso diciéndoles cuán felices están de que ellas sean sus esposas.

6.- "Te amo tanto -si no es que más- que el día en que nos casamos"
Ésta es una de mis cosas favoritas que Dave me dice. Cuando nos casamos, pareciera que las costuras de nuestros vestidos van a reventar de la emoción y felicidad que sentimos al pensar que vamos a iniciar una vida nueva juntos. Pero, luego de algunos años, ese brillo de recién casados se va desvaneciendo. Esposos, asegúrense de demostrarles a sus esposas que no se ha desvanecido. Díganles cuánto las aman muy a menudo. Honestamente ellas no se cansan de escucharlo.

7.- "He estado pensando en ti todo el día y no puede esperar verte".
Esposos, sus esposas aman escuchar que piensan en ellas muy seguido. Nadie quiere ser olvidado o pasar desapercibido con su pareja. Una excelente forma para permanecer en la mente del otro es comunicarse a lo largo del día. Llámense o escríbanse mensajes de texto. Prueben a coquetearse y háganlo divertido. Ésta es una forma muy sencilla de demostrarles a sus esposas que están pensando en ellas y que ansían reencontrarse al final del día de trabajo.

8.- "Te deseo".
Una esposa quiere saber que su esposo aún se siente muy atraído por ella. Ella quiere saber que ella aún la desea. Y esposos, ustedes pueden demostrarles a sus esposas esto dejándoles saber cuánto las desean con sus palabras y acciones. Para una mujer el coqueteo es una tarea de todo el día. Así que, esposos, animen a sus esposas colaborandoles con algo que las esté estresando como la ropa sucia, ir a traer a los niños, guardar los platos, etc. Luego, masajeen sus pies. Abrácenlas fuerte. Pasen sus manos por su cabello. Mírenlas directamente a los ojos. Díganles cuán hermosas y sexys son. Y déjenles saber que aún los vuelven locos.

9.- "¡Tú puedes!"
Mi esposo dice a menudo que los esposos y las esposas deberían ser los más grandes animadores el uno del otro. Y yo no podría estar más de acuerdo. Hay momentos en mi vida en los que no estoy segura si podré alcanzar algo o sobrellevar una temporada difícil y mi esposo siempre ha estado ahí alentándome y animándome. Le estoy inmensamente agradecida. Esposos, tómense un tiempo cada día y déjenles saber a sus esposas que son sus más grandes admiradores y que ustedes creen en ellas. Esto les elevará la confianza y les dará fuerzas para seguir adelante. 

10.- "Siempre puedes contar conmigo; siempre estaré aquí para ti".
El matrimonio es una sociedad, y aun así muchas parejas no pueden llevar sus problemas y preocupaciones a casa sin recibir malos tratos o incluso ser rechazados o ignorados. Esto hiere profundamente y a menudo lleva a un matrimonio vacío y solitario. Esposos, cuando sus esposas lleguen a ustedes con lágrimas en los ojos y preocupaciones cubriendo sus rostros, estén dispuestos a dejar de hacer lo que estén haciendo y a escuchar lo que ellas tienen que decir. Eso significará mucho para ellas y sabrán que pueden contar con ustedes en toda circunstancia.

11.- "Confío en ti"
Tanto como necesitamos dejarle saber a nuestra pareja que somos dignos de confianza, así también necesitamos saber que podemos confiar en él/ella. Esposos, una forma de lograr esto es abriéndose a sus esposas. Estén dispuestos a hablar con ellas acerca de las cosas difíciles. Muéstrense vulnerables. No se contengan. Díganles que ustedes confían en ellas y por eso pueden compartirles sus miedos y preocupaciones. Mientras más hagan esto, más conectados estarán.

