miércoles, 13 de septiembre de 2017

Dichosos los pobres - ¡Ay de ustedes los ricos!



¿Nos hemos olvidado de los valores del Reino de los cielos? 
San Juan Crisóstomo
Colosenses 3, 1-11: “Ustedes han muerto con Cristo. Den muerte a todo lo malo que hay en ustedes”
Salmo 144: “El Señor es bueno con todos”
San Lucas 6, 20-26: “Dichosos los pobres - ¡Ay de ustedes los ricos!”

Hay páginas del evangelio que quizás porque las hemos escuchado muchas veces ya no nos hacen mella ni nos provocan escándalo. La carta de presentación y el programa de Jesús resulta escandaloso no sólo para aquel tiempo sino sobre todo en nuestros días. Decir que la felicidad se encuentra en la pobreza y que los pobres y olvidados son los protagonistas de la construcción de su Reino todavía nos debería causar escándalo si lo tomamos en serio. 

El problema es que lo hemos endulzado y lo hemos envuelto en palabras bonitas que después en la práctica quedan sin ser efectivas. Las bienaventuranzas son palabras revolucionarias tanto en la forma que las presenta San Mateo, como en la redacción de San Lucas. Quizás nos suenen más fuertes en esta presentación porque nos habla de los pobres sin ningún adjetivo, sin decir pobres de espíritu, y porque además el camino que va siguiendo San Lucas está lleno de alusiones a estos “pobres”, que son los verdaderos “anawin”, los desheredados, los despreciados, a los que Jesús desde su discurso en la sinagoga se refiere. Para ellos es su evangelio, su buena nuevaCuando nos sorprendemos por este mundo de avances y tecnología, de gran producción y mucho comercio, nos dejamos encandilar y quedan en la oscuridad los millones de pobres y necesitados. Creo que las palabras de Jesús hoy se hacen más presentes que nunca y nos están reclamando que hemos olvidado los verdaderos valores del Reino y, sin necesidad de castigos divinos, estamos sufriendo las consecuencias al poner la esperanza y la felicidad en los bienes que nos propone el mundo. 

Hoy frente a toda la violencia y corrupción que manifiestan dónde hemos puesto el corazón, sería muy conveniente, urgente, que dejemos penetrar en nuestro corazón una a una las bienaventuranzas y también los ayes que nos propone Jesús… Dichosos los pobres… Ay de los ricos… dichosos los que tienen hambre… Ay de los que se hartan… Dichosos… Que calen profundo estas palabras y descubramos dónde está la raíz de este mundo de injusticias y locura que nos está llevando a la destrucción. Las palabras de Jesús son ahora muy actuales.



Por: Mons. Enrique Diaz, Obispo de la Diócesis de Irapuato



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