lunes, 21 de agosto de 2017

¿Por qué a un católico le deben importar las elecciones?


No se trata de católicos al poder, se trata de católicos al servicio.

No importa del país de donde sea que estés leyendo esto: te tienen rodeado, así que pon atención y cuidado. Estamos experimentando una profunda crisis vocacional dentro de la Iglesia. Y cuando digo Iglesia no me refiero al clero y los consagrados, me refiero a ti y a mí, laicos de a pie, comunes y silvestres de los que vamos a misa y prestamos algún servicio entre la semana, porque no hay vocaciones a servir a los demás en medio de la política y el ambiente social.

Nos tienen rodeados y nos hemos dejado rodear al no ir a las urnas, al no informarnos debidamente, al permitirnos que nos dé lo mismo. Entonces ahora, que la olla está que explota de presión miramos al cielo con cara de desesperados, como pidiendo que baje algún político iluminado, que además tenga un gran respaldo ciudadano y cambie todas las cosas.

Te invito a mirar este video y a que reflexionemos juntos sobre algunas ideas y desafíos para nuestras comunidades, para nuestros entornos, pero sobre todo para nosotros mismos.

Hay una mentira que el diablo nos quiere hacer creer: «somos menos y por eso no pesamos en las decisiones». Te dejo un reportaje que muestra que hay el doble de católicos que hace 45 años, no lo vas a poder creer. ¿Dónde está toda esa gente?

No somos menos, pero sí pesamos menos en las decisiones políticas porque no estamos metidos en ellas. Nuestra crisis vocacional consiste en que no estamos interesados en participar en política y estamos sufriendo las consecuencias sociales de esa falta de interés. Las ideologías y corrientes de pensamiento progresista están dándonos duros golpes estos últimos años y lo único que hemos atinado a hacer es salir a marchar por las calles con carteles, rosarios y cruces expresando nuestro desacuerdo y pelearnos con medio mundo a través de las redes sociales. Cosa que no está mal, pero aún se puede hacer más.

Es cierto, tenemos varios políticos católicos en nuestros países, pero no lideran grandes masas de gente y tienen que dar la pelea solos. Ellos son motivo de burla y nosotros pocas veces salimos en su defensa. A los pocos que se atreven, los dejamos solos. Siendo esta la realidad, te propongo desafíos políticos para ir compartiendo con quienes tienes a tu alrededor. Son cosas de la vida cristiana pero que, hechas con un corazón abierto a servir, puede ser semilla de cambio.

1. No se trata de católicos al poder, se trata de católicos al servicio: Nuestra participación activa en política no es para que desde el gobierno se nos dé más plata para nuestros retiros, para que nos den más feriados religiosos o para erradicar todas las ideologías que nos son contrarias. Estamos en política porque buscamos el bien común. Esto es «el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros el logro más pleno y más fácil de la propia perfección» (GS 26, 1).

 2. Aunque nos caen mal, rezamos por ellos: San Pablo se lo encarga a Timoteo, que seguramente también sufría a causa de políticos que solo buscaban poder y no el bien común, por eso le dijo: «Te ruego que ante todo que hagan peticiones, oraciones, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y todos los que tienen autoridad, para que podamos gozar de una vida tranquila y apacible, plenamente religiosa y digna» (1 Tim 2, 1-2). Si no rezas por ellos, a conciencia y en todo momento (no solo antes de que voten alguna ley inmoral), entonces, ¿qué esperas?

3. Para que exista democracia debe haber gente que participe: Su traducción desde el griego significa “gobierno de la multitud” o «gobierno de los más». Para que exista entonces, tienen que haber esos “más” o esa “multitud”. La participación no solo es una opción voluntaria (en algunos países) dependiendo de si me gusta o no algún candidato. Es imperativo que nos hagamos parte, que dejemos de pensar que –«este candidato no me gusta, pero este me gusta menos así, que voy a voy votar por el mal menor, el que menos me desagrada»–. No hay mal menores, un mal es un mal y debemos evitarlo y si no hay alguien bueno por quién votar, no es problema de los candidatos, es nuestro.

La Iglesia lo enseña así: «El bien común es un deber de todos los miembros de la sociedad: ninguno está exento de colaborar, según las propias capacidades, en su consecución y desarrollo» (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, nº167).


Finalmente te dejo con las palabras que nos dirigió el Papa Francisco a los católicos de todo el mundo sobre nuestro rol en la política:


«Ninguno puede decir: “Yo no tengo nada que ver con esto, son ellos los que gobiernan… No, no, yo soy responsable de su gobierno y tengo que hacer lo mejor, para que ellos gobiernen bien y tengo que hacer lo mejor por participar en la política como pueda».





Por: Sebastián Campos


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