12.- "Estoy orando por ti"
Como cristiana, creo en el poder de la oración y me encanta saber que mi esposo es uno de mis más grandes guerreros oradores. Me encanta cuando me dice que él está orando por mí, y le creo completamente. Como les he compartido en muchas ocasiones, los matrimonios más fuertes están construidos sobre un firme fundamente de fe. Y la oración es una gran parte de esto. Nosotros animamos a todos los esposos y esposas a orar juntos cada día, pero también les urgimos a orar por sí solos y a siempre incluir a sus parejas en sus oraciones. Esposos, déjenles saber sus esposas que están orando por ellas y, cuando ellas les pidan una oración por un motivo en específico, háganles caso y oren por ellas. Se sorprenderán de cuánto Dios obrará por medio de estas oraciones.



Por: Ashley Willis



Ponle fuego a tu relación.


Así fue como Jacob trabajó siete años por Raquel; pero le parecieron unos cuantos días, porque la amaba. Génesis 29:20 

Toda relación que no es atendida se enfría y, si no se restituye, entonces muere. Así ocurre en la amistad, en el matrimonio y en la relación con Dios. No dedicar tiempo, no poner atención, no renovar nuestro compromiso, no analizar el estado de nuestras relaciones puede llevarnos a ser negligentes, o a sentirnos demasiado cómodos, sin ningún tipo de desafío, hasta que demos por hecho lo que tenemos. Cuando una de las partes no pone interés, ni procura la comunicación, o evita el contacto, la otra persona lo percibe, lo resiente, y se siente poco valorada. Sin darse cuenta, la persona que descuidó la relación romperá los vínculos y encontrará las consecuencias muy pronto. Algunas de ellas son la apatía, el vacío, la frialdad, la incapacidad de poder reconectarse. Sin embargo, si la persona reconoce su falta de entrega y dedicación a la relación, es posible que pueda empezar a hacer lo necesario por restituir y salvarla. Dios es un Dios apasionado por nosotros, Él desea una relación profunda, verdadera, apasionada, sobrenatural con sus hijos. “Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio y no frío o caliente, voy a vomitarte de mi boca.” (Apocalipsis 3:15-16). Él lo dio todo por nosotros, demostró su pasión y su amor extremo cuando entregó a su Hijo amado en rescate nuestro: “¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

Cuando una relación ha sido descuidada, hay dolor en ambas partes. Para restablecerla, es necesario reconocer en qué hemos faltado, pedir perdón y restituir. Es decir, se requiere de un cambio interior que culmine en el exterior. Un ejemplo de esto lo vemos en el evangelio de Lucas: "Entonces todos empezaron a criticar y a decir: ‘Se ha ido a casa de un rico que es un pecador’. Pero Zaqueo dijo resueltamente a Jesús: ‘Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y a quien le haya exigido algo injustamente le devolveré cuatro veces más’”. Lucas 19:7-8 Sin duda, este hombre había sido un pecador, pero ahora tenía una disposición grande por hacer lo correcto delante de Dios. Jesús tuvo mucho agrado de él, pues de su corazón surgió espontáneamente el restituir el daño. ¡Qué gran impacto debe haber causado en aquellas personas a quienes les había estafado dinero el ver que este hombre se los devolvía multiplicado! Me pregunto cuánto más no estaremos dispuestos a restituir a nuestro esposo o esposa, a nuestros hijos, a nuestros amigos más queridos, a nuestros padres, por todo aquello que les hemos negado. Al hacerlo, ellos reconocerán nuestros esfuerzos y nos acogerán.

