lunes, 4 de septiembre de 2017

Fight The New Drug

                   
Contra la nueva droga
¡Por eso yo he elegido luchar por el Amor! ¿Y tú? ¿En qué bando vas a luchar?


Cuando vas por la calle y ves esto: … resulta difícil ignorarlo y seguir como si nada. Quizá sea el golpe de tanto rojo o tal vez resaltan las mayúsculas… la verdad, no sé… pero una cosa es cierta: gritar la palabra “porno” a media calle es lo opuesto de ordinario. La pornografía es uno de esos tabúes de los que preferimos susurrar a escondidas. De todas maneras, ha logrado infiltrarse en las vidas de millones de personas y nos está causando estragos a todos.


Sí, me escucharon bien: ¡a todos nosotros! La pornografía es como un virus o como una droga: una vez que entra, ya no se quiere ir. Y mata. ¡Sí, mata! Primero, ataca el cerebro. Luego, empieza a corroer el cerebro. Por último, se encamina a una catástrofe mundial.

Cuando un niño o una niña o un hombre o una mujer (¡cualquiera, en realidad!) tienen la mirada clavada en esa pantalla, no se dan cuenta que les están secuestrando la mente. Cantidades enormes de dopamina – ese químico de tu cerebro que te hace sentirte contento y satisfecho como premio por un logro – corren como locas por el cerebro. El cerebro no puede con tanto exceso. Es demasiado… y se rompe. Aquí empieza la adicción, igual que con el alcohol, el tabaco o cualquier otra droga. Para empeorar la situación, el lóbulo frontal (del que dependen el pensamiento abstracto, las motivaciones, la atención en cualquier tarea y la inhibición de las respuestas impulsivas) se empieza a encoger. Eso significa que el cuerpo siempre está pidiendo más, mientras que los medios para salir de este círculo vicioso van desapareciendo.

Una vez que el golpe de estado se ha hecho con el poder, el resto es como una fila de dominós en caída. Se pierde interés por cosas que antes resultaban atractivas; se vive en constante depresión, con dificultad de concentrarse e incluso la persona más extrovertida se empieza a encerrar en sí misma. Los amigos pierden importancia; la familia pesa como un bulto en la espalda; la esposa o el esposo, cuando hay, deja de ser “esa persona que me hace vivir una vida plena”. Y una vocecita en la cabeza no deja de sonar, cual disco rayado: “Si alguien supiera lo que he hecho, me odiarían y pensarían que soy peor que la basura”.

Ahora imaginemos que no se trata sólo de una persona que se encuentra en este estado tan trágico… son miles, millones, cientos de millones. Toda esta gente ha perdido la chispa que les iluminaba el rostro. Nos encontraríamos en un mundo muy deprimente, ¿no creen? Pero no se acaba allí… Más del 50% de las escenas pornográficas muestran violencia… y lo peor de todo, es que la gente sale reaccionando con indiferencia o incluso con placer ante esta violencia. ¡Increíble… en sentido devastador…! Ahora no nos sorprende tanto que los niveles de violencia se encuentren en crecimiento exponencial al rededor del mundo. Todos nos vemos afectados por el virus, incluso si no se está en contacto directo con la fuente original. Una manzana podrida termina por pudrir todas las demás. Y si todo esto aún no fuera suficiente, siempre es bueno recordar que la pornografía está directamente relacionada con la trata de personas… digo, por si todo lo anterior no parecía tan malo…

Hemos recorrido un arduo camino hasta este punto, un comido que mucho preferirían mantener en silencio. Pero eso es lo peor que podríamos hacer. Siempre y cuando se siga pasando desapercibida, la pornografía se seguirá infiltrando en nuestras filas. La mejor estrategia es ponerla en la mira. Levantemos nuestra voz, esparzamos la noticia… que la gente sepa quién es el enemigo y qué podemos hacer para vencerlo. ¡Porque sí podemos vencerlo! Nunca es demasiado tarde para contraatacar… cuanto antes empecemos a hacerlo, mejor.

Aprendí todo esto hace algunos días, cuando conocía Clay Olsen, CEO y fundador de Fight the New Drug. Este grupo de personas valientes lleva ocho años alzando la voz. Han llevado esta verdad a cientos de escuelas en varios países. Han ayudado a miles de jóvenes y adultos que luchan contra este cáncer. Están haciendo un gran trabajo… pero no es suficiente. Y no lo será hasta que hayamos erradicado este mal para de la faz de la tierra. Ellos ya han reclutado un gran ejército… pero necesitan más voces, necesitan tu voz… ¡todos nosotros te necesitamos, el mundo te necesita! ¡Ánimo, unite a lucha! Puede ser con ellos o con cualquier otro grupo que conozcáis: lo único que importa es elegir el lado bueno en esta guerra. Porque sólo hay un lado bueno, el lado donde reina el amor… ¡Por eso yo he elegido luchar por el Amor! ¿Y vos? ¿En qué bando vas a luchar?






Por: H. Luis Eduardo Rodríguez Alger



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