viernes, 23 de marzo de 2018

¿Por qué vestimos de morado en Cuaresma?


Cuando lo que llevamos por dentro se refleja por fuera. No es que la Cuaresma sea una temporada de moda como primavera-verano u otoño-Invierno donde hay uno o varios colores que se proponen como tendencia; pero sí es una época muy importante para los católicos y el color morado (en tono preferiblemente oscuro, no pastel) nos recuerda que son 40 días de reflexión, penitencia y conversión espiritual. 
Jesús fue vestido con una bata morada durante su Pasión a manera de burla por “ser el rey de los judíos”. Y es que, desde antes de su época, el púrpura era símbolo de la realeza. Por ejemplo, en el Éxodo, se puede leer que a Moisés lo mandan a hacer el tabernáculo “con diez cortinas de lino fino torcido y tela azul, púrpura y escarlata” (EX 26:1) y en las 2 Crónicas 3:14 que el rey Salomón manda a decorar el templo de Jerusalén con telas de este color.
La Iglesia decidió conservar el morado como un símbolo no sólo de penitencia y luto (en anticipación a la crucifixión y de semejanza a Jesús), sino también como un recordatorio de enfrentar nuestros propios pecados, prepararnos espiritualmente y ayudar al prójimo para acercarnos más a Dios y a su reino (manteniendo así el carácter solemne tradicionalmente asignado a la púrpura). No es sólo un color que se utiliza en la procesión del Nazareno, es el color de toda la Cuaresma.
Por supuesto, no es que si nos ponemos una minifalda morada estaremos siendo fieles al color litúrgico, el tipo de tela y el diseño de la pieza también deben reflejar el sentimiento previo a la Pascua de Resurrección. Visualmente, es una oportunidad de reflejar austeridad y simplicidad, pero no es una norma de la Iglesia católica. Además, no necesariamente tienes que vestir de morado los 40 días, puede ser un detalle como una pulsera, un pañuelo amarrado a tu bolsa o un accesorio que simplemente te recuerde el significado de estas fechas.
Sólo el Domingo de Ramos y el Viernes Santo el morado es sustituido por el rojo por simbolizar la sangre de los mártires y fuerza del Espíritu Santo. Y luego, el Domingo de Resurrección, el color que debemos llevar es el blanco como señal de vida, pureza, alegría y júbilo.
Pero recuerda que de nada sirve llevar ropa morada sino teñimos nuestro corazón de ese color. Aprovecha estos días para reflexionar, hacer algún sacrificio, ayudar más al otro y ver cómo desde tu más sencilla cotidianidad puedes ser no sólo un mejor católico sino, sobre todo, una mejor persona.



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