En nuestra relación con Dios, puede ser que hayamos dejado de hablarle, o no vayamos más a la iglesia, o no leamos más su palabra... Quizá ya no ardamos en deseo por estar en su presencia en oración, o tal vez ya nuestro corazón no sea una antorcha que busque a quién ayudar, a quién bendecir con caridad. Tal vez oramos de manera rutinaria o estamos viviendo una vida más bien mundana y no espiritual. Cualquiera de estas cosas puede haber apagado la llama de nuestro amor por Jesús, quien también está triste por sabernos lejanos. Si nos sentimos cansados, apagados, frustrados, confundidos, desalentados, vacíos, deprimidos, preguntémonos si estamos amando al Señor y a nuestras familias de manera apasionada, o si simplemente cumplimos con las responsabilidades y la rutina sin un verdadero espíritu de servicio, de entrega, de amor incondicional. Y si hemos hecho daño o hemos ofendido a Dios con nuestras acciones, vengamos cuanto antes a restablecer nuestra relación con Él. Pidámosle que nos reciba nuevamente y encienda la llama del primer amor en nuestro corazón. Al igual que Jacob trabajó siete años por obtener a Raquel como esposa, y luego otros siete, y así como la amó siempre, con una pasión eterna, amemos a nuestros seres queridos, luchemos por ellos, trabajemos para ellos, hagamos todos los esfuerzos posibles por demostrarles nuestro amor y no dejar que la apatía nos robe la cercanía con ellos.


¡Oh, ¡Señor, vuelve a encender la llama de tu amor en nuestros corazones y ayúdanos a comenzar una nueva vida en la luz de tu presencia! ¡Que tu fuego abrasador provoque en nosotros el milagro de la reconciliación!





Por: Maleni Grider






La hipocresía intolerable.


Meditación sobre la verdad y la hipocresía.

Al leer el Evangelio nos encontramos con un Jesús toda bondad, que acoge a todos los pecadores, y que, sin embargo, no tolera a unos hombres con los cuales está en lucha frontal.

Son los fariseos y los escribas, a los que llama con una palabra que, desde Jesús, se ha convertido en uno de los vocablos más odiosos del diccionario, como es la palabra ¡Hipócrita!... 

Llamar a uno ¡hipócrita! ha venido a ser un baldón y la mayor vergüenza.

La hipocresía es la mentira utilizada para aparecer ante los demás bueno y noble escondiendo toda la maldad que se lleva dentro.


Pero, para empezar de una manera más amable y positiva, se me ocurre el caso bonito, que leí no hace mucho, sobre un papá que quiso formar a su niño en la sinceridad que nos pide Jesús. El pequeño fue sorprendido en una mentira, y el papá le dio una lección que no olvidaría nunca, de modo que después el joven y el hombre ya no dijo jamás una falsedad.


Tomó el papá al hijito mentiroso, lo llevó delante del Crucifijo, y le dictó despacio esta oración que el niño iba repitiendo: Jesús, yo te he ofendido. Mis labios se han ensuciado con una mentira. Ven, y límpiamelos.

Las lágrimas le empezaron a correr al niño por las mejillas. Pero el papá, sin inmutarse, tomó un trozo de algodón que aplicó a los labios de la imagen de Jesús, lo empapó después con alcohol, se lo pasó bien por los labios a su hijo, y le hizo seguir con la oración:


Señor, purifícame y perdóname. Haz mi corazón sincero, y que nunca salga de mí otra mentira. 

Todos estaremos conformes en dar a ese papá una cátedra de sicología y de pedagogía en la universidad...

Jesús se encontró en su predicación de buenas a primeras con una oposición terrible de parte de los que dominaban al pueblo: los escribas y los fariseos.

Los fariseos, de gran influencia en el pueblo, formaban un partido religioso-político que oprimía a la gente humilde con capa de santidad y de fidelidad a la ley de Dios, mientras que ellos se las sabían arreglar de mil maneras para librarse de lo que les exigía esa misma ley dada por Moisés.

Los escribas eran los intérpretes de la ley y brazo derecho de los fariseos. Unos y otros vivían en la mentira, procedían con doblez, y exigían con rigor insoportable la observancia de una ley que ellos no querían guardar.

La mejor definición de los escribas y fariseos la dio el mismo Jesús cuando los llamó sepulcros blanqueados, muy bonitos por fuera, pero por dentro llenos de podredumbre...

Pronto vino el enfrentamiento de los escribas y fariseos con Jesús. Era imposible entenderse la mentira con la verdad, el rigor con la mansedumbre, la justicia despiadada con el perdón misericordioso... Y Jesús, al denunciarlos ante el pueblo, usó siempre la expresión ¡Hipócritas!

