miércoles, 13 de septiembre de 2017

¿Por qué hacemos la genuflexión?


Es un signo externo que expresa una realidad interior: el querer adorar a Dios.

Este video me abrió los ojos sobre el valor de rezar de rodillas. Hay algunos que parecen ser de la “Agencia de Católica Secreta” y se les nota, porque, aunque viven su fe, pareciera que desean pasar desapercibidos, como si estuvieran encubiertos en una misión secreta. Se los puede descubrir, por ejemplo, cuando los ves hacer la señal de la cruz, pues el gesto es rápido y muy desordenadamente, casi como si se estuvieran haciendo la marca del Zorro (la “Z” que delineaba el héroe mexicano con su espada). Ni hablar de esos que parece que estuvieran espantando un zancudo o sacándose una pelusa de la cara.

Con la genuflexión pasa lo mismo, seguramente sin querer, mucha gente al entrar al templo hace una cosa extraña, algo así como una mezcla entre dolor de espalda, saludo japonés, agacharse a recoger algo y pedir matrimonio; todo esto, rara vez, mirando hacia el Sagrario y la verdad es que un signo así no tiene mucho de espiritual, sino que de ritual. La genuflexión no es solo una costumbre ritualista de los católicos, sino que expresa algo más. Es un signo externo que expresa una realidad interior: el querer adorar a Dios. Por lo tanto, no ha de ser una agachada a la rápida, sino que con calma y solemnidad, demostrar ese amor que no es cualquier amor; por eso doblamos nuestra rodilla ante el Hijo de Dios. Arrodillarse es un acto de fe, significa que creo que ahí se encuentra Dios mismo.

«Arrodillarse, estar de pie ante el Señor, fijar la mirada en el Crucificado, detenerse y recogerse en silencio, no son secundarios, sino que nos ayudan a ponernos interiormente con toda la persona en relación con Dios»





Por: Sebastian Campos




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