Jesús no soportaba la hipocresía porque ésta es la falsificación de la vida, la perversión del pensamiento, la profanación de la palabra. Al mentir, el hipócrita quiere pensar como habla, y vivir después como piensa, es decir, siempre en contradicción con la verdad.


El mentiroso e hipócrita se encuentra muy pronto con el rechazo total, como le pasaba en los tiempos de Jesús al personaje más importante del mundo, a Tiberio, el emperador de Roma. Era el dueño de todo el mundo conocido, pero al mismo tiempo era tan mentiroso, que, como dice un escritor romano de sus días, ya no se le creía, aunque dijera la verdad...

Aquella antipatía de Jesús con los fariseos, es la misma que sentimos también nosotros con cualquier persona que procede con dolo. Aguantamos toda clase de defectos en los demás, porque todos nos sentimos débiles y sabemos ser generosos con el que cae.

Pero usamos una medida diversa con el que nos miente. No lo soportamos, y le aplicamos la sentencia de la Biblia:


La esperanza del impío hipócrita se desvanecerá.

El hipócrita y mentiroso no puede esperar nada de nadie, porque se le rechazará del todo.
Todo lo contrario le ocurre a la persona sincera. Quien dice la verdad siempre, aunque le haya de costar un disgusto, se gana el aprecio de todos y todos confían en ella. Es el premio del sentir, vivir y decir la verdad.

Jesucristo nos lo dijo con una sentencia bella y profunda, cargada de mucha sicología: La verdad os hará libres. Quien nunca dice una mentira y confiesa siempre la verdad, y vive conforme a sus convicciones, es la persona más libre que existe. No oculta nada. Es transparente como el cristal. Y de ella dice Jesús como de Natanael: Un israelita en quien no hay engaño. Un cristiano o una cristiana sin doblez...

Sentimos todo lo contrario por aquel que dice y vive siempre la verdad. Ante él nos inclinamos reverentes. Porque es todo un hombre o toda una mujer. Nos fiamos de su palabra. Le tenemos por el ser más valiente y digno de respeto.

La verdad, como dice Jesús, le hace libre, y nos demuestra tener un corazón y unos labios tan limpios como el niño que aún no ha dicho la primera mentira....



Por: Pedro García, misionero claretiano



domingo, 27 de agosto de 2017

La modestia


Ahora vamos a tratar de la modestia. Primero, de la modestia en común, y luego, de las virtudes contenidas en ella.

La modestia:
Ahora vamos a tratar de la modestia. Primero, de la modestia en común, y luego, de las virtudes contenidas en ella (q.161).  Acerca de lo primero, se plantean dos preguntas, a saber:




¿Es la modestia parte de la templanza?

Objeciones por las que parece que la modestia no es parte de la templanza.
Modestia se deriva de modo. Pero en todas las virtudes es necesario un modo, ya que la virtud se ordena al bien, y el bien, como dice San Agustín en De Natura Boni, consiste en un modo, especie y orden. Luego la modestia es una virtud general y no debe considerarse como parte de la templanza.

2. la mejor alabanza de la templanza parece ser el definirla por cierta moderación. Ahora bien: esta palabra da origen a la modestia. Luego la modestia coincide con la templanza y no es una parte de ella.


3. parece que la modestia se ocupa de la corrección del prójimo, según se nos dice en 2Tm 2, 24-25: Al siervo del Señor no le conviene altercar, sino mostrarse manso con todos, pronto para enseñar, sufrido, y con mansedumbre corregir a los adversarios. Pero el corregir a los culpables es acto de la justicia o de la caridad, como quedó dicho (q.33 a.l). Luego parece que la modestia es parte de la justicia más que de la templanza.

Contra esto: está el que Cicerón considera a la modestia parte de la templanza.
Respondo: Como dijimos antes (q.141 a.4; q.157 a.3), la templanza aporta la moderación a una materia en la que es sumamente difícil moderarse, cuáles son las concupiscencias de los deleites del tacto. Ahora bien: dondequiera que hay una virtud centrada en lo que es más importante conviene que haya otra que se ocupe de las materias que no lo son tanto, ya que conviene que la vida humana esté regulada en todo con arreglo a las virtudes, así como ya dijimos (q.129 a.2; q.134 a.3 ad 1) de la magnificencia, que se ocupa de los grandes gastos, siendo necesaria, además, la liberalidad que modere los gastos medianos, en los cuales no es tan difícil moderarse. En nuestro caso, la virtud se llama modestia, y se agrega a la templanza como a su virtud principal.

A las objeciones:


1. Los nombres comunes se aplican, a veces, a las partes menos significativas, como, por ejemplo, el nombre común de ángeles se aplica al orden más bajo de los ángeles. Así también la palabra modo, que se observa, en general, en toda virtud, se atribuye especialmente a la virtud que impone el modo en las materias más pequeñas.

2. Algunas cosas necesitan la templanza a causa de su vehemencia, al igual que la necesita el vino fuerte; pero la moderación es necesaria en todas las cosas. Por eso la templanza es necesaria en las pasiones vehementes, y la modestia en las débiles.

3. La modestia se toma allí en un sentido general, en cuanto que es necesaria en todas las virtudes.


¿Se ocupa la modestia, únicamente, de las acciones externas?

Objeciones por las que parece que la modestia sólo se ocupa de las acciones externas.

1. Los movimientos internos de las pasiones no pueden conocerse externamente. Pero el Apóstol, en Flp 4, 5, recomienda que nuestra modestia sea conocida de todos los hombres. Luego la modestia se ocupa exclusivamente de las acciones externas.

2. las virtudes que se ocupan de las pasiones se distinguen de la virtud de la justicia, que se ocupa de las acciones externas. Siendo la modestia una virtud única, si se ocupa de las acciones externas no se ocupará de algunas pasiones internas.

3. ninguna virtud específicamente una tiene por materia las cosas del apetito, propias de las virtudes morales, y las que pertenecen al conocimiento, que son propias de las virtudes intelectuales; ni se ocupa tampoco, a la vez, de las cosas que pertenecen al apetito irascible y al concupiscible. Luego si la modestia es una sola virtud, no puede ocuparse de todo lo dicho.

Contra esto: está el hecho de que, en todos los objetos señalados, conviene que se guarde un modo, el cual da nombre a la modestia. Luego ésta se ocupa de todos ellos. Respondo: Como ya hemos apuntado (a.1), la modestia se distingue de la templanza en que ésta modera los objetos que son más difíciles de refrenar, mientras que la modestia modera los objetos menos difíciles. Parece que algunos han hablado de la modestia de diversos modos, pues siempre que encontraron una razón especial de bien o de dificultad en moderar quitaron el objeto a la modestia y le dejaron las cosas pequeñas. Es evidente, por otra parte, que el refrenar los placeres del tacto presenta una dificultad especial, por lo cual todos consideraron distintas a la templanza y la moderación. Pero, además, Cicerón consideró que había un bien especial en la moderación de las penas, y por eso apartó también la clemencia de la modestia, dando a la modestia todos los demás objetos que habían de ser moderados.


Parece que éstos son cuatro. Uno es el movimiento del ánimo hacia alguna excelencia, al que modera la humildad. El segundo es el deseo de las cosas del conocimiento, que es moderado por la estudiosidad y que se opone a la curiosidad. El tercero se refiere a los movimientos y las acciones corporales, tratando de que se hagan con decencia y honestidad tanto cuando se trata de obrar con seriedad como en el juego. El cuarto se refiere al ornato externo, como vestidos y objetos similares. Pero para cuidar de algunos de ellos pusieron otros algunas virtudes especiales: Andrónico puso la mansedumbre, la simplicidad, la humildad y otras semejantes, de las cuales hablamos antes (q.143). Aristóteles puso también la eutrapelia, cuya materia son los deleites del juego. Todas ellas están comprendidas bajo la modestia según Cicerón. Conforme a esto, la modestia no sólo se ocupa de las acciones exteriores, sino también de las interiores.

A las objeciones:

1. El Apóstol habla de la modestia en cuanto que se ocupa de los actos externos. Sin embargo, también la moderación de lo interno puede darse a conocer mediante signos externos.

2. Bajo la modestia están comprendidas distintas virtudes, señaladas por varios autores. Por eso puede admitirse que la modestia se ocupe de objetos que exigen diversas virtudes. Sin embargo, no es tan grande la diversidad entre las partes de la modestia entre sí como la que puede haber entre la justicia, que se ocupa de los actos, y la templanza, cuyo objeto son las pasiones, porque en las acciones y pasiones en las que no se da una especial dificultad por parte de la materia, sino sólo por parte de la moderación, no hay más que una virtud, a saber: la que está relacionada con la moderación.

Con esto queda respondida la objeción tercera.





Por: Santo Tomás de Aquino


Misioneras de la Caridad.


Una misión con las Misioneras de la Caridad, portadoras del amor de Cristo.


Todo anhelo que surge en tu corazón tiene un propósito, tiene un fin. Como alguna vez escuché, “Dios no da puntada sin hilo” y en esta ocasión el hilo del que se sirvió para que conociera más su Amor fue Kolkata.

Como nada es por casualidad, Calcuta era un lugar que tenía en mente desde hacía tiempo. Lo conocía por varios amigos que estuvieron de voluntariado y me hablaban maravillas de su experiencia. Aquellas lecturas y conversaciones sobre Madre Teresa fueron calando poco a poco en mi interior y despertando una llamada a servir allí donde se encontraba el más pobre de entre los pobres. Así que apenas pasó un año cuando Dios, en su tiempo y en su momento, lo dispuso todo para poder ir. Dejándolo en sus manos, aposté por lo que sería seguramente una misión inolvidable.

Si no fuese por el don de la fe, es difícil creer que, en lugares como este, exista Dios. La miseria, la pobreza, la oscuridad abarcan hasta el último rincón que puedan existir en las calles de Calcuta. Padres y niños hacen de las avenidas y callejones su hogar, fuentes públicas usadas como duchas, cartones, plásticos a modo de tejados, un par de cacerolas y ya tienen casi todo lo que necesitan para existir un día más.

Una ciudad en la que la vida parece que no tiene ningún valor, la dignidad humana se degrada y tan solo quedan sueños de lo que podría ser una vida plena. Cuervos y escombros llenan sus calles, animales y hombres que conviven juntos en medio de un innegable vertedero en el que lo normal es encontrar grupos de personas durmiendo por sus rincones. Todo es estrés y caos; coches, camiones, autobuses, carros tirados por hombres que circulan sin parar… paseo imaginando como los ángeles guardan a cada instante esas almas sin rumbo. No hay ley, no hay orden, no hay respeto, “no se siente presencia de ninguno de sus 33 millones de dioses”.

En medio de todo esto, una luz brilla en Calcuta, son las “Misioneras de la Caridad”, mujeres con vestiduras blancas que irradian una luz celestial a su paso por las calles, auténticas portadoras del amor de Cristo que recorren sus rincones recogiendo cada alma que encuentran abandonada y necesitada de amor. Sin hacer distinciones, las acogen y cuidan, alojándolas según las condiciones en que se encuentren en sus distintas casas repartidas por la ciudad. Les dan ropa, alimento, una cama en la que dormir, y les devuelven parte de la dignidad que les habían robado.

Mi misión comienza en una de estas casas, Shanti Dan, en donde más de 200 mujeres de edades diversas, con ayuda de las “Misioneras de la Caridad”, luchan diariamente por encontrar la felicidad y superar sus horrores. Discapacitadas, enfermas mentales, víctimas de abusos, malos tratos y quemadas muchas de ellas con ácido, encuentran una caricia de Dios en medio de la oscuridad que han vivido. Shanti Dan “Regalo de Paz” es un lugar en el que olvidas todo el bullicio, estrés, suciedad y temores que te transmite la ciudad. Su silencio y la paz que se respira en ella te hace entrar verdaderamente en presencia de Dios, allí sí lo podías sentir.

Al llegar a Shanti Dan, te das cuenta de que no es fácil lanzarse a ayudar a alguien en el que ves con tanta claridad como el dolor y la soledad atacan sin piedad. El ser humano no está capacitado para llenar esos vacíos y tristezas que ahogan los corazones de quienes no han conocido el Amor de Dios. Cuando decidimos hacer una obra de misericordia y sentimos en nuestro interior la llamada de dar de comer al hambriento, de vestir al desnudo o de consolar al triste, no es solo un impulso humano que surge por querer asistir al prójimo, en todos ellos está la acción del Espíritu Santo que nos anima y nos susurra que nos entreguemos por y para nuestros hermanos. En un lugar de misión como puede ser Calcuta, cuando ves la necesidad tan enorme de amor que tienen estas personas y el abandono en el que viven día tras día dentro de una realidad inalterable, llegas a tomar conciencia de que la única persona capaz de darle ese amor que necesitan es Cristo. Nadie más puede llevar a su plenitud un amor que llene los vacíos que sufren sus corazones y al mismo tiempo, también diría,  que pueda llenar los nuestros.

Al estar allí junto a ellas y en la multitud de circunstancias en las que te va poniendo el Señor, aspiras y deseas ese amor que sabes que existe pero que ni tan siquiera tú puedes llegar a tener. La necesidad de Dios es tan grande que te hace estar continuamente en oración pidiendo de sus gracias y de sus dones para poder ser mero instrumento suyo con cada una de estas almas. Es con la oración y a través del trabajo ofrecido cuando ves como la acción de Dios va llegando poco a poco a tu corazón, sintiendo como es Jesús quien trabaja, exhala y se esfuerza contigo, animando y dándote siempre el consuelo que necesitas para así transformar cada gesto, mirada y caricia como si fuese suya. 

Fui a Calcuta con el anhelo de encontrarme con Cristo en el más pobre, de experimentar su amor, pero el Señor me sorprendió con un regalo aún mayor. Me dio la oportunidad de conocer cómo es trabajar y amar con Jesús, actuando El mismo en mí y a través de mí. Comprendí en ese momento el gran abismo que existe cuando dejamos de vivir con Cristo a nuestro lado y la percepción que llegamos a tener del mundo y de las circunstancias que nos rodean. El Señor lo transforma todo.

Tener presencia de El a cada instante, de su poder y de su amor hace que sea más fácil vaciarnos de nosotros mismos y de nuestro modo de hacer, dejando de lado todos los miedos e inseguridades que nos impiden darnos por completo, para que sea finalmente Cristo en nosotros quien lleve ese amor a los demás, convirtiéndonos así, en verdaderos templos de Dios.

“Para que el amor sea verdadero, nos debe costar, nos debe doler, nos debe vaciar de nosotros mismos.” Madre Teresa de Calcuta.



Contra terrorismo, familia.


La fuerza de la familia reside esencialmente en su capacidad de amar y enseñar a amar..

Desconcierto, desesperación, rabia, angustia, miedo, son algunas de las reacciones ante los actos de terrorismo, los recientes en Barcelona y los anteriores en otras partes del mundo, más los que pueden venir en otros lugares. No sería extraño que en la mira estén Italia, El Vaticano y otros países. Y la pregunta que todos nos hacemos: ¿Por qué sucede esto? ¿De quién es la culpa, de quién la responsabilidad?

Podemos culpar a la incapacidad de los gobiernos, de las policías, de los sistemas de seguridad, de los ejércitos. En cada país tendrán que analizar si pueden hacer mucho más para proteger a la sociedad. Sin embargo, por más tecnologías que se usen para detectar a los terroristas, siempre estamos expuestos a sus crímenes sanguinarios. Yo sostengo que una de las raíces profundas de la desorientación ideológica y del apasionamiento desalmado y destructor de muchos jóvenes, que puede llevar al terrorismo, es la falta de una familia bien integrada y con una fe cimentada, que se expresa en el respeto a los demás.

El terrorismo, sin embargo, tiene muchos rostros. Son terroristas los narcotraficantes, que asesinan a quien no colabora con ellos; no les importa nada ni nadie. Son terroristas los secuestradores, que destruyen vidas sólo por obtener un dinero que no se han ganado con su trabajo honrado. Son terroristas los violadores de mujeres y de niños, porque matan la vida, la alegría, la paz y la esperanza. Son terroristas los jóvenes alcoholizados y drogados, porque son el espanto de la vecindad, el dolor y la incertidumbre de sus padres. Son terroristas los comunicadores que difunden noticias sin fundamento y erosionan la fama de alguien. Son terroristas los gobernantes que se imponen con amenazas de cárcel y de extinción a sus enemigos políticos. Todos estos terroristas, y muchos otros, no han gozado de una bonita familia, de un padre justo, honesto, presente, trabajador, solidario con los demás; ni de una madre cercana, confiable, cariñosa, comprensiva. Cuando se tiene una familia integrada, normalmente los hijos crecen sanos de cuerpo y alma No hace falta ser ricos. Con el trabajo de cada día, se educan para trabajar y ganarse el sustento con responsabilidad.

Dice el Papa Francisco en Amoris laetitia: “La familia podría ser el lugar de la prevención y de la contención, pero la sociedad y la política no terminan de percatarse de que una familia en riesgo pierde la capacidad de reacción para ayudar a sus miembros. Notamos las graves consecuencias de esta ruptura en familias destrozadas, hijos desarraigados, ancianos abandonados, niños huérfanos de padres vivos, adolescentes y jóvenes desorientados y sin reglas” (51). “Nadie puede pensar que debilitar a la familia como sociedad natural fundada en el matrimonio es algo que favorece a la sociedad. Ocurre lo contrario: perjudica la maduración de las personas, el cultivo de los valores comunitarios y el desarrollo ético de las ciudades y de los pueblos” (52).

“En varios países, la legislación facilita el avance de una multiplicidad de alternativas, de manera que un matrimonio con notas de exclusividad, indisolubilidad y apertura a la vida termina apareciendo como una oferta anticuada entre muchas otras. Avanza en muchos países una deconstrucción jurídica de la familia que tiende a adoptar formas basadas casi exclusivamente en el paradigma de la autonomía de la voluntad. Si bien es legítimo y justo que se rechacen viejas formas de familia «tradicional», Caracterizadas por el autoritarismo e incluso por la violencia, esto no debería llevar al desprecio del matrimonio sino al redescubrimiento de su verdadero sentido y a su renovación. La fuerza de la familia reside esencialmente en su capacidad de amar y enseñar a amar. Por muy herida que pueda estar una familia, esta puede crecer gracias al amor” (53).

Demos a la familia un lugar prioritario. Cuando haya problemas entre los esposos, que no sea su primera alternativa la separación. Dialoguen, aclaren las cosas, sean humildes para reconocer sus errores, pedir perdón y perdonar. Eviten la violencia física, psíquica y verbal. Dediquen tiempo a sus hijos, escúchenlos, compréndanlos, oriéntenlos, no dejen de darles buenos consejos, aunque pareciera que de momento no hacen caso; a su tiempo, reconocerán lo justo de sus indicaciones. Acérquense a Dios, quien no es una carga, sino quien les ayuda a llevar las cargas de la vida. Acerquen a sus hijos a la Iglesia, para que les ayude en su tarea de educarlos en el buen camino. Dios no es enemigo, sino amigo y padre de la humanidad.





Por: Mons. Felipe Arizmendi Esquivel, Obispo de San Cristóbal de Las Casas.